Dicen los profesionales del mundo de la arquitectura y del interiorismo que el verdadero mérito de una reforma integral consiste en mantener la esencia, el espíritu del lugar. Pero convirtiéndolo en algo absolutamente nuevo. Un arte que ha de huir de transformar un lugar mítico en un solar para levantar algo completamente nuevo. Eso no tiene mérito para un arquitecto. Eso lo hace cualquiera.

En la reinauguración de LAB, la madrileña sala Macumba de toda al vida, pudimos sentir ese cambio de áurea. Pero el halo de mágico por donde han desfilado antes que por ningún otro lugar los nombres más míticos de la música electrónica se mantiene intacto. La enumeración sería ridícula. Cuando decimos todos, son todos. Un verdadero pulso de su tiempo, más allá de modas pasajeras.

Teníamos muchas ganas de ver el nuevo LAB. Como ansiamos ver algunas de sus apuestas para la presente temporada, con especial ojo a Station Experiencie, ese novedoso y transgresor concepto propio de las capitales más punteras del mundo y que presenta como protagonista un dj cuya identidad se mantendrá en absoluto secreto.

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Y lo que nos encontramos fue con un club que ha entrado de cabeza en el siglo XXI. Una distribución de los espacios que, manteniendo su estructura clásica, lo que la hace reconocible a primera vista, ha conseguido reconfigurar su fisionomía. La creación de pequeños ambientes diferenciados no rompe con la dinámica de la sala. Los baños se han subido a la planta de arriba, creando un pequeño lobby unisex con sillones donde se encuentran los lavabos (aunque cada género tiene sus propios excusados diferenciados). Un lugar ciego pero donde la música llega con nitidez. Esas mastodónticas colas y ese cuello de embudo que se hacían en los baños cuando estaban en la planta de abajo -especialmente para las mujeres- son cosa del pasado. Palabra. Ahora todo es prístino.

Durante la demostración de su poderío, audiovisual, láseres, visuales y sonido mostraron una soberana mejoría. Y es que hoy en día, para ser un club puntero tanto a nivel local como global, la calidad del sonido y un buen acompañamiento para éste debe de ser uno de los pilares fundamentales en los que LAB ha cumplido sobradamente.

Otra de las modificaciones más sustanciales de LAB es la instalación de múltiples hileras de sillones. Una búsqueda de lo confortable, donde la pista sigue siendo un espacio fundamental pero que ve cómo su espacio ha quedado un tanto delimitado. Una tendencia, la de suprimir el modo party-hard de los clubes para darle ese toque glam.

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Pero no dejamos de hablar de detalles. LAB guarda la esencia de toda la vida. Sus espacios, sus rincones, sus barras… Lo mejor de lo viejo y las nuevas tendencias de las macrodiscotecas del mundo incluidas en un paquete que pretende reformar o transformar la noche madrileña desde los cimientos. Desde su misma base. Porque cambiar los artistas protagonistas o la línea editorial de la sala es en realidad lo más sencillo.

Madrid es una de las ciudades europeas más raras. Un área metropolitana de más de seis millones de habitantes que adolece de espacios que, paradójicamente, si disfrutan provincias colindantes con un poder demográfico ridículamente inferior. Por momentos nuestra ciudad ha vivido sin festivales o sin grandes clubes. Y si una ciudad quiere ser puntera, cuanto menos, a nivel europeo, tiene que encabezar la clasificación en todos lo campos habidos y por haber. Y uno de ellos es el ocio nocturno de base cultural, donde Madrid se encuentra sumamente lejos de otras urbes que huelga mencionar y que todas podríamos recitar de carrerilla. Por ello Madrid necesita de lugares como LAB Espectáculos. Porque cayendo en la palabrería más zafia que hará de las delicias del cualquier cuñado que se precie, esto es ante todo un modelo de negocio que da de comer a mucha gente de forma transversal. Desde empresas a su vez subcontratadas para garantizar al seguridad o la higiene del lugar a la promoción efectiva de artistas nacionales. Artistas que pueden hacerse con la percha suficiente como para salir fuera de nuestras fronteras, procurándoles fama internacional. Porque eso de no ser profeta en su tierra, recordemos que es una parábola, no un hecho en el que se base la economía de las PYMES.

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LAB se encuadra dentro de MEEU, un vigoroso plan comercial a medio plazo que, por fin -¡aleluya!-, pretende revitalizar la planta ático de la estación de Chamartín. Un espacio que históricamente ha sido un tanto lúgubre y oscuro donde la mayoría de los espacios estaban cerrados y sin visos de apertura. Y que requería de un concepto holístico que englobara diferentes palos de la cultura urbana. Desde la alta gastronomía al arte urbano.

Ahora ya todo es cuestión de tiempo. Éste dirá si Madrid convierte en un éxito la gestión de este nuevo y viejo espacio. Tiempo en el que a buen seguro los amantes de las discotecas y de la cultura electrónica tendrán tiempo más que de sobra para catarlo con serenidad. Parafraseando a Miguel Bosé en su aventura electrónica de finales de los dos mil: “Sea lo que sea será”.

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Todas las fotos cortesía de Tilllate.es