Como empezar por lo que va después de lo último. El minimal de Equipo enaltecía un sonido que, ya por defecto/bagaje, solemos ubicar en un “tras larga noche”. Así arrancaba la primera jornada de Mutek el pasado miércoles en el Convent de Sant Agustí; haciéndonos confundir soles y lunas, como le pasa al tema de este artista titulado “Duerme profundamente al despertar” (de 2008). Juan Cristóbal Saavedra (alias Equipo) presentaba en el festival su nuevo álbum, “Simulaciones”, con una actuación que comenzaba potente e hipnótica, y mantenía la fuerza hasta pasada la mitad del live, cuando -quizá por alguna de las bajadas de ritmo o de algún que otro juego de luces que parecía dar por terminada la actuación pero no-, su directo perdía el ímpetu de los primeros minutos.

Ya con el aforo completísimo salían a escena Loppkio Vs Gnomalab, o lo que es lo mismo: Pina + Moduleight Vs Juanjo Fernández. Los primeros minutos de su espectáculo, en los que parecían tener algún problema técnico con el sonido, quedaron después como una maniobra perfectamente ensayada para arrancar la ovación que al final se llevaron. Dejando a un lado ese principio, su directo fue maquinaria pesada; tanto en lo visual como en lo musical. Techno 4×4 con momentos más IDM y acidismos vastos. Graves que agarran del pecho, imágenes en blanco, en negro y en frenético. Las figuras geométricas que Gnomalab proyectaba en la pantalla aumentaban lo afilado del sonido; en palabras del propio artista visual: “Mi intención es provocar en el espectador sensaciones hipnóticas propias del Op Art. Incluso, por qué no decirlo, desasosiego e inquietud. En algunos momentos puede ser no apto para personas con  problemas de epilepsia”. Normal que esta conjunción entre sonido e imágenes consiguiera que casi al final de la actuación pudiera verse más de un brazo en alto, en ese gesto tan techno-ravero del puñetazo al aire.

Perfecto Herrera, investigador en tecnología musical y encargado de presentar las piezas de los artistas Roc Jiménez de Cisneros y Estefanía A.A, abría la tarde del jueves en el auditorio del Museo de la Música manipulando un sintetizador; y lo hacía ante la atenta mirada de un aforo reducido que permanecía en ese tipo de silencio que provocan las piezas de improvisación vinculadas a los sonidos de vanguardia que carecen de un ritmo determinado. “No se trata de apretar una tecla y que suene algo definido, sino de estar interviniendo continuamente” explicaba el investigador justo después de su demostración.  Roc y Estefanía presentaban en Mutek dos piezas realizadas con el sintetizador RSF Kobol. Estefanía, ganadora de la residencia artística Mutek-Phonos, llevaba su creación por un terreno de ritmos templados, con estructuras muy cercanas al ambient. Roc, por su parte, elaboraba una pieza marcada por esa seña de identidad tan característica de sus trabajos bajo el nombre de EVOL (dúo que forma junto al artista escocés Stephen Sharp) como “Something Inflatable” (Alku, 2013). El propio Roc explica así el proceso de creación de su pieza: “El punto de partida fue simple: quería hacer más o menos lo que hago con mi ordenador pero usando ese sintetizador, que obviamente es muy distinto y me obligó a repensar mi proceso de trabajo. ¡Fue muy divertido!”. Podríamos decir que la sesión entera fue una brevísima masterclass de las que deberían abundar en colegios y universidades.

El dúo franco-japonés Nonotak parecía un espejismo dentro de la estructura en la que tenía lugar su show audiovisual, titulado “Late Speculation”. Sus siluetas erguidas, estáticas, minutos antes del comienzo de su actuación nada tenían que ver con lo que vendría después. Ritmos rotos y golpes glitch que poseían el cuerpo del productor Takami Nakamoto. Visuales (a cargo de Noemi Schipfer) en blanco y negro a velocidad rabiosa; juegos de sombras  que solo daban pie a la perplejidad de la sala. Un live perfecto -también en duración, cortaron en el momento justo- envuelto en melodías downtempo y que hasta pasaba por momentos más rockistas y pisteros. La dupla consiguió engullirnos hasta hacernos creer que los tres paneles que enceraban a Takami y Noemi se movían por sí solos a ritmo de la música.

