El productor barcelonés cuelga el cartel de “no hay entradas” en su actuación dentro del festival Mas i Mas y se explaya en casa con un set de cinco horas que arranca en jardines minimalistas y termina en subterráneos de olor a techno pulcro bien sudado.

La pista vacía del Moog cuando pasaban escasos minutos de la hora oficial de inicio (00.00 h.), y con Talabot ya en cabina, se antojaba espejismo para los primeros que entrábamos por la puerta del club. Hace tiempo que resulta complicado ver a John Talabot en Barcelona. Y más en un set de cinco horas. Y mucho más en un club como Moog. Algunos aún recordamos el pasado Primavera Sound -servidora con una resaca de palabras mayores-, aguantando una cola/avalancha del infierno a las puertas del escenario Boiler Room para verlo. Los empujones con menos piedad provenían del público extranjero que -obviamente- quería tener su Barcelona Experience al completo bailando a (muy probablemente) la actual marca de la casa por excelencia.

El Festival Mas i Mas (que se celebra durante todo el mes de agosto en varios escenarios de la ciudad además del citado en esta crónica) abría su programación en Moog con una actuación de Oriol Riverola un tanto atípica, y que brilló por una progresión de las pulsaciones que fue descaradamente in crescendo. Paso firme pero suave. Con Talabot ocurre que de elegancia mejor ni hablar por ese pecar de obvios y reiterados.

Con la pista ya precipitándose hacia el lío, las estructuras de mayor minimalismo y acento baleárico fueron desapareciendo para dar paso a ritmos más acelerados y adornos tribales. Y entre ese olor a algodón de feria que desprende el humo artificial del Moog, alguien me dijo que la sesión estaba siendo un viaje por Barcelona; un viaje que había comenzado en algún parque tranquilo de la montaña de Montjuïc, y que ahora mismo atravesaba las calles estrechas del barrio del Raval para terminar (seguramente) en una nave industrial de Poble Nou. La mujer de las metáforas a pie de pista tenía razón. En la última hora del set, Riverola pasó de los ritmos tech house y deep house (esos tan suyos) a las bases más techneras con buena carga de electro. Y en ocasiones lo embadurnaba de colores ácidos, y a ratos de una regustera trancera exuberante. Muy de nave a las afueras.

Escasos días después de su paso por Barcelona, Talabot compartía -vía soundcloud– su sesión en el pasado Melt! Festival, de la que él mismo decía lo siguiente: “I played mostly techno stuff. It’s a bit unusual in me but I had lot of fun”. Y escuchando las casi dos horas de su set en el festival berlinés, bien podría parecer que los últimos minutos en Moog fueran la antesala de su sesión en el Melt!. Lo que está claro es que al capo de Hivern le sienta de maravilla adentrarse en fregaos de corte más techno.