Antartica nos ubica desde el primer corte en el frío y la oscuridad. Arranca como el invierno, tan fría que quema. Una 808 incisiva se apodera del discurso helado de una pista vocal distorsionada y futurista, un eco nocturno que se presenta estilizando cada final de palabra y entonando con libertad.

La cadencia Slow de una fixie morada, impoluta, captura de repente la atención con un ritmo ralentizado, acomodado entre sintes esponjosos que se acercan hacia latitudes más benévolas. Un personaje de la noche se dirige hacia la mesa donde nos encontramos, cubriendo su rostro con unas elocuentes gafas que lo protegen de una soleada hora del vermut, mezclado con blow.

Cuando me corro ya no veo colores, confiesa desinhibido en la historia más tórrida y lasciva de un tracklist que evidencia ya un sonido compacto y que dibuja un concepto musical sobradamente maduro. The Neo (Pop) Modernist Album, copy que completa el propio título, adquiere su pleno sentido cuando el sol se va, entre el cemento y el cristal de una Metrópolis apagada y en silencio.

Sucumbido a los placeres hedonistas y narcóticos de la noche, y flagelado después por sus consecuencias, Joseph no tarda en desvelarnos el motivo que da pie a estas líneas, colgándose la cruz del nuevo pop mientras referencia a Almodóvar y por extensión a la modernidad nacional.

Con Thalia B deja especial constancia de esa inclinación genérica de la que hace bandera, en un tema ascendente, con un brillo emocional que da paso después a una caída ingrávida que propicia la introspección. The Stone nos sitúa frente al monolito más cinematográfico, introduciéndonos de lleno en el universo Kubrick en un viaje lunar junto a Elphomega y KRSTN a bordo del HAL 9000.

De aquí al final, Joseph emprende una huida hacia delante que recupera el universo noctámbulo, desvelándose necesariamente destinado a sucumbir en una dualidad vital inexpugnable. El relato vampírico de Joseph Blood for Breakfast continúa en un vertiginoso crescendo final, tornándose más dramático y tenso para la banda sonora de Rustin Cohle.

Ésa es la compleja historia que articula el tracklist de Antartica, donde Joseph aúna la vanguardia de Hiroshima Pro con los conceptos electrónicos de VLTRA, background que le ha permitido ser el artista polifacético que es actualmente, adquiriendo su madurez y resucitando creativamente con la edad de Cristo en este modernista álbum de neo pop.

Meses más tarde del lanzamiento, estamos viendo como el término pop es recurrentemente utilizado para etiquetar muchos de los contenidos que ponen de manifiesto el viraje armónico del hip hop, dando amparo a esa inclinación generacional por musicalizar un sonido tradicionalmente rudo y tosco, dotándolo de melodía y color e intentando colonizar nuevos públicos con fórmulas de carácter más comercial.

Pero entre la etiqueta estética se cuela también el manido argumento: música popular, la música del pueblo. Eso se entiende en 2017 como una mera cuestión de reproducciones en YouTube. Afortunadamente, el género pop no es únicamente una cuestión de números o de sonar en la radio; se hace pop que no suena en la radio y que tiene pocos plays en YouTube. En este sentido, Antártica es de largo el trabajo más infravalorado de 2016 y no por ello es menos pop.

Esa lógica numérica implicaría mirar hacia el pop teniendo como referencia Something Just Like This, #1 de los 40 en el momento en que se escribe este artículo, o Súbeme la radio de Enrique Iglesias, #1 cuando se publica y con una sonoridad reggaeton obvia. Por tanto, etiquetar el pop en función de sus reproducciones y/o visibilidad es con seguridad una decisión errónea que ofrece además una visión muy sesgada del género, confundiéndolo con la cultura de masas y el mainstream, conceptos que sí responden más a cuestiones cuantitativas.

Dejando la matemática a un lado, estas líneas quieren centrarse en poner en valor cuestiones meramente estilísticas de la propuesta de Joseph que sí guardan relación con la trayectoria pop más innovadora, intentando que esta etiqueta, útil en algunos casos, no corra la misma suerte que #trap, “la palabra más pocha y descontextualizada del 2016. Por poco no le llaman trap a todo aquello que no sea música clásica”, como bien ilustraba decía Erik Urano.

Lo primero que llama la atención es el respeto y tributo a la modernidad y vanguardia que también han caracterizado la propuesta de iconos generacionales del género como Michael Jackson o Madonna, o los OBK, Tino Casal y Mecano en España, por poner también ejemplos nacionales nada al azar. Joseph propone también ese discurso contracultural, incómodo y distópico, exponiendo en su música un universo noctámbulo, infeccioso, hedonista y visceral que guarda mucha relación con los referentes citados anteriormente. Su propia estética guarda también ese poder icónico y de fascinación presente en todas las glorias del género, siempre personalistas y remiradas con su aspecto.

Acoplar exclusivamente fórmulas más comerciales, más mainstream, con la intención de crecer mediáticamente en términos numéricos puede implicar al tiempo un verdaderamente un acercamiento al pop, donde también encontramos ese tipo de intenciones. No obstante, a todas luces resultaría mucha más atractivo que el reto no os obcecara únicamente con eso, y que los artistas intentaran hacer también justicia con una tradición musical movida por la vanguardia y el espíritu urbano más moderno y arriesgado.

De hecho, según nos confesaba en ese vermut Zero, el artista quiso hilar aún más fino en el copy de Antartica. El hecho de poner entre paréntesis el concepto pop seguido de Modernist es en realidad un guiño al posmodernismo, y a recuperar esa mirada innovadora y esa renovación de las formas sin la necesidad de inspirarse en sus coetáneos, si no que indaga en lo que hace décadas fue vanguardia y con el paso del tiempo dejó de serlo. No seamos tan pretenciosos; la modernidad no es algo necesariamente actual. Lxs hubieron modernxs antes que nosotrxs.

Colaboraciones a un lado, Joseph parece decidido a mantener esa línea sonora en su nuevo material. Recientemente, junto al productor malagueño Sandro Jeeawock, ese sonido ochentero es todavía más evidente y claro en Tírale del pelo, un romance colorista que estrenábamos en exclusiva el día de San Valentín. Además, también en los últimos días se ha confirmado su participación en el ARTeNOU, un lugar propicio para mostrar también su potente live, donde ejerce como artista total apoyado en los visuales de Muwasha Iproject.