Anochece en la Ciudad de México. En un sótano a unas cuadras del Templo Mayor de Tenochtitlan, la crü de N.A.A.F.I prepara el retorno de Füete Billete a México. Junto a ellos actuarán el mexicano OMAAR, la argentina Tayhana, el chileno Jamez Manuel y la neoyorkina de origen jamaicano Tygapaw.

N.A.A.F.I lleva unos años de expansión inexorable. En el 2015-2016 parecen haber alcanzado su punto álgido, con una residencia en la radio de Apple y actuaciones versus otras crüs notables como Teklife o NON WORLDWIDE. Sus artistas son prácticamente fijos en la radio de NTS y sus compilados de bootlegs reggetoneros PIRATA atraen la atención de la mayoría de medios #digitales del planeta.

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El colectivo, que surgió en el 2010 como una “noche de ritmos periféricos” parece estar acercándose al centro del escenario. A medida que su imagen crece, N.A.A.F.I tiene que renegociar su identidad: mantenerse en los márgenes o construir una nueva periferia que se expanda hasta ahogar al mainstream.

Para averiguarlo me acerqué al Foro Normandie en el centro de la Ciudad de México. Por fuera un edificio abandonado pero en el sótano, un antro decorado con el gusto austero e impecable de algún tipo de hotel de lujo. Füete Billete presentan su nuevo disco Papelón City y junto a ellos, N.A.A.F.I ha reunido a una selección de DJs, productores y músicos panamericanos.

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En la cola para entrar hay un ambiente tan tranquilo que hasta parece que la gente está siendo intencionadamente discreta. No es como España donde vas pisando latas de Mahou hasta que llegas a que te corten la entrada: de hecho algún funcionario del gobierno federal quiere revisar la sala antes del concierto.

Es difícil encasillar al público de N.A.A.F.I. La vocación periférica de la disquera ha creado un contenedor en el que caben todo tipo de personas con backgrounds que casi ni se tocan. ¿En qué momento dejas de estar en el margen de algo para crear tu propio grupo?

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La música de OMAAR parece recorrer todos los antros de las afueras de las capitales occidentales. Más performance que set tradicional, el mexicano invoca fábricas abandonadas, bosques cableados por tecnología y grime universal mientras el baile del público es algo que me veo incapaz de describir. Si la música de OMAAR forma un delicado equilibrio entre ruido y ritmo, el baile se encuentra en un lugar parecido.

Este terreno gris entre géneros y sonidos también lo explota Jamez Manuel, cantante chileno antes conocido como Manuel 5000. Está claro que hay algo de reggetón ahí pero las bases de King Doudou pasan del perreo al funk brasileño al rap con una facilidad que te hace plantearte cuál es el sentido de ponerle nombre a los sonidos si luego son tan fluidos que es casi imposible demarcarlos.

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El antro se llena y en el pulso identitario de N.A.A.F.I entre “noche periférica” o “cumbre latina” parece ganar la segunda opción. Entre el público se escuchan todo tipo de acentos, desde el español al argentino, pasando por el portorriqueño y el francés.

Pero erigirse como Cumbre Latina no es tarea fácil como demuestra la DJ argentina Teyhana, del colectivo bonaerense HIEDRAH. Su set delata la distancia de miles de kilómetros que la separan de alguien como OMAAR. Si las referencias de éste último se encuentran más próximas al hemisferio norte, el sonido de Teyhana está clavado en algún lugar del cono sur.

Como apertura del set, Madonna canta dispersa “music makes the people / come together” antes de ser arrollada por una apisonadora industrial: la vocación unitaria de la música es un tema más complicado de lo que se suele dar a entender. La meta que se fija este colectivo de unir a través de algo tan frágil y volátil como el sonido y el idioma, a sociedades separadas por decenas de miles de kilómetros, es tremendamente ambiciosa.

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Pero para cuando sale Füete Billete al escenario, parece que N.A.A.F.I está logrando su propósito: el público se sabe de memoria las canciones como si la distancia entre San Juan y México, o Buenos Aires, o Madrid o Bogotá no existiese.

El sonido de N.A.A.F.I se ha ido deterritorializando gracias a su difusión digital. Los sonidos ya no son nacionales aunque tampoco del todo universales: tienen una pesada carga latina, a veces africana, pero resulta difícil dar con un lugar exacto. Parecen navegar la misma corriente que los hits comerciales, superando fronteras y barreras culturales con facilidad.

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Y ahí se encuentra la clave de la identidad de N.A.A.F.I: nace del mainstream. Sería impensable extirpar a este colectivo de sus influencias top 40 porque las han sabido convertir en una virtud crucial: agarran la esencia popular del pop y la empujan más allá, la estiran y la dan de sí hasta desbordar fronteras e identidades. N.A.A.F.I es una mutación más popular que el pop.

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Fotos: @marinbubble