La diferencia entre una buena sesión y una mala no está en el tirón del cabeza de cartel, el precio de la entrada, en el ambiente… ni siquiera en el club o garito de turno. Tanto en el clubeo como en la fiestas puntuales, lo que coloca a tu fiesta en el firmamento de la noche son unos buenos residentes o unos buenos teloneros. Porque una fiesta es mucho más que un gran artista planchando temazos. Los residentes son los encargados de tomar el pulso a la sala; de darle coherencia interna a la noche; de firmar la editorial musical a un evento que se promete único en la siempre nutrida oferta madrileña.

Ser residente no es nada fácil. Como no lo es ser gregario en el ciclismo. Aunque el espíritu de equipo acabe siempre primando por encima de todo interés individual. Ningún ejemplo podría ilustrar mejor qué es ReClub Xtra Series, que si de algo puede presumir es de la coherente de su sesión. Sin altibajos, sin calentarse la boca, el invitado especial estatal y el residente, Javier Moreno y Simón García, respectivamente, convirtieron su trabajo en un arte. Hace no mucho leí que el warm up era un rara avis en peligro de extinción. Ese punto calmado pero tenso en el que el buen dj nos invita a movernos, hace latir nuestro corazón, nos incuba la voluntad y nos mantiene en una tensión argumentativa como en esas buenas películas en las que no sabes quién es el malo hasta el último frame del filme.

Desde los primeros momentos encontramos una prominencia de los bombos. Esa forma de sentir la presión en el pecho que se apodera del latido de tu corazón y que es la esencia misma de la noche. El principio irreductible. Y es que no hay mejor calentamiento que unos bombos alegres, firmes, de esos que generan atmósfera y minimalizan la esencia de club al componente musical. Con una templanza propia del que lleva años batallando en las cabinas, la sala fue tomando un color y un calor de un personalismo extremo. El baile ya estaba incubado, fermentándose en el hipotálamo del respetable. El paso a líneas más cálidas fue el punto de inflexión de la sesión. Allí donde los expertos cluberos hicieron una inmersión profunda. El ritmo y la síncopa se adueñaron de una sala que disfrutaba con esa esencia deep, distante de la relajación y la tensión argumentativa del techno más misceláneo. La llegada de tINI se presagiaba conforme avanzaba el warm up, donde se pasó del punto más personal y férreo del residente y del invitado especial a unas líneas prístinas que estaban enfocadas a dar paso a la estrella de la noche pero sin restarla un ápice de protagonismo. El público ya estaba caliente y listo para la batalla final.

Esta intachable editorial musical se unió a un ambientación que convirtió a Maxime en un auténtico club. Daba la sensación de estar en un Sankeys, en un The Villa, en un Air… Alma de club atrapado en un cuerpo de discoteca. Y encontrarte con un cartel a la entrada que te invitaba con arte a no hacer fotos, no filmar y pasar del móvil, es toda una declaración de intenciones.  Por fin alguien que quiere que el personal se centre en la música y no en tuitear el evento y granjearse un par de followers por el camino. Pero lo mejor del todo no es que el público aceptara de buen agrado esa premisa. Es que la gente ya lleva dentro ese gen del clubero de pura cepa. ReClub se lo canaliza. Gente curtida en mil y una noches que disfrutan de ese ambiente de club tan escaso en Madrid y que encontraron en la antigua Danzoo un espacio donde bailar cómo más les gusta: agachando la cabeza y mirando a los pies.

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De tINI ya está todo dicho. Qué decir que pueda sorprender lo más mínimo de la que es una de las mejores DJs del circuito ahora mismo. La muniquesa tenía al personal a punto fruto del trabajo de los teloneros. Solo tenía que ser ella misma para reventar la sala. Dicho y hecho. tINI desplegó sus eclécticos encantos musicales, esos que la permiten teñir el techno alemán de los más sensuales ritmos del house francés para luego regalarnos un trampantojo de deep vestido como el techno house más clásico. Cajas, ritmos y bombos en una secuencia sempiterna que te mueve por la sala con delicadeza y elegancia. Pero sin piedad. Los grandes djs del mundo suelen adolecer de grandilocuencia. Una suerte de yo he venido a hablar de mi libro hecho música. En una mezcla casi perfecta de repertorio definido e inmaculada lectura de pista, la germana supo moverse y hacer mover al público. Ritmos rotos, melodías acolchadas y etéreas y una capacidad para sorprender al público que mantenía la atención de todo amante del mejor techno alemán tintado de nu-disco y deep.

Quién quiera espíritu de club en Madrid y haya andado perdido este finde, que piense en ReClub para la siguiente la jugada. Porque pasarlo bien, gozar de un buen ambiente y tener toda una noche de buena música es cada día un poco más posible en la capital. Pero sin duda no se puede hablar de la noche sin destacar el ambiente de club que generó el público allí presente. Una sesión en la que el buen rollo y la buena onda predominan. Un ambiente plural, alejado y diametralmente opuesto a los ambientes que este tipo de estilo suele congregar en Madrid y sus alrededores. Gente que busca un producto de calidad y que sabe que entregarse y formar parte de una gran familia es la clave para la supervivencia de una escena de club sana, interesada en la música y en la que sentirse a gusto, como en casa.