Del ambient al deep techno, de Tresor Berlín a Australia, los sonidos de la dj y productora alemana son altamente sugestivos y se mantienen, por mucho que pasen los años, en permanente vigencia. Nadja Lind se mudó de Mannheim a Berlín hace más de una década, cuando todavía quedaba mucho por hacer en la ciudad y una nueva oleada de artistas llegaba a la ciudad a la caza de inspiración y proyectos electrónicos. De todo ello, además de avanzar sin descanso en su carrera como dj,quizás Klaurtram (con Helmut Ebritsch) y su sello Lucidflow son los caballos de Troya que seguirán abriendo puertas, llenando tanto salas como listas de reproducción.

Llevas unos diez años viviendo en Berlín, período en cual la ciudad se ha consolidado como uno de los mayores focos de música electrónica del mundo, ¿te ha ayudado vivir esta época en concreto en la ciudad para tu desarrollo como artista?
– Muchísimo. Antes de vivir en Berlín, cuando estaba en Mannheim, me era muy complicado unirme a proyectos y conocer a gente relacionada con la música. Tenía que conducir 100 kilómetros para hacer música en Frankfurt con un amigo. Cuando llegué a Berlín nacían proyectos por todas partes y conocí a mucha gente.  Nacían casi demasiados proyectos. Fue una muy buena decisión moverme a Berlín.

¿Estuviste vinculada a la música electrónica desde un principio o te dedicaste a otros géneros antes?
– Empecé a pinchar en 2003…

Sí, leí que justamente pinchaste por primer vez en fin un de año. Un momento bastante simbólico para iniciarse.
– ¡Totalmente! En esa época pinchaba en vinilo, ni se me ocurría que pudiese haber otras opciones. Estuve muy metida en el house, el deep techno y el minimal, que tenía una escena muy grande. Pero también me gustaban otros estilos. Antes de todo esto iba hacia otra dirección, escuchaba heavy metal y odiaba la electrónica. La única música electrónica que escuchaba era la que salía de las ventanas de los tíos que iban con los coches por la ciudad con el volumen al máximo, ¡era malísima!.

Algo que me llama mucho la atención de tu producción es que combinas la producción de música enfocada a la pista de baile con una vertiente ambient. No es muy frecuente que haya artistas que trabajen tan a fondo en las dos direcciones, ¿Cómo desarrollaste esta doble faceta?
– Empecé con el ambient, sin beats, porque me iba bien a mi misma. Al viajar, con las actuaciones a horas muy variadas, tengo problemas para relajarme. Cuando estoy en el hotel, antes de ir al club, puedo tener dos horas libres y puedo sentirme exhausta. ¿Qué hago, miro lo tele o hago una siesta? ¿Y si me quedo dormida y me pierdo la actuación? Me cuesta mucho relajarme en estas situaciones. Así que produje este tipo de sonido, binaural, porque relaja el cerebro y muy rápidamente puedes estar tranquilo y en un estado meditativo. Luego se lo di a algunos amigos. La gente empezó a pedirme más música porque también les servía. He seguido produciendo desde entonces, y ahora acabo de entregar al distribuidor la quinta referencia. En Kenia grabé varios sonidos en la reserva natural de Masai Mara. En Berlín grabé una tormenta… Cuando viajo llevo mi grabadora encima.

Cuando hablé con Ben Klock, me comentó que su proceso de descanso tras los fines de semana locos, con tres o cuatro conciertos, era hacerse un masaje el lunes. Uner, el dj y productor español, no escucha nada de electrónica ni trabaja el día antes de salir de gira.
– Es curiosa la forma que tiene cada uno de sobrellevar el cansancio. Envié algunas promos a djs como Technasia, que respondieron con un feedback muy positivo. Steve Rachmad es también fan, ¡son gente de la que no esperaba que pudiese gustarles! Lo empecé solo pensando en mi propio “bienestar”.

