“Make Primavera Great Again”. Circulaba por ahí una gorra roja que tomaba prestada la famosa frase de la campaña de Donald Trump. La ironía fue aún mayor cuando me crucé con Gabi Ruiz, director del festival, luciendo dicha gorra el sábado por la noche en ‘el escenario de los Tokens’: The Backstage. Sea como sea, este ha sido otro Primavera Grande, cuya única nota amarga ha sido la cancelación a última hora de Frank Ocean. En términos organizativos y logísticos, lo primero que me llamó la atención de esta edición fue su seguridad. Para entrar el recinto tenías que pasar tres controles de acceso, había cacheos, y en las inmediaciones encontrabas más fuerzas del orden de lo habitual. La dirección del festival aseguró que este año se había reforzado la seguridad a petición de las autoridades. Sin embargo, todo transcurrió con normalidad. Dentro del recinto se experimentaron algunas aglomeraciones, pero en general la circulación por todo el recinto fue cómoda a pesar de la gran cantidad de asistentes. Prácticamente todas las actuaciones tuvieron muy buen sonido y comenzaron con puntualidad. Los baños limpios y las borracheras felices. Aquí la crónica.

 

Jueves – Fuerza antes que máquinas

Los chicos de Discos Paradiso abrieron fuego con una ecléctica sesión y ya se pudo comprobar la potencia del sistema de sonido Bowers & Wilkins. El Desperados Club acogió los mejores sets de la jornada por la tarde. Jackmaster y Alexis Taylor de Hot Chip fueron de los primeros en prender la mecha ante un público fresco, eminentemente foráneo (los extranjeros ya representan el 55% de asistencia del festival, y en esta edición han venido procedentes de 125 países) y predispuesto a pasarlo bien. El mejor ambiente se vivió a primeras horas, y la mejor sesión la firmó el capo de Disco Halal, el israelí Moscoman, ofreciendo house selvático trufado de vocales chamánicas, techno rasposo y accesos a una especie de world music bailable, siempre con patrones rítmicos a lo new wave. Cerró su magnífica sesión con You Make Loving Fun de Fleetwood Mac y la multitud bailando con una calentura importante pese a la temprana hora. Tras él, el escenario Bowers & Wilkins perdió frescura y ganó rabia. Ya entrada la noche, Matrixxman comenzó titubeante, pero enfiló hacia las estrellas con una suerte de house esquelético y trotón, redobles de 909, bombos secos y sonido early house. El triunvirato Joy Orbison, Pearson Sound y Ben UFO no se anduvo por las ramas y despacharon, cada uno a su manera, deformaciones de future house y techno en una velada donde no se alcanzó el éxtasis en la pista, pero sirvió de perfecto calentamiento.

 

En el otro enclave del Primavera Bits, el escenario Bacardí Live, se celebraron actuaciones de todos los colores. El primer día faltó chicha, hubieron problemas de sonido y el volumen y la respuesta de graves fueron algo pobres. Muchos lives quedaron deslucidos. Sí que funcionaron las propuestas híbridas (los shows de Vox Low y Moscoman, por ejemplo), aunque los auténticos triunfadores fueron los australianos No Zu. Los han comparado con los artistas de la escudería DFA, pero en directo me recordaron a una mezcla lisérgica, discoide y gay-friendly de Madness (por la constante presencia del saxo), B-52’s y Kid Creole & The Coconuts. Ellos son un cuadro en escena. Un puñado de freaks maravillosos que se mueven poseídos por sus ritmos tropicalistas y barrocos. Adorables. En cambio la bajona del día la protagonizó el escocés Lord Of The Isles con un sonido muy fofo, un live aburrido, sin vida, y que no hizo justicia a sus producciones. Lamentablemente, los directos de Henrik Schwarz y Bicep tampoco cumplieron las expectativas a causa de los problemas de sonido. La jornada del viernes y del sábado el Bacardí Live ya carburó en condiciones.

