Del salvajismo de Vessel al apoteósico show de A$AP Rocky (con pirotecnia incluida) pasando por los cambios de look de Róisín Murphy (con outfit de castañera en el lote). He aquí nuestra crónica del viernes en Sónar. Por Diego G. Murua, Álvaro García Montoliu y Alicia Álvarez.

Noir Noir (Sónar Hall)

Aunque no se pueda calificar como “para todos los públicos”, es una pena que la actuación de Noir Noir reuniera a tan poca gente en el SonarHall. Algunos curiosos intentaban en vano distinguir el rostro del hombre de larga melena que se ocultaba entre humo tras un altar. Su show es hermético y no hay mucha información biográfica por la red, pero es obvio que bajo el alias Noir Noir se encuentra un amante del sonido industrial, el metal oscuro y el esoterismo. Como si Varg Vikernes se hubiera asociado con Trent Reznor, las voces guturales en directo inundaban entre ecos el recinto y encajaban perfectamente con unas bases de electrónica asfixiante y unos visuales sobrios. Reinó la oscuridad, partiendo del sonido, por supuesto, doblemente negro. Al acabar, Noir Noir agradeció tímidamente y desapareció en una nube de humo sin apenas ser visto, como no podía ser de otra forma. (Diego G. Murua)

EVOL (Sónar Complex)

Si sus creaciones son una deconstrucción de la música rave, podría decirse que lo de ayer fue una pieza de arte que hacía lo propio: desmembrarla en diferentes capítulos. Roc Jiménez de Cisneros y Stephen Sharp, (a quienes no es muy habitual pillar juntos en un escenario) arrancaban su actuación en Sónar con una tanda de bucles infinitos, su “computer music for hooligans” (como ellos mismos la describen) fue adhiriendo capas hasta llegar a crear un sonido fuerte, robusto, en línea continua y no apto para todos los públicos. Tal y como ocurría en Sónar 2013, en los últimos minutos, la figura de una persona disfrazada de conejo hacía aparecía en el escenario desde las butacas; eso sí, esta vez en lugar de bailar desenfrenadamente (como en 2013), su apariencia era cansada, como si llevara desde el lunes pasado de ferias electrónicas, quizá reflejando ese último paso de esa deconstrucción de la cultura rave: la post-fiesta.  Sentado en una silla, mirando hacia EVOL, algo inquieto, pero seguramnete con pocas ganas de que la música del dúo dejara de sonar. Lo mismo que nosotros desde las butacas. (Alicia Álvarez Vaquero)

Redinho (Sónar Village)

Está más que demostrado que los sintes y los rayos de sol combinan a la perfección, pero por si aún había dudas, Redinho lo confirmó nuevamente ayer en el césped del SonarVillage. A pesar de lo que picaba el sol a primera hora de la tarde, al londinense le bastaron las primeras notas de su talkbox para que los fans más fieles se juntaran bajo la cabina. Redinho trajo el funk bien actualizado en su teclado y encarnado en dos valiosísimos coristas y ya a primera hora de la tarde sació las ganas de bailar de los más impacientes con un repaso a su álbum homónimo de 2014 y trabajos anteriores. (DGM)

Vessel (Sónar Hall)

Lo de Vessel fue algo que rozaba lo sobrecogedor. Ese techno aplastante y violento del que hace bandera en “Punish, Honey” (Tri Angle, 2014) hizo temblar el SonarHall de una manera salvaje. Así llegó al festival Sebastian Gainsborough, asalvajado. Con un directo bastante más fiero del que hemos podido ver en otras ocasiones, como si hubiera quedado con nosotros en esa sala para debatirse en algún tipo de duelo. En la parte de los visuales (una maravilla que eleva lo estremecedor de su sonido), imágenes en blanco y negro a modo de película de terror, cuerpos desnudos, gestos maníacos. Y mientras tanto, el artista permanecía bien agarrado a la mesa de sonido, agitando tan solo su cuerpo, sin mover las manos, como si estuvieran atadas, como si estuviera tomando de su propia medicina. Un castigo exquisito, de placer extremo. (AAV)

Teengirl Fantasy (Sónar Dome)

