Cuando uno termina Der Klang Der Familie, el libro que acaba de publicar Alpha Decay sobre la escena de clubs en Berlín tras la caída del muro, tiene una sensación agridulce. Por un lado el relato es vívido y extraordinario, al estar escrito al modo de una historia oral tenemos la oportunidad de escuchar de primera mano la aparición y consolidación de sellos, discotecas, artistas y sonidos. Un momento único e irrepetible. Sin embargo, también existe la percepción de que lo que se está contando no es la única historia posible, que más allá de estos personajes y lugares había aún otras historias.

El libro, en todo caso, es una de las narraciones más acertadas y completas que existen de aquella época. Cuenta con más de cien entrevistados, entre los que se encuentran todo tipo de figuras principales y secundarias de aquel periodo, el comprendido entre 1989 y 1996. Porque la narración se detiene justamente en ese año, momento en el que se da a entender que algo de la magia de los inicios había desaparecido. Algunos de sus protagonistas habían salido del underground para popularizarse, otros deciden abandonar por puro cansancio y la mayoría consideran que aquello ya no era tan especial como al principio.

Al final la interesante fórmula de dar voz a un gran número de personajes (djs, productores, promotores, ravers), deviene en una estructura clásica y ordenada donde se nos intenta contar una historia con nudo, principio y desenlace. Algo por otro lado necesario para poder seguir el relato sin perdernos, pero que plantea algunas dudas sobre lo que ocurrió después.

Cualquiera que haya visitado la ciudad posteriormente habrá notado que si se rasca un poco por encima se pueden encontrar innumerables alternativas, a los planes oficiales que han terminado por definir el día y la noche de la ciudad. Una oferta de ocio a todas luces excesiva y que congrega a un gran número de turistas de todo el mundo. He querido recoger la impresión de tres amigos que han vivido (y algunos aún viven) en la capital alemana en el periodo de 1990-2015, para hacer ver que muchas de las historias, con sus subidas y bajadas, se repiten de forma cíclica.

 

José Manuel Costa fue el corresponsal del diario ABC durante el periodo 1990-1997 en Berlín, sus crónicas analizaban aspectos de la vida cultural, social y económica de esos años. Actualmente reside en Madrid y ha comisariado festivales y exposiciones como ECO o ARTe SONoro.

1991

“Acudí por primera vez a un Tekknozid. Otro mundo, un mundo irrepetible en el futuro, pero ya trascendente entonces. Una fábrica de magnetos de carbón, abandonada, en el profundo Este, en un paisaje industrial desolado pero que aún suelta llamaradas y nubes de vapor ocasionales. Dentro una nave que no es club, que mañana volverá a estar desierta, pero hoy tiene un sistema de sonido brutal, un láser gigantesco proveniente de material soviético en la más absoluta oscuridad. Y una música total y puramente electrónica, sin interrupción, sin tregua. Conocías a Tanith, casi el DJ residente de los Tekknozid, pero luego te enterabas que esos otros locos eran Psychic Warrios ov Gaia. Ni un problema, ni un mal rollo, todavía en una especie de secreto. Era evidente que estaba naciendo algo”.

1993

“Abre el E-Werk, la rápida y lógica conclusión del camino hacia el gran club. El sonido permanecía brutal, pero refinado hasta un grado de calidad con el que habrían de medirse el resto de los clubes. Ya no había solo un láser, había un sistema de luces capaz de inducir todo tipo de estados en los danzantes. Había proyecciones sobre toda la superficie del local, que podían ir desde una mil veces repetida fórmula del LSD a lo que parecían infinitas imágenes de desnudos barrocos (femeninos). Había VJ’s que proyectaban desde imágenes sintéticas hasta loops infinitos de monstruos de Harryhausen. Había pinturas en las paredes, esquinas simbólicamente SM, un cuadro mastodóntico presidiendo el bar. Una catedral industrial convertida en templo del baile. Todo un tinglado. La cima de una era. El principio de otra”.

1997

“La Love Parade convoca a 1.000.000 de personas. La integración de la “techno nation” en la espectacularidad global. En estado más beodo que extasiado. Y, no obstante, el Berlín de antes y después del Muro se mantenía en docenas de nuevos clubes, iniciativas puntuales, conciertos únicos de todos los géneros. Cada vez más músicos y artistas de todos los tipos y nacionalidades se asientan en un Berlín aún barato. Un Berlín que ya casi había olvidado esos orígenes de descubrimiento y ocupación. Un Berlín de parlamento y gobierno. De zonas prohibidas. Un Berlín que ya no podría vivir de ser la más extraña ciudad de Europa. Que ya era sobre todo la capital de Alemania”.