En general, la del jueves fue una jornada donde ganó la fuerza antes que la sofisticación (bueno, si exceptuamos el exquisito recital de Solange). Uno de los momentos más excitantes e intensos lo protagonizaron Death Grips con un recital abrasivo. ¿Peligro? No tanto por la inmensidad del escenario, pero la demostración de fuerza por parte de MC Ride, el productor Andy Morin (de lejos se parecía al puto Richie Hawtin ¿no?) y el baterista Zach Hill (¡qué toñas le metía a la batería, menudo crack!) fue brutal. Empalmaban sin descanso todos los temas, Ride escupía veneno por la boca, se ponía el micro a la altura de la polla y se meneaba por el escenario como una cobra a punto de atacar. Mientras tanto el personal se arrancaba la cara con cada sacudida de ese ¿hip hop? a base de punk, noise y sonidos industriales. A su lado lo de Sleaford Mods al día siguiente pareció un concierto de La Onda Vaselina.

death grips 02 _Garbine Irizar

Death Grips fue lo más excitante de la noche junto al show de Slayer. Ni el Houllebecq más inspirado puesto de la mejor coca del Perú podría haber imaginado una imagen tan poética: ‘Slayer en el escenario Mango’. Justo después del llorón de Bon Iver además. Las leyendas del trash metal desplegaron su batería de hits ante un numeroso público que no dudó en montar un pogo como si estuviera en el jodido Viña Rock. Comenzaron con Repentless, de su último álbum, pero no tardaron en abordar sus clásicos, desde The Antichrist hasta Seasons In The Abyss, pasando por Raining Blood y terminando con Angel Of Death.

El verdadero diablo se presentó luego justo enfrente en el escenario Heineken. El amigo Richard D. James petó la explanada de Mordor. ¿Qué ofreció el genio de Warp? Pues se sacó la minga e hizo el helicóptero a la vista de todos. Lo suyo fue un ‘show tecnológico’: el escenario plagado de pantallas que alternaban garabatos desquiciados con imágenes descompuestas de las caras del público. En lo musical hizo lo que se espera de un show de Aphex Twin: combinó temas propios con material ajeno, y basculó entre ráfagas de ruido, techno enfermizo y destellos gabber con pasajes bailables e inclusos tramos que bordeaban el deep house. Pero siempre con una premisa,  a cada siete o diez minutos Richard se auto-saboteaba el set y cambiaba de géneros a la velocidad de la luz. Ya en el ecuador del show vimos en las pantallas deformaciones faciales de Chiquito de la Calzada, Punset, Rita Barberà, Jordi Hurtado y hasta Gurruchaga. ¿Los culpables? La cúpula del PS, que son unos cachondos. Leí por algún muro de Facebook que DJ Coco tiene una especial fijación por Gurrachaga. Joder ¿y quién no? Ese Gurruchaga sabe lo que se hace.

 

Viernes – Eterna juventud

“Not everything sucks today” se leía en una pancarta en el concierto de los Descendents (en referencia a su mítico álbum “Everything Sucks”). La banda californiana desplegó su galería de hits punk rock ejecutados con maestría (¡Qué bueno es el bajista! ¡Qué chepa más entrañable tiene Milo Aukerman) y demostrando que la juventud es un estado mental. Fue uno de esos shows intergeneracionales con pogos, puños en alto y cánticos desbocados. Al lado tenía a un padre y a un hijo viendo el concierto juntos, y en un momento de desenfreno el padre se puso a cantar a coro con otra chavalilla como si fueran colegas de toda la vida. Esos momentos son los que hacen grande a este festival. Y hablando de grandeza: Swans. Sólo vi los dos temas del principio (40 minutos), porque ya los había visto en su anterior visita en el Apolo y tenía otros compromisos, pero como siempre me dejaron hecho polvo. Ver a Swans es una experiencia física, su música es punzante, te oprime el abdomen, te eleva y te conduce a las emociones más primarias. Espectaculares. Dicen que esta es su gira de despedida tras su retorno en 2010. Afortunados los que hemos podido verles en acción. Yo me encuentro a Michael Gira y me cambio de acera. Mucho respeto.