Puteado por todos los mensajes que me llegaban al WhatsApp de lo mucho que lo estaba petando Vessel, me fui al Dôme a ver a Teengirl Fantasy. Y fui un poco a regañadientes. Esperaba esa electrónica amable pero con toques retro que le valió su entrada a R&S. Vamos, todo lo que desplegaron en el interesantísimo “Tracer”, con colaboraciones de Kelela, Panda Bear, Laurel Halo y Romanthony. Pero este dúo, que se conoció en la prestigiosa Oberlin College, tiró desde el principio de un techno 4×4, rotundo y sin fisuras que hizo bailar al respetable y que, una vez más, demostró que no importa la hora ni el sitio, la gente lo que quiere en Sónar es jarana. Acompañados por unos visuales tan entrañables como horteras, que recordaban a esa época rave que tanto reivindican, la pareja fue poco a poco acercándose hacia unos ritmos rotos y unos sonidos más agresivos. El único rastro de voz lo dejaron para el final. No era lo esperado, pero diríamos que convenció más con esta propuesta más contundente. (Álvaro García Montoliu)

Owen Pallett (Sónar Village)

Muchos se preguntarán qué coño pintaba Owen Pallett en el Sónar y en un escenario abierto a plena tarde. Su propuesta entra más en un anfiteatro, está claro, y hasta él mismo se sorprendió de que la gente fuese al festival a ver a un tipo tocar el violín. Pero es que este genio canadiense, arreglista y miembro de gira de, por ejemplo, Arcade Fire, encandiló a los ahí presentes con ese pop arty y de fantasía (por algo antes se llamaba Final Fantasy hasta que la empresa de videojuegos le amenazó con pegarle un puro). Él, armado con su violín, un teclado y unos pedales para los pregrabados, y secundado por un batería y un guitarrista, se puso al público en el bolsillo por ofrecer una propuesta diferente y, sobre todo, fascinante. Su repertorio no difirió mucho del que ofreció el pasado diciembre en el Apolo y, como punto álgido cabe destacar esa “The Riverbed” que gracias a un buen bombo se ganó el clamor de la gente. Y es que piezas como ésta, de marcado acento electrónico, son quizá lo que más ha llamado la atención a los programadores del festival. (AGM)

Kate Tempest (SonarHall)

Kate Tempest se ganó el favor de la crítica con “Everybody Down” el pasado 2014. Aunque ser mujer y blanca en el juego del rap es todavía una etiqueta para bien o para mal, las reseñas del álbum se centraban en dos puntos: su poesía interiorista y el mecenazgo del respetado sello inglés Big Dada –subsello de Ninjatune al mismo tiempo-. Desde hace ya tiempo viaja respaldada por una banda y ayer su ensayado directo a media tarde convenció a quienes no sabían de su existencia ni les interesa el rap. Sonaron “Lonely Daze”, “Circles”, el grueso del “Everybody Down”, y “The Truth” a capela sin tropezar ni una sola vez en la respiración, con la consecuente ovación generalizada. Durante una hora intensa Kate Tempest pasó del spoken word a los ritmos acelerados que tanto se estilan en su South London natal sin despeinarse. (DGM)

Arthur Baker (SonarVillage)

Hace unos años vino al SonarVillage, cuando aún estaba en la plaça de Joan Coromines, toda una institución como Daniel Miller. Del capo de Mute se esperaba una sesión cargada de oscuridad, vinilos perdidos de synth-pop y algo de EBM. Pero no, tiró de un techno facilón que, sin duda, fue una de las decepciones de esa edición. Arthur Baker, todo un referente en esto de la música de baile a su manera, era una contratación parecida. Y, con este referente, intentamos mantener la excitación controlada. Pero no, ese señor barbudo y de greñas desaliñadas hizo lo que todos esperábamos, dar una lección de historia, esa historia de la que él forma parte,  y hacer bailar al público con su infinita sabiduría. Para cerrar su corta sesión, que se tuvo que parar unos instantes por problemas técnicos, escogió uno de esos grandes clásicos que él produjo años atrás, ese mítico “I.O.U.” de Freeez que hasta jóvenes generaciones como Jamie xx samplean. (AGM)

Kiasmos (Sónar Hall)

