Vinculado desde hace tres años al sello Cómeme (fundado por Matías Aguayo), Sano produce influenciado en buena medida por los sonidos latinos que rodean parte de la cultura de su Colombia natal. Allí organizaba unas fiestas clandestinas llamadas “Perro Negro”: “El Club Perro Negro evoca el espíritu sub-urbano y marginal que se quedó atrás con la idea de la ciudad moderna, desarrollada e innovadora. Tomamos prestado el nombre de un mítico bar de los años 60 donde se reunían ladrones, guerrilleros y prostitutas a bailar salsa y tomar aguardiente”.

Ahora, ubicado en Barcelona desde hace más de un año, acaba de terminar un nuevo trabajo que verá la luz en octubre y que es el resultado de una colaboración junto a Gregorio Gómez (Gladkazuka) y Matías Aguayo.

¿Cuándo y cómo empiezas a entrar en contacto con la música electrónica?

De chico me regalaron una radio, era el año 1989 y Technotronic hacia lo propio con el Pump Up The Jam.

¿Cuándo y por qué te mudas a Barcelona?

Hace 18 meses llegué. Vine buscando a mi compañera de aventuras, ella se había marchado de Medellín un año atrás.

¿Cómo entras en contacto con Cómeme?

En Colombia, durante diferentes visitas entre 2006 y 2011 conocí a Avril y Matías.
Ellos fueron a bailar a Medelink y al Club Perro Negro y ahí nos hicimos amigos. Mi música llegó a sus manos y ahí comenzó una relación de trabajo que me ha llevado de aquí para allá en los últimos años.

¿En qué crees que te identificas más con el sello y cuál crees que es la esencia del sello?

La esencia de Cómeme reside en la diversidad: de ideas, de lugares, de personas, de historias, de referentes, de influencias, de miradas del mundo. Ahí me encuentro con todos ellos, en la diferencia.

Tus sesiones (y también tus producciones) aunque son muy de club, siempre tienen un toque de luz o algunas estructuras de ritmos latinos… ¿Cuánto del contexto o el lugar en el que vive un artista crees que se cuela en la música que hace?

Somos lo que comemos, dicen unos. Los músicos, somos lo que escuchamos y así evitar influenciarnos por nuestras raíces es casi imposible. La cadencia latina viene conmigo, con la salsa, con la cumbia, con la champeta. En la pista es muy refrescante tener un poco de soltura en medio del acostumbrado grid 4×4.

¿Y esto mismo, pero a la hora de percibir la música…? Es decir, Cómeme es uno de los sellos que se mueve por lugares más dispares, ¿se nota la recepción entre diferentes geografías?

Si! Y de maneras misteriosas. Por ejemplo, si pienso en el EP del también Colombiano Dany F como un universo, puedo entenderlo y sentirme familiar. No puedo decir lo mismo del EP de la alemana Lena Willikens o de la rumana Borusiade o del mismo ruso Phillip Gorbachev. Allí tengo que hacer un mayor esfuerzo para digerir sus piezas y sentirme familiar con ellas.
En tu caso, ¿qué estilos apartados de la electrónica te sirven como referentes o puntos clave a la hora de crear o de dejarte influir?

En la toda la cultura afro-latina encuentro mucha inspiración: en la salsa, la champeta, el reggaetón, el merengue… De allí nutro mis ideas con el vacile, la espontaneidad, el swing, el lo-fi, la recursividad, los pocos elementos…

Llevas tiempo afincado en Barcelona, ¿Cómo ves el circuito electrónico de Barcelona en comparación con Medellín?

Es difícil compararlas. Barcelona es una capital musical ya constituida, con míticos clubs que abren todos los días, grandes festivales, tiendas de discos, programación diurna y nocturna todo el año y para todos los gustos.

Medellín es una ciudad en crecimiento, con un circuito de eventos importante pero muy jóven para compararse con Barcelona.

Y en cuanto a normativa, como parte de la organización de las fiestas clandestinas “Perro negro”, ¿cómo ves Barcelona? ¿hay mucho margen de movimiento en este sentido o poco?

En Barcelona no tienes que “esconderte” para bailar hasta el amanecer. Si el club Perro Negro abriera en Barcelona lo haría en el Moog.

¿Cuál era la idea principal u objetivo de estos eventos?

El Club Perro Negro evoca el espíritu sub-urbano y marginal que se quedó atrás con la idea de la ciudad moderna, desarrollada e innovadora. Tomamos prestado el nombre de un mítico bar de los años 60 donde se reunían ladrones, guerrilleros y prostitutas a bailar salsa y tomar aguardiente. Encendimos luces rojas en la improvisada pista de baile y bailamos hasta que quisimos.

La selección musical, la locación y el soundsystem son los detalles más importantes de una noche en El Perro Negro. Por cierto, el Club Perro Negro abre sus puertas una vez más este mes de Julio.

¿En qué te encuentras trabajando ahora mismo y qué planes de futuro inmediato tienes?

Un nuevo álbum verá la luz en octubre. Es una colaboración con Gregorio Gómez “Gladkazuka” y Matías Aguayo. Llevamos 2 años produciéndolo y ahora ya está en la prensa de vinilos. Lo grabamos en Colombia y lo terminamos en Alemania. Son 10 cortes de sicodelia tropical, jack latino y acid salsa.

Un EP para 2016 también se termina de cocer por estos días.

Y ya para terminar, ¿qué otros artistas del Electrosplash recomiendas o tienes intención de ver?

Los Gameboyz y Zombies en Miami son dos de mis actos recomendados.