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El lenguaje que hay detrás de las obras de Herman Kolgen es distinto a todo. Sus espectáculos audiovisuales en los que música e imagen tienen una misma y exacta importancia, se acercan a la experiencia cinematográfica e incluso a la realidad virtual. Detrás de su mesa, encorvado, y con la mirada yendo de un botón a otro a velocidad brutal, Kolgen es, ante todo, un escultor; un “escultor visual” (tal y como les presentaban a él mismo y a Nonotak antes de que arrancaran sus directos). La estética y narrativa de sus imágenes combinada con una potente mezcla de sonidos deconstruidos que van del glitch, a la IDM más experimental  consiguen hacer de sus directos una experiencia única. Kolgen llegaba a Mutek con tres piezas: “Dust”, “Aftershock” y “Seismik”. En el caso de esta última (que ya presentó en LEV 2014), en esta ocasión tomaba más elementos conceptuales que catastrofistas. Aún así, los tres shows (especialmente Dust) conseguían hacernos pasar por esas fases de tensión y estado de alerta que definen su peculiar manera de entender la relación entre pantalla y sonido.

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La noche del viernes, en Apolo, se intuía en aforo hasta la bandera antes de llegar al club. Y el calor que desprendía la pista desde primera hora era palpable al poner el pie sobre el primer escalón que comunica con la sala Nitsa. Allí, unos Magic Mountain High con un despliegue analógico de vértigo, enamoraban tanto a público de Mutek como a visitantes fortuitos. Con un sonido que jugaba con los límites entre habitación y club, Move D, Juju y Jordash llenaron la noche de cuerpos extáticos que se dejaban envolver entre melodías hipnóticas y golpes ácidos e incluso con algún ramalazo jazzístico. Todo envuelto en un halo épico que convertía su directo en una de las mejores actuaciones de este Mutek.

Quienes no habíamos visto nunca al combo formado por John Talabot y Axel Boman, es decir, Talaboman, podíamos pensar que crearían una burbuja de ambiente fiestero en la pista cercana a atardecer de playa y sombreros de paja. Pero en lugar de tomar la vía más sencilla-pero-resultona (que muchos esperábamos), se fueron por terrenos oscuros y techneros, saliéndose en cierta medida de su zona de confort. Quienes esperaban con ganas que sonase el tema “Sideral”, se fueron contentos a casa. La canción llegaba precisamente como broche final, incitando a un último ajetreo en esa pista de baile que lucía a rebosar. Quizá hubiera sido aún más bonito si este cierre hubiera llegado como punto y final del sábado, para dar por terminada la cita entera. Pero aún estábamos a viernes y había la necesidad (que no el deseo) de tener un toque comedido.

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Per se, la música del dúo Reykjavik 606, incita a la creación de imágenes en la mente; reconstrucciones de recuerdos que dejan de ser tristes y ahora sólo son bellos. Nostalgia oscura trocándose en bonita. La idea de su directo en Mutek, es decir, de la unión del sonido de Reykjavik 606 y las imágenes de Inesfera era -tal y como explica Álvaro Granada (50% de la dupla donostiarra)- “provocar que el público se pegase un viaje… también porque nuestra música es muy narcótica”. Así que el viaje se elevó a la cuarta.  La lona tras la que se escondían los artistas (y en la que quedaban proyectadas las imágenes) conseguía hacernos creer que el viaje era prácticamente real. Paisajes naturales y edificios abandonados mezclados con melodías de sensibilidad extrema. Y de repente los artistas desaparecen tras las imágenes para dejarse ver después como parte del paisaje, perfectamente encajados tras unos ventanales, como si estuvieran dentro, esperándonos. Como cuando buscas un rincón donde salvarte y lo encuentras. Sólo le faltó que el lugar elegido hubiera sido otro y no la Antigua Fábrica Damm, donde se hubiera agradecido más volumen y menos gente de charleta.

Llegando ya prácticamente al cierre de la noche del sábado aparecía Kangding Ray. Con su pose elegante, pulcra, a juego con su sonido, redondo, perfecto; tras una mesa donde todo era maquinaria analógica. Esta vez, el de Raster Noton dejó a un lado el carácter más experimental al que ha ido ligado en otros directos como el del pasado festival Lapsus y tomaba el camino del techno de nuevo cuño que ondean otros nombres como Karenn. El alemán elaboró un directo tintado de carácter industrial, sin olvidarse de las ráfagas de corte noise ni de ese toque melódico que llena su 4×4 de una nube de delicadeza, pero en la que todo es bailable hasta infinito.

Ese “viaje” al que se refería Álvaro (de Reykjavik) ha sido, más que nunca, la tónica dominante de Mutek. Los artistas se han encerrado (literalmente) dentro de sus visuales, y las pantallas nos han engullido también a nosotros hasta arrastrarnos a mundos paralelos que iban desde las estrellas fugaces y las melodías preciosistas (como en el caso del emotivo directo de Murcof y Simon Geilfus el viernes noche en la Sala Barts) hasta la tensión y el miedo del universo Kolgen. Decía Glen Johnson, de Piano Magic, que “Kraftwerk es donde las máquinas se empañan de emoción”. Y por ahí ha ido la cosa.

Fotografía: © Alba Rupérez