 

“Abre el E-Werk, la rápida y lógica conclusión del camino hacia el gran club (…) Una catedral industrial convertida en templo del baile. Todo un tinglado. La cima de una era. El principio de otra” (José Manuel Costa)

 

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Exteriores del club E-Werk en la década de los 90′

 

Luis M. Rodríguez es redactor y editor de la web Playground, fue el coordinador de contenidos musicales en su primera etapa y reside en Berlín desde hace 8 años. Acaba de tener un hijo cuyo nombre es Gustav Juul.

2000

“Varias de las mejores fiestas/experiencias alrededor de la música electrónica que yo he vivido en Berlín no han tenido lugar en clubs al uso. En mi primera visita a principios de los 2000, en 10 días en la ciudad pillé una fiesta Warp (con toda la plana mayor del sello) y otra de Sonig, ambas en el Völksbuhne. Música brutal y ambiente brutal. Experimentación salvaje y hedonismo de la mano. Público variadísimo”. 

2007

“Desde que estoy aquí, recuerdo de una manera especialmente intensa cosas como los festivales Wasted (eran en un club, el Maria, pero no era una velada de club convencional), fiestas de breakcore y techno industrial en Zentrale Randlage o en el sótano de Köpi (totalmente a oscuras, sólo máquinas de humo y flashes) o showcases de sellos grandes (M_nus, por ejemplo) pero en sitios atípicos como un refugio nuclear situado en los bajos de un hotel al lado del Kudamm. Cada vez es más difícil encontrar propuestas así. Todo está más normalizado. En la mayoría de los clubes manda el negocio. A día de hoy, la mejor programación electrónica que uno puede experimentar en Berlín no se produce en los clubes, sino en festivales. CTM, Atonal…”.

“Durante demasiado tiempo, el techno lo “eclipsó” todo en Berlín. Sin embargo, muchas de las cosas más frescas que se han podido vivir en la ciudad se movían fuera del techno. Las fiestas SUB:STANCE en Berghain (dubstep y derivados), las fiestas Wax Treatment, las fiestas de la crew Birthday Party, con Jason Forrest a la cabeza, las fiestas Janus…”.

2015

“Cuando llegas a la ciudad puedes llegar a sentir ansiedad por culpa de la cantidad de eventos que puede haber una semana cualquiera. Vas por la calle mirando carteles y te agobias por la cantidad de cosas que te gustaría ver. Sin embargo, no tardas en darte cuenta de que esa excitación no es, para nada, algo compartido por “una mayoría”, y ni siquiera por una “masa crítica”. La realidad es que de cara al conjunto de la sociedad berlinesa —incluida la mayor parte de su juventud— el techno y los clubes son materias irrelevantes. Es algo que está ahí, como un ruido de fondo, pero que a casi nadie le importa. Para la mayoría no es más que una opción de ocio puntual entre otras muchas opciones, pero no algo que desate pasiones”.

“La escena electrónica de Berlín es un asunto muy endogámico que vive de la masa de turistas que llegan atraídos por la leyenda de sus fiestas sin fin. Si sales un fin de semana cualquiera por alguno de los grandes clubes de la ciudad te encontrarás con un público compuesto mayoritariamente por gente de la escena (promotores, DJs, productores, gente de sellos y sus respectivos entourages) y turistas llegados de fuera. El porcentaje de locales amantes de la electrónica que no caben en la primera de esas dos categorías citadas no creo que supere el 15%”. 

“A mediados de la década pasada existía una cierta excitación casi constante alrededor de los nuevos espacios. Surgían clubes nuevos casi cada mes, y la mayoría de esos cerraban después de pocos meses, pero siempre estaba ahí la curiosidad de salir a descubrir esos espacios nuevos. Ese dinamismo, en buena medida, se ha perdido. Están los grandes de siempre y están las apuestas “jóvenes” que se establecen a fuerza de hacer un buen trabajo (Prince Charles, Gretchen, Chalet, ://about blank, Ohm…), pero esa sensación de imprevisibilidad y provisionalidad se ha perdido”.