Kiasmos es la unión de Ólafur Arnalds y Janus Rasmussen, dos músicos islandeses aparentemente opuestos pero que han sabido conjugar sus respectivos lenguajes para crear una música de un poso emotivo fascinante. El primero, conocido de la casa, es compositor de bandas sonoras, por ejemplo, de la aclamada serie “Broadchurch”, pero une su clasicismo con ciertos toques pop (no en vano, su último largo cuenta con la participación vocal de Arnór Dan. El segundo se mueve más por el pop electrónico. Juntos hacen lo que vendría a ser un techno altamente melódico, casi emo, que hemos escuchado mil veces, especialmente de la mano de productores de Kompakt como Jonas Bering, Kaito o Superpitcher, pero sin ínfulas. Es decir, un rollito muy bonito, ligeramente bailable y bastante apetecible a última hora de la tarde. Lo dicho, no inventan la sopa de ajo, pero con savoir faire le dan un toque de clase. (AGM)

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Squarepusher (Sónar Hall)

Puede que Squarepusher no llegue en su mejor momento. Tampoco es un reclamo tan fuerte como sus compañeros de sello Autechre por aquello de que ya está más visto que el TBO. Pero aunque Tom Jenkinson ha lanzado recientemente un álbum que los fans de toda la vida han puesto a caldo por aquello de aproximarse a la EDM, eso sí, con cierta distinción, no como un productor cualquiera con disfraz de ratón, su actuación en el Hall fue bastante menos sofocante de lo que cabría esperar. Prometían una puesta en escena espectacular y lo cierto es que tampoco fue para tanto. Algunos advertían que su nuevo show era un desfase de estrobos que podía causar epilepsia a cualquiera, pero, lo dicho, menos asilvestrado de lo esperábamos. Y, la verdad, qué más da. El show fue pura música y el inglés tiró de ese drill’n’bass que le ha hecho toda una institución de la electrónica y que era lo que básicamente todos los que se acercaron ahí querían oír. Sin ser nunca santo de mi devoción, el tipo demostró que es un auténtico dios.  (AGM)

Blastto (Sónar Club)

El comienzo de la sesión de Blastto fue relajado, hipnótico. Con una atmósfera envolvente que dejaba entrever un halo de peligro, una intuición en clave oscura. Poco después entraba ese tremendo edit de Kingdom titulado “Sipping Choral” (Fatima Alqadiri X Gangsta Boo).  Con buena parte del público luciendo ya camisetas de A$AP Rocky, el de Brrrrrap supo adaptarse perfectamente a lo que llegaba después (la actuación del rapero neoyorquino) y se marcó una sesión cargada de grime y trap, con ambiente trancero. Eso sí, esencia ravera. Blastto es esencia ravera siempre. Hace algunas semanas, Time Out Londres se hacía eco de un showcase del sello al que está vinculado (Heka Trax, fundado por Nightwave) y en el breve texto, a modo de presentación del artista, podía leerse: “spanish rave hero Blastto”. Y nosotros lo reafirmamos, de hecho ya lo sabíamos. Raverismo futurista. (AAV)

A$AP Rocky (Sónar Club)

Lord Pretty Flacko Jodye merecía la puesta en escena de ayer para presentar “At Long.Last.Asap”, su último y celebrado álbum. Llegó la medianoche y el SónarClub se tiñó de rojo, A$AP Rocky descendió la escalinata triunfal apoyado por dos hombres más en el micro. Subía de nuevo las escaleras y el público botaba con “M’s”. Bajaba y la gente enloquecía con “Multiply”. Humo, cañonazos de papel y pirotecnia mientras, a ratos, los espectaculares visuales se teñían de luces moradas, las voces se distorsionaban y el pitch se hundía hasta abajo. Misteriosamente no hubo recuerdo alto y claro (y corríjanme si me equivoco) para A$AP Yams, su amigo y socio fallecido a principios de este año, pero sí hubo un espacio gigante en el proyector para el encarcelado Max B, la promesa truncada de NYC. Rocky transformó “LSD” en una preciosa balada con micro de crooner, activó la serotonina de los allí presentes y se fue como un rey. Horas después reapareció en el escenario seguido de una larga cohorte femenina para poner el colofón final al show de Skrillex con “Wild For The Night”. (DGM)

Róisín Murphy (Sónar Pub)