Volviendo a Berlín, te mudaste a la ciudad sobre 2004. Desde ese momento hasta la actualidad los cambios han sido enormes en Berlín. De hecho, creo que sobre esa época en la que llegaste comenzó una renovación de la escena, que estaba algo agotada a finales de los noventa y principios de los dos mil. Eso me comentó Inigo Kennedy en una entrevista que le hice hará cosa de dos años. Durante este tiempo, ya en 2009, también montaste el sello Lucidflow, que sigue muy activo a día de hoy. Justo cuando tú te mudaste, y quizás hasta finales de la década pasada, se mudaron muchísimos artistas a la ciudad, ¿Cómo viviste esta década de cambios desde dentro?
– Un gran tema que está relacionado con los cambios en los últimos años tiene que ver con el salto al digital desde el vinilo. A día de hoy producir es muy diferente. Antes, si querías producir tenías que meterte mucho en la materia. Necesitabas dinero, un estudio… Era muy caro conseguir el equipo, ponerlo listo… y no estaba al alcance de mucha gente. A través de todos los programas y nuevos ordenadores, más rápidos, pequeños y asequibles, todo cambió. Antes lo habitual era que en los clubes hubiese platos para vinilo y más tarde platos para CD. Ahora no hay ni eso, es todo lo contrario, tienes que pedirlo, ¡casi no saben ni lo que es!. Pero me parece bien, no me preocupa. No me apetece cargar con cientos de vinilos con solo un par de canciones en cada uno.

Respecto a lo que comentabas de Lucidflow, lo montamos en 2009 como plataforma para lanzar nuestro propio material. Cuando me mudé a Berlín, mi principal proyecto fue Klartraum, junto a Helmut Ebritsch. Solíamos producir mucho —y lo seguimos haciendo— y siempre teníamos que esperar la respuesta de los sellos a las demos que mandábamos, a veces era un proceso muy lento e incierto. No queríamos esperar tanto, y de ahí que lanzásemos Lucidflow.

Queríais tener más libertad y trabajar con otros artistas.
– Inicialmente solo lo pensamos para nuestro trabajo, no pensamos en sacar referencias de otros artistas. Queríamos probar y ver cómo iba, todo lo hemos hecho nosotros: desde la producción de temas hasta enviarlo a los distribuidores. Nos fue muy bien y tenemos a tantos artistas que no puedo contarlos. Ahora sacaremos a Justin Berkovi y lo hemos hecho en vinilo y digital. Estoy contenta de lo bien que está funcionando.

¿Cómo gestionas tu tiempo y esfuerzos para desarrollar el sello, producir y hacer giras?
– En cuanto a la producción de pistas, suelo ir probando con lo que me viene. Me pongo a trabajar y si en menos de una hora no avanzo en nada, lo dejo. O pregunto a algunos colegas, como Paul Loraine. Les mando lo que tengo y les propongo que avancen con ello y que lo terminen. Cuando producimos como Klartraum trabajamos diferente. Lo hacemos en nuestro estudio y trabajamos en paralelo. Si nos sentamos a producir solemos estirar hasta tenerlo listo, tras algunas horas. Incluso lo masterizamos, ya que tenemos un equipo para masterizar y una pequeña empresa. En cuanto a mi, puede ocurrir también que me siente a trabajar y en algunas horas tenga un track que ni siquiera imaginaba. No soy el tipo de persona que tiene claro lo que va hacer antes de ponerse a trabajar.

Quizás eso te supone menos presión, no te fuerzas a sacar algo si ves que no es el momento o el día adecuado.
– Lo que he descubierto es que, para mí, pensar en cosas como “voy a hacer un track para la pista” o “quiero hacer un track melódico”, me frustra y no va conmigo.

Cuando pinchas, ¿sueles pinchar en casa o lo dejas directamente para las giras?
– Si tengo tiempo o algo especial que preparar, como una actuación en Tresor, bajo al sótano a por mis vinilos y les quito el polvo. Pero es poco habitual porque me queda poco tiempo y no suelo pinchar en casa. Tengo muchas rutinas en mi día a día, especialmente con el sello. Y en las giras es complicado encontrar tiempo.

¿Sueles pinchar mucho en Berlín?
– No demasiado, ni tampoco en Alemania. En dos semanas estaré pinchando en Doha, Qatar, por ejemplo.

¿Planeas pinchar en España dentro de poco?
– Lo más próximo que tengo es en Ibiza, en DC 10.

¿Y qué tal con los festivales? He comentado con artistas como Barem que hay bastante caos, tanto por la saturación de artistas como por los timings que tienen. Para ver lo que te interesa tienes que correr y además soléis tener muy poco tiempo.
– Me encanta pinchar en festivales. Por ejemplo, en el Subsonic de Australia, fue maravilloso. Estás en medio de la naturaleza y la gente está entregada. Por supuesto que, si no tienes tiempo suficiente para pinchar, no es fácil. Intento que me den, como mínimo, dos horas. Si consigues tener a gente que está disfrutando es una pena cortarlo.

