2014 ha sido un gran año en lo que a bandas sonoras se refiere. Entre las muchas que hemos podido escuchar nos podríamos quedar con varias. Por ejemplo, el score electrónico de Cliff Martinez para la serie de televisión de Steven Soderbergh, “The Knick”. Resultó francamente interesante por su anacronismo (para quien no lo sepa, la producción está ambientada en el Nueva York de 1900). En otras palabras, el uso de los sintetizadores entre carruajes y fumaderos de opio no empañó el resultado final. De lo que hicieron Trent Reznor y Atticus Ross con “Perdida” sólo podemos hablar bondades. Esta vez la dupla decidió alejarse un poco del dark ambient que había caracterizado sus anteriores composiciones para David Fincher e incorporaron algo de luz en la forma de una orquesta nada ampulosa, pero lo suficientemente presente como para resaltar los claroscuros del relato. Por último, no queríamos dejar de mencionar la BSO de Max Richter para “El Congreso”, lo nuevo de Ari Folman. Una mezcla de cuerdas, temas pop, recreaciones de piezas clásicas y pasajes electrónicos.

Todas ellas son de notable alto, pero hay una que aún no hemos mencionado y que está por encima de todas. Una auténtico obra maestra. Un trabajo de referencia para futuros compositores. Un apabullante despliegue sonoro que te eriza el vello y te arrastra hasta los confines del universo. Hablamos ni más ni menos que de “Interstellar”, obra de Hans Zimmer. El alemán ya había trabajado en el pasado con Christopher Nolan, y aunque los resultados habían sido desiguales, sabíamos que lo mejor estaba por llegar. Son muchos los que han criticado sus scores para la trilogía de “El Caballero Oscuro” por ser demasiado grandilocuentes, pero en “Origen” demostró su verdadera valía. “La asociación Nolan/Zimmer podía empezar a deslizarse (o mejor, ascender) por la autoparodia, pero se ha reinventado en clave eclesiástico-minimalista para volver a dejar al espectador enaltecido; y, si el cine es bueno, sordo. No obstante, también hay sutilezas en este score, de los sonidos biofónicos a esos coros extraños como los de Popol Vuh en “Aguirre”. Es una obra maestra.”, apunta Juan Manuel Freire, periodista cultural.

La pericia del compositor viene de lejos, tal y como nos cuenta el periodista musical Javier Blánquez lo siguiente del compositor:  “A nadie que consuma cine y preste atención a la música que suena en pantalla tendría que extrañarle que Hans Zimmer se haya convertido en un compositor de bandas sonoras tan dominante: lleva siendo notable desde, por lo menos, “Black Rain”, e imprescindible desde “La Delgada Línea Roja””.

Como apuntábamos en el primer párrafo, lo que verdaderamente ha hecho grande estas bandas sonoras es la sinergia que se ha establecido entre director y compositor. Cliff Martinez lleva media vida siendo mano derecha de Steven Soderbergh y Trent Reznor & Atticus Ross ya llevan tres películas con David Fincher. Y, claro, con el tiempo uno sabe perfectamente lo que quiere del otro (y viceversa). “Te voy a dar un sobre con una carta en él. Una página. Te va a contar una fábula en el centro de una historia. Trabajas durante un día, y luego me tocas lo que has escrito”. Estas instrucciones tan sencillas fueron las que Christopher Nolan le dio a Hans Zimmer hace dos años, con la confianza plena de que su aliado iba a sacar el mayor provecho de esa historia. Y volviendo a Blánquez, “algo ha ocurrido, sin embargo, desde que participa de los últimos proyectos de Christopher Nolan; en los de Ridley Scott cumplía con eficacia, pero con los de Nolan se crece hasta el infinito. Puede tener que ver con la grandeza y la densidad de las películas, que le impulsa a ser ambicioso y complejo, o puede ser la sinergia con el director, pero todo lo que fue “Origen” – un score orquestal que conseguía, más que reforzar las imágenes, que fueran las imágenes las que le acompañaran como una especie de interminable videoclip -, está ahora multiplicado en “Interstellar””.

Volvamos de nuevo a octubre de 2012, cuando Nolan le mandó esa carta a Zimmer. El compositor, en una noche, escribió una pieza con piano y órgano. El tema en cuestión, según el alemán trataba sobre “lo que significaba ser un padre”. Los que ya han visto la película sabrán que trata no sólo de viajes por el espacio, sino de las relaciones paterno filiales. Pocos meses habían pasado desde el lanzamiento de “El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace” y el cineasta ya tenía claro cuál iba a ser la idea fundamental de su próxima obra. Para los que sepan de cine todo esto les resultará extraño, porque lo normal es que los compositores se involucren en las bandas sonoras ya con la producción bien avanzada, pero en este caso ocurrió justo lo contrario. Ese corte, que desconocemos si finalmente fue utilizado en la BSO que se ha comercializado, acompañó a Zimmer durante todo el proceso de composición. Ya en verano de 2013, Zimmer se aisló en su apartamento de Londres durante un mes para vivir como un ermitaño. ¿Os suena? Pues claro, como los protagonistas astronautas de “Interstellar”. Tanto él como Nolan hablaron de libros de Time Life, el espacio y dibujos de la NASA disponibles en libros para niños. En total el teutón se tiró dos años para conceptualizar y componer el score, en paralelo con la escritura del guión y el rodaje de la cinta. Normalmente, cuando Nolan estaba grabando una escena, Zimmer estaba listo con la partitura de esa escena en particular.

