Vivimos días de fiebre festivalera, pronto veo a Rajoy por la televisión relacionando la salida de la crisis con el número de festivales con los que contamos en el país. Sin embargo, me cuesta creer que haya tarta para todos, este año el volumen es abrumador. El concepto itinerante del público de los festivales ha comenzado a desaparecer, ¿para que se va a hacer cientos de kilómetros un joven de cualquier parte de España, si prácticamente cada ciudad cuenta ya con su propio festival? Además la oferta musical de muchos de ellos es cada vez más calcada, y no les culpo, no hay tanta cartera de artistas como para que cada festival fuese único en su programación. En los últimos dos años muchos de nuestros festivales históricos han sucumbido a la presión de la competencia, comenzando a introducir nuevos estilos algo alejados de su línea histórica, contando con artistas que nadie habría imaginado ver en sus carteles años atrás. Es el momento del todo vale con tal de vender tickets. Monegros Festival no fue menos, sus últimas ediciones también resultaron afectadas por estas políticas, aun a sabiendas de que muchos de sus seguidores se llevarían las manos a la cabeza. Cambio generacional lo llamaron.

Sin embargo, el 2014 terminaba con una sorpresa prometedora, las redes sociales de Monegros Festival anunciaban un nuevo ciclo, una vuelta a sus orígenes y a su nombre inicial, Groove Parade. Durante 2 meses las dudas y las conjeturas sobre su nueva reinvención han sido muchas, hasta que el pasado 26 de febrero se despejó la incógnita. Groove Parade anunciada de una sola vez y sin más dilación, su cartel al completo, que por primera vez en su historia se dividirá en dos jornadas, la del viernes 17 de julio para tan sólo 5.000 personas y la del sábado 18, limitada a 20.000.

El cartel de artistas es una vuelta absoluta a los sonidos de club, prescindiendo de sonidos duros y borrando de un plumazo todo atisbo de EDM, Bass Music y demás corrientes actuales. Un total de 55 artistas entre los que hay auténticos “highlights” para los amantes de la electrónica como pueden ser los directos de Isolée o Recondite, ejemplo de pasado y presente, grandes protagonistas de la actualidad como Bicep, Rødhåd, Levon Vincent, Ben Klock o Dixon, historia viva como Matthew Herbert o John Acquaviva, o imprescindibles de la escena festivalera como son Marco Carola, Carl Cox o Ricardo Villalobos. Eso es a grandes trazos un cartel que tiene mucho miga y calidad, pero sobre todo un cartel que revive la esencia de lo que fue en su día Groove Parade, una Macro Rave en medio del desierto donde ir a escuchar, descubrir y disfrutar de pasado, presente y futuro del sonido de club. Es por ello que entre toda esta vorágine de luchas de gigantes por conseguir el mayor line-up, el mejor cabeza de cartel y la máxima afluencia, que los Arnau se planten, miren a su alrededor y decidan volver a apostar por la música y la esencia de Groove Parade, es una bocanada de aire fresco. Una chispa de lucidez que devuelve al festival de los Monegros a un lugar más maduro que nunca debió abandonar, un espacio más cercano al sentido común que le sienta de perlas y le diferencia del resto una vez más.

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Especial by Dj Mag ES