Tengo que confesar que todavía sigo mentalmente atrapado en la pasada noche del jueves, aún arrastro una gran nostalgia que me obliga a recordar una y otra vez esa noche que pasé con John Talabot en la sala Cocó, resucitada para dominar el clubbing madrileño de la mano de Mondo Disko. Me gustaría pasar página y seguir adelante, pero en el fondo sé que no quiero porque una noche así no se baila todos los días en la capital. Aunque gracias a esa segunda juventud que vive la sesión Mondo parece que cada vez es más fácil vivir noches como aquella. Desde su mudanza a la sala con los baños más bonitos de todo la escena de club madrileña (en serio, da gusto verlos y usarlos), la cosa va en progresión ascendente sin intención alguna de bajar el pistón. Y nosotros, los clubbers, tampoco queremos que baje. Porque somos insaciables, exigentes y gamberros.
¡Sí! Porque somos capaces de hacer el esfuerzo de salir un jueves a tope para luego sufrir un viernes de perros en nuestras diferentes obligaciones. Ya saben, eso de “sarna con gusto no pica”. Nos gusta el cachondeo, pero cachondeo del bueno. Y eso es lo que buscamos y, menos mal, encontramos todos a esas horas en el centro de Madrid, porque sino imaginaros ese viernes… Solo con pensarlo entra llorera.

Todo comenzaba con la confirmación de la visita del bueno de Talabot a Mondo. En ese momento, muchos de nosotros marcamos en rojo la fecha en cuestión para no atender las llamadas de las obligaciones. Y cuando digo muchos es porque a eso de la 1 de la madrugada el interior de la sala ya lucía un gran aspecto, la noche empezaba a coger un tono muy prometedor. La pista ya estaba animada con el buen ritmo marcado por los residentes Borderline. La pareja formada por Gerardo Niva y Álex Guerra calentaron con buen tino la pista. Buen house profundo, pausado e interesante; muy apto para ejecutar un sorprendente warm up. Uno pensaba que las buenas costumbres se habían olvidado.

Los horarios decían que el invitado realizaría un set de 3 horas, pero todos los allí presentes sabíamos que serían más; o así lo deseábamos, yo el primero. Con esa esperanza generalizada llegó John Talabot a cabina, conectó sus pendrives y nos abrió la puerta a su particular discurso musical tan aplaudido y valorado en este año 2014. Un discurso que empezó con los sonidos contundentes y sinuosos del “Arps To Heaven” de Show-B, un casi dub-techno que dejaba escuetos destellos de luz perfectos para engancharnos a estos primeros minutos relajados, envolventes y cálidos. Fue una toma de contacto muy viajera, un rollo muy trippy. Poco a poco la cadencia subía y el house alegre hacía acto de presencia, la vocal del “The Face of Another (Raudive Dub)” de Bot’Ox provocó el primer momento animado de la noche; el primero de muchos. Sin apenas darnos cuenta se cumplía la primera hora del set donde el catalán nos dejaba bien claro que aún quedaba mucho que bailar ya que las melodías empezaban a tener más presencia, como las del épico edit de Danny Howells al “House” de Quentin Harris. Melodías editadas allá por el lejano 2007 por el gran sello Strictly Rhythm, un clásico que gustó a toda una pista bien entregada al cachondeo.

Metidos en la segunda hora volvimos a adentrarnos en la oscuridad, esta vez con unos tintes más techneros que resultaron a ratos algo monótonos como los incipientes flashes que percutían nuestras delicadas pupilas una y otra vez (nota mental: llevar las sunglasses en la próxima visita). Parecía que nos perderíamos en este nuevo ritmo acelerado, pero el rework de Ricardo Tobar al “Ich See” de Patrick Zigon fue un rayo de luz que nos animó nuevamente a todos; incluido al propio dj barcelonés, que ya se dejaba engatusar por el jolgorio generalizado. Y es que a buena parte del público le encantó ese tramo contundente -por aquí nos gusta mucho eso de apretar los morritos mientras asentimos al ritmo del bombo buscando la complicidad de nuestro compañero de baile-. Los minutos pasaban con rapidez y el catalán seguía mezclando, corrigiendo y construyendo un viaje pocas veces disfrutado en Cocó. Ya se encaraba la supuesta media hora final del set con el bello “Shower Of Ice” de Patrice Bäumel; y digo supuesta porque a partir de ese tema John Talabot no paró hasta pasadas las seis de la madrugada, haciendo valer todos los elogios acumulados desde su excepcional Dj-Kicks. Para enmarcar las dos últimas horas, rematadas con una última hora que podría decirse que fue brutal.

Para que nos entendamos bien, en ese tramo final que trato de explicar fue donde realmente se vio al John Talabot que todos deseábamos. Ese que sale del techno al house con soltura pero siempre manteniendo un toque místico y glorioso, y para ello tiró de su gran conocimiento de perlas sonoras como el “My Own Transitions” de Eduardo De La Calle, el remix de Lusine al “Woven Ancestry” de Max Cooper, el “Wrong Copy” de Pablo Mateo, el “Wilkie” de Roman Flügel, su gran remezcla al “It’s All Over” de Pional y alguna que otra promo a modo de secret weapon. Todo adornado con el buen rollo de una pista de baile bien contenta.

Ya acercándonos a las 6 de la madrugada el señor Oriol Riverola –su verdadero nombre- sacó sus mejores armas para uso y disfrute del personal. Esa tremenda remezcla de Matt Karmil al “Sideral” de Talaboman -su otro proyecto junto a Axel Boman- y esa ya especial, y tabú, remezcla de Âme al “From Nowhere” del grupo Dan Croll, que no se sabe si verá la luz algún día. Los que sí vimos la luz fuimos nosotros con el último tema de cierre, luces encendidas para despedir entre aplausos a un John Talabot que dijo adiós con el “Enjoy The Silence” de los Depeche Mode. Gracias por esa noche. Contando los días para volver a bailarte, J.T.