Hagamos un moonwalking temporal y vayamos al epicentro del jamoneo y el bombo a negras. En el Primavera Bits a esas horas se viven otras aventuras. Horas antes Mogwai han aparecido por sorpresa en el escenario Bacardí Live para presentar en exclusiva su próximo álbum, Every Country’s Sun, previsto para septiembre, pero el primer show oficial en ese escenario es el de la prolífica canadiense Marie Davidson. Su propuesta combina spoken word bailable sobre esculturas house y ramalazos electro. Muy en la onda de Kelly Lee Owens, ofreció un buen set y además se encaró con la mesa de sonido, con un par de ovarios, para que le subieran el volumen. Tras ella, la formación de Viena HVOB desplegó su house-pop, demasiado convencional para el que esto firma, pero muy aplaudido y bailado por la audiencia. Fue demasiado contraste que después apareciese el capo de Northern Electronics, el sueco Abdullah Rashim, para vomitar su dub techno rocoso y circular. No se le vio muy cómodo en escena, iba oteando tímidamente al personal para ver las reacciones, pero le tocó lidiar a una hora complicada y en un escenario poco idóneo para su propuesta. En la carpa hubiera funcionado mucho mejor. Tuff City Kids, el dúo formado por Gerd Janson y Lauer, si que actuaron cómodos y entregados. Su directo se adaptó muy bien al contexto y pivotó entre el house de hechuras clásicas, destellos disco y alguna concesión technoide. Dejaron el ambiente muy engrasado a KiNK, el cual entró a matar y ofreció uno de sus enérgicos shows. En espectáculo (y velocidad a los mandos) nadie le gana al productor rumano.

Hago la croqueta hasta el Desperados Club y veo en la cabina a una chica en mini falda tocada con una gorra rosa chicle. Podría ser una otaku cualquiera enamorada de Jibanyan de Yo-Kai Watch. Pero se trata de Avalon Emerson. Una de las mujeres más en forma del circuito internacional. Y qué clase tiene, la DJ de San Francisco pertrechó un set muy sólido de rare house y techno alucinado, siempre mezclado con elegancia. Puso a la audiencia a tono e incluso se la ganó por completo calzando hits como el “Work It Out” de Karizma que puso del revés la carpa Bower & Wilkins. Le siguió Kornél Kovács, uno de esos DJs que creen en sí mismos y defienden su visión. Lo suyo es proponer una house party de dibujos animados, con accesos a todos los géneros posibles. Pinchó desde disco funk tórrido a la Floating Points (un Spread Love de Al Hudson que supo a gloria) hasta hits de weird house de contemporáneos como el Mrs. Bojangels de DJ Koze. Baile cachondo: es lo que queríamos. Michael Mayer subió un peldaño más la intensidad y el ritmo, pero el verdadero amo de la noche fue Âme, que actuó en formato live. El alemán facturó un set de los de morderse el labio y tocarse el paquete. Cachondo, profundo, sensual y ketamínico… dejó a la audiencia inmersa en una danza lenta y placentera. A las 04h se puso Dixon a los mandos y servidor estaba un poco escéptico. La última visita del jefe de Innervisions al Primavera Sound fue bastante decepcionante y se ganó el apelativo personal de Pijama Dixon, porque desde entonces su sesiones me parecían muy soporíferas. Pero el amigo se puso el mono de trabajo y sacó magia de la maleta. Le escuchamos house de lengüeteo, cantos tribales, melodías esponjosas e incluso latigazos techno… Imagínense la calentura que había en la Playa del Besòs que se apagó la música y muchos seguían todavía bailando a pecho descubierto.

Ame 03 DesperadosBowerandWilkins Primavera Sound 2017_AlbaRuperez

 

Venga… Algunos Bluffs

Voy a sacar el hacha un rato, que para eso me pagan y tengo detractores a los que mantener. No he comentado lo de Sleaford Mods. Es muy cool decir que te molan Sleaford Mods. De hecho molan mucho, y Jason Williamson es un crack, pero la broma de su directo ya no hace gracia. (De hecho, nunca me ha hecho gracia).  –Oh, qué punk: lanza la base y se bebe una birra– Y menos cuando tocas en un escenario inmenso delante de miles de personas. La propuesta de Sleaford Mods es excepcional en disco (sus letras, su visión, su particular fusión del hip hop con los códigos del mod-punk), pero estaría mejor si replantean su propuesta de directo y apuestan por crecer ahora que lo tienen todo de cara. ¿O es que no molaría acaso contar con una banda de punk de verdad que replique sus bases en directo? ¿Acaso no sonaría todo más excitante y no nos aburriríamos a mitad del set? Sería la polla. Estoy seguro. Es difícil decantase por ellos, sobre todo cuando compiten a la misma hora que esa apisonadora llamada Run The Jewels.