Estuviste en el festival Kazantip.
Sí, en el original, cuando Ucrania era todavía era Ucrania. Fue brutal, es muy triste que ya no pueda hacerse. Hay una playa llena de clubes y bares, mujeres guapas medio desnudas, esculturas hechas de madera y acero… Es una pasada.

Me recuerda al Burning Man de ahora, todo el mundo habla de ello.
– Sí, ¡pero sin mar!

¿Recuerdas algunas actuaciones en las que conectaste especialmente con el público, con tu música?
– Recuerdo una noche memorable en Beirut, en el BO 18, cuando pinché ahí por primera vez. Me preguntaron si quería hacer un set largo, con lo que pinché varias horas. Estaba llenísimo. Mucha gente me escribió luego diciendo que les había encantado la sesión. Pueden abrir el techo y convertirlo en open air, fue precioso. Siempre que voy allí la experiencia es intensa.

¿Tienes alguna conexión o relación con la ciudad?
– Cuando voy a Beirut tengo la sensación de estar como en casa.

¿Intentas quedarte más días ahí una vez has terminado la gira?
– La última vez que pinché en Beirut fue la pasada nochevieja, en el club Rubik. Estuve varios días más en la ciudad. Y respecto a otras giras que recuerdo está la de Australia, en el Subsonic, luego pinché en Sidney, y antes en Melbourne… No recuerdo cuantas actuaciones hice. Luego me preguntaron si quería pinchar en un after muy pequeño que se llama Abercrombie. Ocurrió lo mismo que en Beirut. Eso fue hace dos o tres años, ¡y todavía recibo algún mensaje hablándome de esa gira!

Con otros djs o músicos con los que trabajas o que son tus amigos, ¿has tenido momentos de especial conexión, en los que hayas compartido ideas, proyectos o actuaciones?
– Por supuesto que hay gente que hace cosas que me gustan, y para mi es importante que eso ocurra en los clubes. No suelo salir demasiado en mi tiempo libre, y cuando veo a algún dj pinchar sin que consiga transmitir nada al público, me exaspera. El club está lleno, todo está perfecto y, por contra, el dj apenas se esfuerza en estar atento a la gente. Si hay una sola persona que está disfrutando, tienes que pinchar para ella.

En el proceso de escritura ocurre algo parecido. Dicen que una técnica para no dispersarte con lo que escribes es imaginar que te diriges a un solo lector que conoces personalmente, como si te dirigieras solo a él. Cuando pinchas, puede que quieras gustar a todo el mundo y acabes haciendo algo caótico y confuso.
– Al principio necesito esa conexión con una persona. Cuando logro eso, me siento capaz de llegar al público. También necesito que eso siga ocurriendo, si dejase de conectar con el público, dejaría de pinchar.

¿Cómo valoras tu evolución en los últimos años respecto a la música que pinchas? Has pasado por el minimal, igual ahora estás en el deep… ¿Cómo has evitado quedarte estancada?
– Hice un gran cambio cuando empecé a pinchar en equipos digitales. Soy una persona muy visual, y si no veo el vinilo ni la portada me cuesta mucho recordar los nombres de las canciones, los artistas… En una lista de reproducción me cuesta mucho hacerlo. Debido a la cantidad brutal de promos que recibía no recordaba qué es lo que quería pinchar y lo que no, así que acabé por pinchar mis propios temas. Eso fue para limitarme de algún modo, porque no podía decidir qué pinchar y qué no.

Supongo que es para no verse desbordado. Con la literatura pasa lo mismo, quieres leer tantas cosas que al final no sabes qué estás leyendo ni qué quieres leer realmente.
– Sí, por eso empecé a pinchar mis canciones y remixes. Y, luego, sí introduzco temas que me han llegado de otras partes.

Estás pinchando y produciendo principalmente deep techno, ¿seguirás por ahí?
– Ahora estoy produciendo hip-hop, es algo que siempre he querido hacer. He empezado a hacer mezclas en las que combino hip-hip con dub. Puedes escucharlo en mi Soundcloud. Disfruto escuchando hip-hop de los noventa. Siempre le he dicho a mis colegas que quería producir hip-hip, y se reían. No sé lo que va a salir de eso, pero quiero probarlo. Por supuesto, seguiré produciendo tech-house y techno. No hace tanto hice un track techno que es muy de club. Se llama Motorhead, un tributo a la banda de rock, pero todavía no ha salido. También seguiré con el deep house, y dub a 80 bpm… Haré todo lo que me vaya saliendo, como te decía antes, no viene de una necesidad impuesta.

