Los siguientes temas que voy a enumerar forman parte de mi colección poco catalogada de “mis inspiraciones”. Son aquellos que de un modo u otro cargan mi imaginario o estimulan las profundidades de mis recovecos creativos. Siempre me preguntan por las referencias, por las influencias, por mis ídolos. Nunca me ha resultado fácil responder a estas cuestiones porque, como ya he dicho, en mi mente está todo poco clasificado, aún así, tirando del hilo a partir de canciones que me han “dicho algo” voy a crear este “top ten”, que no son las 10 mejores, sino las 11 primeras que he relacionado consecutivamente.

Empezamos el viaje:

Me viene a la cabeza, siempre, Moskitoo, y todo su álbum titulado Drape, destacando temas como Terrier. Acto seguido, bueno en realidad fue el primer grupo que escuché de este rollo, aparece Lullatone y su tema Good Morning Melody

También está Minamo con Crumbling. Estos tres son parte de mis influencias. Aquellas que se caracterizan por la sencillez sonora, minimalistas, delicadas y luminosas, que evocan a paisajes de tonos turquesa y azul de neblina. Te transportan a un lugar donde todo es ligero y huele a tierra mojada después de la  lluvia.

¿Te lo estás imaginando?

Se hace de noche con Tujiko Noriko cantando Magic. Se trata de una noche tímida, en medio del silencio de una calle mojada donde el suelo refleja las luces de las farolas. Está húmedo, y estamos solos, ¿pero qué más da?

Nos dirigimos a un club, o esto es lo que creemos, pues se oye a lo lejos el percutir de los subgraves que provienen de un local de paredes de obra vista con una puerta fría y metálica. La abrimos y unas luces lilas y rojas nos tiñen las retinas por dentro. Suena Let it Happen de Tame Impala mientras la gente baila al ritmo de los BPM en círculo, calzados con unos patines, y una bola de espejos cubre, con sus reflejos pixelados, sus cuerpos en movimiento. El ambiente es denso y cálido, necesitamos salir, respirar.

Una vez fuera nos inunda Vaka de Sigur Rós, como si nos apretara el pecho y nos dificultara, aún más, la respiración. Nos embriagan los recuerdos.

Volvemos a entrar.

El lugar se ha convertido en una especie de ensoñación discotequera chick, perfecto para ahogar aquella intensa emoción y olvidarnos del pasado. Nos acompaña Grimes con Realiti y de repente notas que tus pies abandonan el suelo, abres los brazos en cruz.

Te estás elevando, lentamente, por encima del tumulo de gente, que saltan, totalmente coordinados. El techo se convierte, sin darte cuenta, en la superficie del agua de un mar que se prepara para la salida del sol mediante Merry Christmas Mr. Lawrence de Ryuichi Sakamoto. Justo empezamos a oírlo cuando nuestras orejas quedan al descubierto y la luz de la aurora nos ciega por unos instantes.

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Nos dirigimos hacia la orilla. La arena es blanca, fina y fría. Forma parte de una playa desierta. Solo unos pequeños arbustos se atreven a mover su cuerpo modestamente motivados por la oscilación del viento, este mismo que nos acaricia el rostro y nos trae armonías de Big My Secret de Michael Nyman, que seguimos hasta llegar a una casa de madera.

Las paredes son viejas y dejan ver que en tiempos de fortuna habían estado pintadas de un blanco reluciente y apuesto. Entramos dentro. Estamos agotados y sin quererlo, tumbados en el suelo, nos dormimos. Soñamos con un Nebulous Dawn de Tangerine Dream que nos arrastra hasta lo más hondo del universo, hasta encontrarnos con el silencio absoluto.

Asustados, nos despertamos en una habitación que nos es familiar, esto nos tranquiliza poco a poco. Estamos en casa. El vecino tiene puesto a todo volumen Nightcall de Kavinsky, así empezamos un nuevo día.