En el fondo, la banda sonora de “Interstellar” no tiene grandes secretos. Utiliza al máximo el piano y el órgano, algunas veces aparecen las cuerdas, y los crescendos echan el resto. En palabras del enfant terrible Óscar Broc, la partitura “se hinca en tu fibra a golpe de épica cósmica. Sus emocionantes partituras funcionan como un agujero de gusano y te envían en un pestañeo a los confines de la existencia: nebulosas ignotas, exoplanetas y púlsares flotan en sus delicadas composiciones orquestales. Si Carl Sagan, en paz descanse, escuchara esta BSO con un brandy y auriculares acabaría diciendo aquello de ‘es que me ha entrado algo en el ojo’”.  Zimmer utilizó un conjunto de 34 cuerdas, 24 instrumentos de viento madera y cuatro pianos, además de un coro mezclado de 60 voces. Majestuoso, sí, pero a la vez sencillo. Las mismas notas de piano y órgano se repiten varias veces durante el score como el leitmotiv de la banda sonora.

Entonces, ¿es minimalista o grandilocuente? Juan Manuel Freire tiene una interesante teoría al respecto. “Grandilocuencia es un término que, sin saberse bien cómo, ha adquirido un sentido peyorativo, pero en realidad define un ‘estilo sublime’. En una futura edición digital del Collins, quizá suene un snippet de la banda sonora de ‘Interstellar’ cuando busques esa palabra”.

“Interstellar” podrá ser o no la película del año. Para servidor, sin duda lo es. Y mira que no hemos podido tener el placer de vivirla en IMAX como en otros países. Algunos arguyen que es demasiado ñoña a ratos, o que la verborrea de sus personajes resulta agotadora por momentos, pero Javier Blánquez lo tiene claro sobre la BSO. “Independientemente de la película, es una de las composiciones de música contemporánea más emocionantes de los últimos años -es increíble como ralentiza y estira la influencia de Philip Glass en “Koyaanisqatsi”- y una aportación tremenda al lenguaje ambient electrónico según la línea de Cliff Martinez. La película me dejó roto, pero la música de Zimmer es como esa pierna que alguien te pone encima para que no levantes cabeza”.

Grandilocuente, emocionante, minimalista, eclesiástica… son muchos los adjetivos para describir la que podría ser perfectamente la sucesora de “2001: Una Odisea En El Espacio” en términos musicales (y, para quien quiera, también cinematográficos). Pero también se han alzado voces críticas que señalan que la banda sonora suena demasiado fuerte y que a veces es difícil poder escuchar los diálogos. En una conversación con Freire llegamos a la conclusión de que eso no era para nada cierto y, de serlo, quizá a los españoles nos afectaba menos porque lo normal es que prestemos más atención a los subtítulos que a las voces. Si Christopher Nolan se pasó por el forro de los cojones el 3D y prefirió estrenarla en cines IMAX fue por un motivo: porque quería que la experiencia fuese lo más inmersiva posible. Y para ello es necesario, entre otras cosas, una banda sonora apabullante, que te agarre del gaznate, que te haga temblar hasta los dedos.

Para no mear fuera de tiesto quisimos hablar con un experto profesional en sonido, Diego Casares, para que nos comentase su punto de vista. Él fue al cine a sabiendas del revuelo que se había causado con el volumen, así que prestó mucha atención. Y llegó a la misma conclusión que todos los entrevistados. “Gracias a los altos niveles de presión sonora, Nolan consigue llegar tanto emocional y como físicamente al espectador y cargar de una energía extra algunos puntos clave”, apunta Casares, que vio claramente que la intención de esta banda sonora era la de jugar con su volumen y sus marcadas diferencias a lo largo de la película. Así llegamos a la siguiente conclusión, ¿vale la pena subir el volumen a niveles casi ensordecedores con el riesgo de que el espectador se pueda perder parte de la historia? Para él, y para nosotros, por supuesto.  “Para mí los riesgos asumidos son todo un acierto, ya que en ningún momento llegaron a molestarme o a sacarme de la historia, sino todo lo contrario”, apuntilla Diego.