Tus sets más techno son muy contundentes, no llegan a ser duros pero sí mantienen una línea muy clara, plantean un viaje en una dirección definida y no se dispersan en otros géneros. Cuando escucho otro tipo de cosas, como el EDM, con sus estridencias y cambios de ritmo, efectos, etcétera, tengo una sensación frenética que no me lleva a ninguna parte.
– Sencillamente, lo único que puedo decir es que no me gusta y no lo entiendo. Yo entré en la electrónica a través del trance, y puedo entender lo que tiene de llamativo el EDM, pero no escucho ni la radio ni obviamente las canciones comerciales del momento. Una vez escuché el número uno de Beatport, creo que era David Guetta. Y dije “ajá, lo entiendo, y no volveré a escucharlo, es perturbador”. Pero hay mucha gente a la que le encanta esta música, y pienso ¿y por qué no?

Cuando pienso en ello, intento verlo de un modo positivo, en el sentido de que igual es su primera entrada en el mundo de la electrónica, y quizás luego su gusto pasa a otras esferas. Yo también empecé a escuchar música electrónica cuando era adolescente y ahora me parece mala.
– Es una buena forma de verlo. Tienes que empezar en algún punto, y pienso que el deep techno o el deep house en un principio son aburridos de escuchar, no hay nada realmente extremo que ocurra. El minimalismo puede parecer soso respecto a otros estilos. Es una evolución y un proceso llegar a disfrutarlo. Antes escuchaba drum’n’ bass y happy hardcore. Pasé por varios estilos hasta encontrar mi camino.

¿Qué sellos o artistas te interesan y que escuchas actualmente?
– Es una buena pregunta. Desde que dejé de comprar vinilos he perdido el hilo de lo actual. Me gustaba mucho Mobilee. Y ahora, no lo sé. Hay tantos sellos que nacen y desaparecen que no puedo seguirlo. Hay una enorme cantidad de sellos, productores, djs…

¿Te ocurre a menudo que recibes con insistencia promos, propuestas (incluso spam) sobre gente que hace tracks, sellos, fiestas? Lo digo en un sentido agobiante, que carga. No sé cómo lo manejas.
– Me he relajado mucho con eso. Es imposible que una sola persona pueda escuchar todo lo que recibo. No respondo normalmente. Si alguien me pasa su música diciéndome “escucha esto” sin apenas saludarme directamente lo borro. Tengo que ser selectiva porque la producción, el sello y las giras llevan mucho tiempo y no puedo estar en todo. Está muy bien que la gente me pida la opinión sobre las cosas que hace, pero no puedo procesar tanta información.

Para organizar tus giras, ¿trabajas con un manager o prefieres gestionarlo por ti misma?
– Trabajo con una agencia, AD Bookings. Ellos se ocupan de las negociaciones, los vuelos, etcétera. Estoy contenta con ellos y me ha ayudado mucho que me aceptasen en su agencia. No sé cómo lo resolvería de otro modo.

Estuve hablando con Paul Loraine acerca de tu trabajo y coincidimos en que estás en un muy buen momento profesional, que en los últimos dos o tres años tanto tus producciones como tus giras mantienen un nivel muy alto y constante, ¿Cómo lo ves tú?
– Actualmente tengo la suerte de que los promotores vienen a mí, ha sido un camino muy largo para llegar a eso, para dejar de ir detrás de ellos. Ya no soy una fiestera, y aunque me recomiendan salir más por Berlín para hacer contactos y conseguir más giras, la última vez que lo intenté tuve un accidente de bici… ¡y esa fue la señal de que no tenía que hacerlo!

Recondite, por ejemplo, que también vive en Berlín, me dijo que pinchando un par de veces al año en Berlín le parecía suficiente, para no quemar el público ni los clubes.
– Lo que más disfruto es pinchar en Tresor. Me puse muy contenta cuando me pidieron que pinchase en una nueva venue. Es un club genial, ¡lo que no quiero es estar en clubes chungos con gente drogada que se carga tu equipo porque no coordina!