Tras unos días de reflexión, aún sigo preguntándome que fue lo que ocurrió el pasado miércoles 3 de junio en la céntrica sala Cocó. Primera de las ocho grandes fiestas programadas durante el mes de junio para la excelsa celebración del decimoquinto aniversario de Mondo Disko, el punto de partida de un mes que puede convertirse en glorioso.

Con la llegada del mes de mayo las redes sociales de Mondo lanzaron la bomba de la temporada, en la celebración de su aniversario contarían con un ídolo de masas como Nicolas Jaar. Su compañero Valentin Stip se sumaría al cartel ofreciendo así un showcase de Other People, el sello discográfico del ídolo. Justo cuando la comunidad clubber ya daba por descartado el aniversario de este club, llega esta noticia para sorpresa de muchos. Uno de los actuales grandes nombres de la electrónica regresaría a Madrid  para crear un cierto estado de euforia entre sus innumerables seguidores, una locura que arrastra por todo el mundo este joven prodigio neoyorquino; y es que allá por donde va le acompaña ese preciado y deseoso cartel que reza “sold out”. En esta ocasión no iba a ser menos, las entradas y reservados volaron en un abrir y cerrar de ojos. Fueron muchos los que, nuevamente, se quedaron a las puertas de ver en directo al norteamericano de orígenes chilenos; el artista (a sus 25 años) va camino de convertirse en algo semejante a un mito; si es que no lo es ya.

Por todo lo acontecido hasta el día del evento, no me sorprendió en absoluto el estado de plenitud que lucía la sala a eso de las doce y media de la noche; lo que sí me sorprendió fue el tremendo calor durante toda la noche, demasiados humanos bailando. Se esperaba un lleno total, y los más madrugadores –o ansiosos– pudimos disfrutar sin agobios del correctísimo y serio warm up de la noche a cargo de Valentin Stip. El francés se movió como pez en el agua en un discurso calmado acorde al momento de la velada, un discurso que ofrecía desde su voluminosa maleta de vinilos junto alguna mezcla desde los CDJ. Fue una actuación cargada de sonidos que tocaron palos del dub techno y del tech-house para ir aproximándose con buen tino a la alegría que produce el house con todo un clásico como el “I Feel Love” de la diva Donna Summer, el bueno de Valentin dejó la pista a punto de caramelo para el turno del gran protagonista de la noche. Recibido entre aplausos y jaleos llegó un Nico que conecto sus trastos y sin avisar dio comienzo a su actuación.

Sonido de ambiente y locura desatada, de fondo empezaba a sonar la primera de muchas a capelas que nos ofrecería el jefe de Other People en las cuatro horas de sesión confirmadas; esta vez el micro se lo dejó en casa. Brazos arriba en toda la sala esperando el fin de esa interminable subida en el inicio del set tratada con filtros y efectos que desembocaron en una buena pegada de subgraves que todos los allí presentes disfrutaron muy enérgicamente. Saltos, gritos, abrazos, sonrisas… Frenesí total. La cosa prometía, el de Nueva York bajó los bpms –como era de esperar– con la intención de llevarnos a su terreno. Los minutos pasaban rápidamente, la gente estaba disfrutando, ¡la gente bailaba a 100-105 bpms y a veces sin bombo! Les tengo que ser sincero, nunca vi algo parecido en una sala de Madrid, aquello estaba dejándome con la boca abierta. El público madrileño se rendía completamente a su discurso lento, pausado, sensual y nostálgico. Durante las dos primeras horas, el chorreo de Nicolas Jaar fue bastante aplastante. Una exhibición que tiró por los suelos todas mis previsiones, ¿quién dijo qué no se podía bailar a 100 bpms en una sala de la capital? Pues yo soy uno de ellos, pero a día de hoy ya no pienso lo mismo. Si algo justifica la tremenda fama que arrastra este músico es el lograr que el público –tanto joven como veterano– caiga rendido a su forma de ver e interpretar la música, un mérito que algunos atribuirían a los considerados como genios.

Fue una primera parte, con predominio del house y el disco, para quitarse el sombrero. Su tremenda remezcla del “What Kind Of Man” de Florence + The Machine y el “The Ego” del propio Jaar junto a  Theatre Roosevelt sonaron perfectos en esta primera mitad. Ya en la tercera hora fue donde el protagonista cogió el pitch y no lo soltó, llegó la hora del techno con el “Vitamin D” de Solpara. Y fue ahí donde comenzó la propuesta más ecléctica que jamás he bailado: techno, house, electro, balearic, ambient, reggae… Una especie de caos que cambiaba de velocidades según convenía al desatado de Nico, un tramo que, sinceramente, a mí no me convenció. Quizás por los continuos cambios de estilos que pasaban de un techno rompe pistas a una balada lenta como la que sonó a eso de las cuatro y pico de la madrugada, hay que tenerlos muy bien puestos para poner eso en esta ciudad. Ojo, ¡qué la pista entera la cantaba! La coherencia se perdía con tan exigente discurso, pero convencía al público asistente. Ver para creer, nunca mejor dicho. Lo que si me canté fueron los clásicos “El Bandido” y “Mi Mujer” de este descarado llamado Nicolas Jaar.

Se acercaban las seis de la madrugada y Nico no se fue de la cabina tal y como decían los horarios, el cierre de la primera gran noche del quince aniversario de Mondo sería con un B2B improvisado entre Valentin y el propio Jaar donde el famoso 4×4 sería protagonista. Abandoné la sala y atrás dejé a un público vibrando con el cierre. Y me fui con el dilema interno de no saber si había presenciado algo brillante o pretencioso. Lo que sí tengo claro es que se trata de una genial controversia.

Foto: Patri Nieto