Siempre se ha dicho aquello que un crítico musical es un músico frustrado, y no seré yo quien rebata tal afirmación, pues en mis tiempos mozos, sí, yo también formé parte de un par de grupos. Muy malos ambos. Y además éramos muy vagos, y así, como bien sabéis, no se llega a ningún sitio. Pero vamos, que no siempre se cumple esa regla no escrita. Hay gente que lo que le gusta es básicamente escribir, y ahí es donde quería yo llegar. Que está muy bien que quieras plasmar tus impresiones, pensamientos e incluso desbarres mentales en la crítica de un disco, ¿pero hace falta que esas reseñas (o críticas, llámenlas como gusten) sean tan extensas que casi se tardan tanto en leerlas como en escuchar el disco en cuestión? De acuerdo que en ocasiones es positivo el explayarse en caso de necesidad, siempre hay recovecos a los que una buena crítica te puede hacer llegar tras haberla leído, pero de ahí a que para un disco de diez canciones tengas que llenar dos páginas y media del Word para explicarlo, hay un paso. Y grande.

Tampoco es que me gusten las reseñas de discos que despachan el trabajo a base de lugares comunes, frases manidas y extractos de las notas de prensa (esto último pasa muchísimo más de lo que os gustaría creer, amigüitos), pero como decía el filósofo aquel (no me acuerdo del nombre, que tampoco es que ganara ningún Balón de Oro, así que a quién le importa), la virtud está en el término medio. Y más hoy en día, tiempos en los que el déficit de atención ya no es exclusivo de niños revoltosos a los que se les medica hasta que parecen muertos vivientes (Hola Ritalin, hola Bart Simpson), si no que hasta al más pintado le cuesta mantener la atención en un punto fijo. Infoxicación le llaman. Toma palabrita. Ah, los neologismos. Pero, a lo que iba, que tampoco creo que sea necesario hacer un análisis exhaustivo de cada nanosegundo del disco, citando y exhibiendo tu alta cultura musical y sobre todo tu amplio vocabulario, cual Brother Mouzone de la crítica musical. Porque, amigos y compañeros en el zarrapasotroso mundo de la crítica musical, lo importante sigue siendo lo que se escucha. Que está muy bien darle aires de literatura a este maltratado medio, pero pajas las justas, y últimamente veo que, o a algunos les hace falta un poco de cariño y human touch, que diría el Boss, o es que se han creído que ellos y su palabra (que algunos creen que es ley) es más importante que los artistas de los que hablan. Muy mal, a eso se le llama soberbia, aunque prefiero decir que son unos engañaos.