 

“En la mayoría de los clubes manda el negocio. A día de hoy, la mejor programación electrónica que uno puede experimentar en Berlín no se produce en los clubes, sino en festivales. CTM, Atonal…” (Luis M. Rodríguez)

 

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Festival Atonal en 2013 (Fuente: Atonal Festival)

 

Hugo Capablanca es el principal impulsor del sello Discos Capablanca. Productor y dj de amplio bagaje, cuya característica principal es la amplitud de miras y un eclecticismo bien entendido. Reside, pincha y celebra diferentes fiestas de manera intermitente desde 2005 en la ciudad alemana.

2005

“Cuando llegué a Berlín, hace cosa de diez años, el minimal techno era religión, integrista si me apuras. Si alguien ponía algo que no fuese eso en Panorama Bar, la gente se escandalizaba. Me alegré mucho una noche que acabé allí y un grupo de italianos empezaron a deslizar rebanadas de disco casi como por descuido, para indignación de muchos de los allí presentes. Pero ahí no acabó la cosa, después de colar un Cerrone y otro par de cosas más, soltaron el tema de Cazafantasmas. La pista del Panorama Bar se separó en dos como si aquello lo hubiese ordenado Moisés, una mitad gritaba ¡sacrilegio!, la otra mitad, sacrílegos, bailaban dislocando tibia y peroné, claro. Ahora que Lady Gaga es habitual habría tenido bastante menos gracia y desde luego menos de “gesto revolucionario”, pero en aquel momento, el disco había que ir a NY a bailarlo, y el (deep) house aún era la cosa menos cool del mundo”.

“Lo único que había aparte de techno era el Rio, club que llevaba el novio de Peaches, Conny, y cuna del electroclash berlinés. Había noches con música más fea que pegar a un niño, pero aún así, igual tenías a Alexander Robotnik pinchando, a mitad de la noche de pronto un directo de pongamos Thieves Like Us (¡en la pista grande!), un sótano con Maximiliam Hecker poniendo música para abrirse las venas, y la pista mediana, donde el eclecticismo era de ley y Beyoncé iba de la mano con NEU!, ABC o Laid Back”.

2015

“Hoy en día Mitte está lleno de gente con mucha pasta que acaban de llegar a la ciudad, visten Rick Owens de negro de rigor y Doc Martens como si supiesen lo que es el goth, pero hacen yoga, son más sanos que mamá y papá juntos, comen dieta paleo, por supuesto, van todos a Berghain… y el deep house es lo más cool del mundo. Echo de menos el espíritu subversivo, el estilo sobre las marcas, la ingenuidad sobre el esnobismo, el escribir las leyes sobre la marcha. Pero ya me avisaron cuando llegué a la ciudad, hablando con una vieja gloria: “hace diez años, Berlín sí que molaba de verdad, y no ahora” (circa 2005) y dentro de diez años, en el 2025, molará bastante menos aún”.

“Por supuesto que sigue habiendo sitios muy divertidos, como Anita Berber, el bar de cocktails en Wedding de los chicos de Perlon, con noches bastante sorprendentes, Mike Huckaby pinchando sus edits de Sun Ra, y sólo Sun Ra, durante toda la noche. Más sitios interesantes, Griesmuehle, un antiguo molino reconstruido a lo Bar 25, donde Discodromo hacen lo que es posiblemente la noche gay más potente del momento, Cocktail d’Amore (junto con Boris de Berghain). Line-ups encabezados por DJs de la talla de Solar y Tiago, fiestas que duran de viernes a lunes, y un “público” entregado, alocado, eufórico y muy creativo”. 

“Otro lugar especial es el Sameheads, un sótano en Neukoelln con un sonido de mierda, gestionado por tres hermanos británicos y quizás la mejor programación a nivel underground de la ciudad, desde noches Sex Tags con Sotofett, pasando por otras con los residentes del Salon Des Amateurs haciéndose sets de 6-7h donde cabe de todo, o noches de los propios residentes del club, Telephones, Luca Lozano, Bintus aka Kruton… La primera noche que organicé allí una fiesta fue el debut de Veronica Vasicka en Berlín, hace ya unos años. La última, Fran Lenaers, fue increíble. En cierto modo cerrando círculos”.

 

Echo de menos el espíritu subversivo, el estilo sobre las marcas, la ingenuidad sobre el esnobismo, el escribir las leyes sobre la marcha. Pero ya me avisaron cuando llegué a la ciudad, hablando con una vieja gloria: “hace diez años, Berlín sí que molaba de verdad, y no ahora” (circa 2005) y dentro de diez años, en el 2025, molará bastante menos aún” (Hugo Capablanca)

 

B25berlin

Imagen extraída del documental “Tage ausserhalb der Zeit” (sobre el Bar 25)