Más hacha: Metronomy. Menudo bluff de banda. Frágiles, insípidos y sin pegada. Su propuesta funciona en disco por la sobre-producción (sólo me gustan sus hits) pero en el escenario Mango no dieron la talla como headliners.  Más hachas: Royal Trux. ¡Joder! Puedo aceptar un bolo así en el Casal Okupa de Vallcarca, pero no en el jodido escenario Primavera del festival. Qué retorno tan poco inspirado. Su rock & roll siempre fue deslavazado y cenagoso, pero lo que ofrecieron en el PS rozó el ridículo. Sólo faltaba ver a un perro sin collar paseándose por el escenario y un cartón de vino sobre el ampli Marshall.

Última hacha: The xx. Sé que el problema es mío, pero a esta banda no la pillo por ningún lado. ¿Alguién en la sala con el mismo problema?

 

Sábado – Talabot se convierte en leyenda

Si hay un protagonista absoluto en la jornada del sábado ese es John Talabot, (con permiso de Grace Jones y su tremendo outfit rollo El Rey León y ‘el negro del pollón’ que hacía pole dance). El DJ catalán ya se ha convertido en un clásico del festival como lo son Shellac o DJ Coco. Ya lleva unas cuantas ediciones seguidas actuando y su sesión del sábado, enmarcada dentro del showcase de Hivern, fue el momento culminante de la excelente programación (y producción) de la carpa Bowers & Wilkins. Del show de Hivern me quedo con el set del barcelonés JMII, que desarrolló un discurso más duro de lo que es habitual en él, al menos del sonido que edifica en sus producciones, y supo leer muy bien lo que quería la audiencia a esas horas. Young Marco también ofreció una gran sesión. Al DJ holandés se le notan las horas de oficio. Comenzó lentamente, sin prisas y con gran serenidad, edificó una sesión muy sólida que fue picoteando en varios estilos: desde jazz house florido a lo Joe Claussell, pasando por africanismos como el Madan de Salif Keita, house heterodoxo y apuntes de disco music para introducir el set más esperado de la noche: el de John Talabot. Cuando el barcelonés apareció en escena, la carpa ya estaba a rebosar. Y como es habitual no defraudó: sonaron desde el acid edit del Windowlicker hasta el Everybody Dance de Chic para regocijo de la multitud, y ofreció una sesión festiva, mezclada con una elegancia y pulcritud digna de los más grandes. Con él llego el éxtasis total. La única pega que pondría a la programación de la carpa Bower & Wilkins de este año es la ausencia de más sesiones de música disco a altas horas de la noche. Porque la de John Talabot funcionó a las mil maravillas ¿Qué tal un DJ Harvey para el año que viene? O un Hunee, un MCDE… Ahí lo dejo.

John Talabot Disco Set 02 Desperados Club feat Bowers & Wilkins Sound System Primavera Sound 2017_Dani Canto

Tampoco hubo hedonismo disco en el escenario Bacardí Live el sábado, pero sí dos actuaciones rompedoras a medianoche: los lives de Huerco S. y GAS. La organización se la jugó programando ambos shows a esas horas, pero a nivel sensitivo supusieron una agradable desconexión. Lo de Huerco S. fue como caer absorbido por arenas movedizas: pasajes de sonidos turbios, descargas de ruido blanco y esculturas poliformes que se debatían entre lo sintético y lo orgánico. Por su parte Wolfgang Voigt presentó los últimos temas de Narkopop, su vuelta al ruedo editorial con su mítico proyecto GAS, y su show ofreció momentos de gran belleza, sobre todo al escucharle y contemplar la gran central térmica del Besòs a sus espaldas que ayudaba a imaginar un mundo futurista y distópico. Una de las grandes actuaciones de la jornada la firmaron Ferenc, el dúo formado por Maxi Ruiz y DJ Fra. Presentaron nuevo material (que verá la luz en teoría en el nuevo sello Nitsa Traxx) y sonaron poderosos, bailables y muy gambiteros. Fueron de los pocos que acompañaron su show con proyecciones y dejaron un gran sabor de boca. Ojo con ellos que lo pueden petar. Al otro lado del puente, a esas horas turbias, los incendiarios !!! (Chk, Chk, Chk) oficiaron una de las actuaciones más brutales del festival (aunque demasiado corta, prácticamente 45 minutos…). Repasando algunos clásicos de su mejor época, la de Louden Up Now, aunque incidieron bastante en su repertorio más actual y espumoso (Freedom, One Girl/One Boy). Aún así, ofrecieron el mejor fin de fiesta posible de otro Primavera para el recuerdo.