Recelo bastante de las reseñas porque desde que puedo encontrar los discos gratis, no necesito que alguien me avise de si es ‘bueno o malo’ antes de gastar mi paga, y desde que muchas disqueras los suben a youtube, tampoco necesito que alguien me diga ‘a qué suena’.

 Por lo tanto voy a intentar hacer una reseña del nuevo disco de James Ferraro evitando describiros a qué suena y conteniéndome para no decir si es bueno o malo. (En mi mundo ideal de reseñas, las puntuaciones que pretenden ser serias están prohibidas porque son posiblemente la mierda más absurda del mundo).

 Al lío:

Creo que el disco de James Ferraro es lo más parecido a la realidad virtual que existe en la música contemporánea. Esa frase tan tocha es en un 70% una chorrada, pero dejadme que elabore:

Con Far Side Virtual, Ferraro Rocher nos teletransportó al internet de 1997. Sonaba como las canciones más prendidas que podía contener un Windows 95, y a través de samples y voces robóticas, James consiguió crear un mundo imaginario, construido a partir de nuestro recuerdo actual. Far Side Virtual y el vapor iban de la mano porque coincidieron en un momento en el tiempo en el que Internet empezó a tener historia: en el que oscuras páginas de geocities o de la wayback machine o incluso nuestros propios Facebooks podían revisitarse como el que explora unas ruinas.

Mientras el #netstream discutía la ‘reapropiación cultural de Miley Cyrus’, gente como James Ferraro o Fatima Al-Qadiri jugaban con la idea de la reapropiación de la historia o más bien, del tiempo. Fatima Al-Qadiri y Sophia Al-Maria con su teoría sobre ‘Gulf Futurism’ y Ferraro con su exploración de los politonos del móvil y la ‘musicalización’ (esa palabra existe?) de la mayor expresión cultural del capitalismo: la muzak o música de stock.

James Ferraro ha dado con la forma de crear una versión sintética y artificial del pasado. Igual que hoy en día bares del hemisferio norte se decoran con versiones artificiales y sintéticas de lo que el imaginario occidental considera que es ‘el Caribe’ o el ‘Trópico’, James Ferrari hace lo propio para encapsular un momento y lugar en el tiempo.

En Skid Row se trata de Los Ángeles en 1992.

El disco y su sonido no parodia ni imita la música de aquel entonces, sino que parte de su imagen fabricada (películas ‘realistas’ de la época como Colours, o la cobertura mediática de casos como la paliza a Rodney King o el juicio a O. J. Simpson) y la desarrolla desde nuestra perspectiva actual.

Creo que lo más interesante del disco más allá de su música es la elección de ese tiempo y lugar en concreto. Creo que es interesante que a la hora de hacer su descripción del Los Ángeles contemporáneo, James Ferraro elija la época de su historia en la que la violencia racial y su exposición mediática alcanzaron su punto más conflictivo.

La violencia racial en la ciudad de Los Ángeles se remonta a cuando los estadounidenses le arrebataron la ciudad a México, declararon no-ciudadanos a todos los hispanos y los indios perdieron el estatus legal de humanos. Por lo tanto, los linchamientos a mexicanos o negros por parte de una élite protestante es algo tan antiguo como los propios Estados Unidos. La novedad de Los Ángeles en 1992 es la mediatización de los eventos, su exposición mundial y por lo tanto, que por primera vez en más de 150 años, esa violencia por fin quedase inscrita en la Historia.

James Ferraro re-visita esa parte de la Historia y juega con ella para llamar nuestra atención hacia el presente, hacia la violencia policial contemporánea contrastada con su ‘origen’ hace 23 años. Plantea en la superficie un acercamiento de la realidad socio-cultural del 2015 a la de 1992 que encaja y suena tan bien que debería resultarnos inquietante.

Como hizo con Far Side Virtual, parte del énfasis de Skid Row está puesto en la tecnología: llama la atención del oyente hacia los sonidos electrónicos tan característicos de finales de los 80, principios de los 90. En Skid Row, la distorsión ‘lo-fi’ y los sonidos de las máquinas no son accidentes ni consecuencias de grabar en un estudio barato con equipo anticuado: son piezas artificiales que construyen un decorado; un poco como las plantas en una jaula del zoo.

Hemos alcanzado un punto en la evolución tecnológica en el que somos capaces de grabar no sólo el sonido, sino el espacio. Como parafrasea Jake Downs en Noise & Silence, una grabación en la Capilla Sixtina no capturaría solo la melodía, sino también todos los indicadores espaciales de la habitación donde fue grabada. A través de varios sound bites de telediarios, testimonios y voces computerizadas, James Ferraro nos emplaza constantemente en un espacio imaginado: en una recreación virtual de Los Ángeles, 1992, que nos queda peligrosamente cercana.

Escribiendo sobre todo el tema de haber llegado a la fecha futurista de Regreso Al Futuro, Sam Kriss comentó:

“Present-day reality is reconstituting itself to look more like a fantasy artifact from the past. A vision of a dystopian future paid for and promoted by Nike and Pepsi melds almost seamlessly into an actual dystopian present paid for and promoted by Nike and Pepsi”

Ferraro Rocher plantea algo parecido: Skid Row no describe un futuro apocalíptico, sino un pasado y presente distópico.