Cuando empezó la campaña de promoción de “Jessica Jones”, la nueva serie de Netflix y Marvel, lo primero que llamó la atención es el carácter de su protagonista, malhumorada, deslenguada y con tendencia al alcoholismo. En el fondo, esto es algo que ya se vio hace siete años en “Iron Man”, película que empezó el fenómeno Marvel cinematográfico a gran escala. Tony Stark es un millonario, mujeriego, vividor y caradura, pero nada que ver con esta nueva superheroína. Además, superados los dos o tres primeros capítulos de la serie esto queda en segundo plano, es decir, no es ni mucho menos el atributo más atractivo de esta producción. Hay muchos, muchísimos más. Ya se pudo comprobar hace unos meses con “Daredevil” que Marvel, de la mano de Netflix, podía ofrecer historias más maduras, de un tono oscuro, que en la gran pantalla. Pero es que lo nuevo de Melissa Rosenberg (guionista de la saga “Crepúsculo” y de algunos capítulos de “Dexter” en su mejor etapa) va muchísimo más allá y rompe una serie de reglas o tabúes que se habían establecido en este universo cinematográfico.

Marvel tiene personajes femeninos en sus películas y series. Está Viuda Negra, Bruja Escarlata, que promete mucho de cara al futuro, Agente Carter, pero estrictamente hablando Jessica Jones es la primera superheroína protagonista de una producción de esta factoría. Vale, no lleva un traje llamativo ni tiene un alias chulo: viste tejanos, camisetas cutres y chaqueta de cuero. También vive en un apartamento de mala muerte en Nueva York y bebe a destajo whisky barato. Y, como cualquier mujer joven, tiene una vida sexual activa que sus creadores no se empeñan en ocultar como en las películas. Al contrario, la chica folla, mucho y duro, y se ve, sí, por primera vez en algo de Marvel. De acuerdo, no enseña cacho, pero el paso de gigante que se da aquí es de gigante. Lo mismo se puede decir de las preferencias sexuales de los personajes. ¿A que nunca habéis visto homosexuales en estas pelis? Es que no los hay. Aquí sí. Y no precisamente tiene un papel menor, se trata de la abogada y aliada de Jessica, Jeri Hogarth, la Trinity de “Matrix”. ¡Y hay beso y magreos! Si “Daredevil” se loaba por su crudeza y por sus muy elaboradas secuencias de acción aquí, de nuevo, los creadores van más allá a la hora de mostrar una violencia gráfica bastante explícita. Y así podríamos seguir hasta el fin de los días. A resumidas cuentas, se nota que Disney no está en medio, que sus encargados han tenido carta blanca a la hora de hacer lo que les pareciese y de tratar temas espinosos que se evitan en el cine Marvel como violaciones, suicidios, drogas, abortos, brutalidad policial, racismo, maltrato infantil… Ah, ¡y suenan Kendrick Lamar o Sleigh Bells, no cosas carcas como AC/DC!

Esta enumeración de diferencias entre “Jessica Jones” y otros productos Marvel sirve para loarla, pero también hay otros factores que la destacan como una de las mejores series de 2015. Resulta interesante que nos presenten a Jessica Jones, una detective privada, más o menos en la mitad de su historia en lugar de tirar por la típica historia de orígenes tan recurrente en los filmes de superhéroes. El pasado de la chica se va conociendo poco a poco a base de flashbacks que añaden más intriga al relato. También hay que aplaudir a la actriz protagonista, una Krysten Ritter carismática que se nos mete en el bolsillo desde el principio. La cosa tiene más mérito si tenemos en cuenta que su papel más destacado era el de fugaz novia de Jesse Pinkman en “Breaking Bad”. El hecho de que sea detective aporta un tono hasta ahora no explorado en el universo Marvel. La serie es una mezcla entre neo-noir y thriller psicológico. De esto último tiene la culpa el malo, Kilgrave, interpretado por el siempre genial David Tennant. Se trata de un tipo que puede controlar la mente de quien quiera. Básicamente te ordena algo y tú lo haces, ya sea matarte, matar a alguien o ponerte de cara a la pared para siempre (sí, en serio). Un psicópata de cojones, desequilibrado mentalmente, con una infancia traumática y, por momentos, ecos al Joker de Nolan por su ligero histrionismo, aunque él si tiene un propósito para sembrar el terror.

Luego está el hecho de que Jessica Jones tenga conexiones con otros personajes Marvel que hemos visto o veremos en próximas producciones. En el último capítulo sale la enferma Claire Temple (Rosario Dawson) que también aparece en “Daredevil” (no en vano, ambas series están ambientadas en el mismo barrio neoyorquino, Hell’s Kitchen). Y, lo más importante, Luke Cage, el superhéroe con piel indestructible que pronto tendrá serie propia en Netflix, tiene aquí un papel importante. Los creadores saben jugar inteligentemente con él. No revelan demasiado de él, pero sí lo suficiente como para que quieras ver cuanto antes esa nueva serie, que se debería estrenar en 2016. El caso es que nos plantamos el año que viene seguro con la segunda temporada de “Daredevil” y la primera de “Luke Cage”. En el horizonte está también “Iron Fist” y la miniserie “The Defenders”, que unirá a los cuatro superhéroes de Netflix. Esto es bueno y malo a la vez. Por un lado, tenemos garantizados productos de calidad para meses y meses, tal y como pasa con el cine, que van a más de película al año que se mueven entre lo correcto y lo notable. Netflix y Marvel saben que tienen la gallina de los huevos de oro en las manos y demuestran que la pueden explotar apropiadamente sin que, de momento, lleguemos al hartazgo. Lo malo es que a estas alturas, una semana después de su estreno, no está confirmada la segunda temporada de “Jessica Jones”. Lo normal en esta plataforma es renovar sus producciones al instante, o incluso antes del estreno, y más si han tenido tan buena recepción como ésta, pero de momento nada. El caso es que, además, su creadora, Melissa Rosenberg, ha revelado que aunque ya tiene ideas en mente para ella, se podría retrasar bastante porque la intención es lanzar todas esas series que hemos mencionado antes. ¿Dos o tres años sin Jessica? No, por favor.