Ay el drama. Siete años para ver a la irlandesa otra vez en directo y la tía hace lo que le sale del coño. Pero vamos a decirlo claro: olé ella. Con 20 años de carrera a sus espaldas, primero en Moloko y más tarde en solitario, esta divaza se ha ganado el derecho de hacer lo que quiera. Que sí, que hubiesen querido más de esa maravilla que es “Overpowered”, que podría haber recuperado pelotazos de su anterior banda o colaboraciones sonadas como la de Boris Dlugosch, pero no, ella tiró de su nuevo álbum, que es más finolis que de costumbre y en vez de volvernos locos como todos queríamos, nos hizo contonear y menear las caderitas ligeramente. Vamos, que lo suyo quizá hubiese encajado mejor de día y no tanto a primera hora de la noche. Pero a su favor hay que decir varias cosas: su banda es de 10 (que aprenda el amigo Kindness), ella es una auténtica estrella que iba más o menos a modelito por canción (el más celebrado, el primero, en el que parecía una castañera) y que supo enlazar dos singles más o menos recientes que formaron el núcleo duro de la mitad de su set, “Simulation” y “Jealousy”, y que por momentos nos hicieron desfasarnos un poco. (AGM)

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Powell (SonarCar)

SonarCar fue ayer uno de los escenarios más potentes de la noche. Su mejora en la parte estética y sonora se vio reforzada por el hecho de haber albergado algunas de las mejores actuaciones de la jornada nocturna como Randomer o el propio Powell. El británico llevó hasta el festival su “Club Music” (Diagonal Records, 2014), pero no sólo el EP, también el concepto, su propia visión de la música de baile. Muy particular, muy propia. Su sonido es provocador, agresivo, industrial, de toque primitivo. Y lo que pide son bailes primitivos. Primera fila, sudores, chavales sin camiseta iluminados por flashes en busca de ataques epilépticos y humo artificial. Lo que hizo ayer Powell fue una lección de techno con olor a nuevo en toda regla. Con un momentazo en particular: el del desenfreno en la pista cuando sonó “So We Went Electric”. (AAV)

Sophie (SonarLab)

Quienes vimos a QT y a Sophie pululando juntos por Sónar el jueves, intuíamos que la chica de la bebida energética de PC Music podría hacer acto de presencia en el escenario cuando fuera el turno de su compañero de sello. Y así fue. A mitad de sesión, con esos aires de diva en clave de realidad virtual, QT enseñaba su lata de refresco y lo bebía como si fuese un anuncio publicitario. De la misma manera en que lo hizo en aquella Boiler Room del SXSW. Acto seguido, “interpretaba” (en playback, que es parte del juego de PC Music y tampoco es necesario echarse las manos a la cabeza a estas alturas) su tema “Hey QT”. Uno de los momentos más divertidos de la noche entre primeras filas, donde se podía comprobar que lo suyo era auténtico pop llegado de 2.053. A lo largo de la hora de sesión se pudieron escuchar los grandes hits de PC Music que tanto nos han hecho hablar/bailar/debatir durante este último año como “Lemonade”. Aire fresco, descarado, en color rosa chicle y sabor a sandía. Pero llegado de otra dimensión. (AAV)

Die Antwoord (SonarClub)

Las anteriores visitas de Die Antwoord a Sónar se recuerdan con alegría y parece que la de 2015 no romperá la norma. La popularidad del bizarro trío sudafricano ha crecido en tiempo récord pero su directo sigue impecable, desde la coreografía y la dirección de arte hasta los disfraces de Ninja y Yo-Landi, se puede entrever el trabajo meticuloso de equipo. Parte del éxito de Die Antwoord se encuentra sin duda en el cuidado audiovisual de los clips y se agradece mucho que los visuales del directo también estén a la altura. La pista de baile estuvo repleta de principio a final y con la proyección de DJ Hi Tek a sus espaldas jugaron las cartas habituales: “Pitbull Terrier”, “Rich Bitch”, “I Fink U Freaky”, “Baby’s On Fire”… Todo sonó a pedir de boca y el público se fue satisfecho una año más. (DGM)

RL Grime (SonarClub)

Como todos los directos contundentes, el de Die Antwoord dejó al acabar un vacío incómodo en el SónarClub para el siguiente artista. Lo avisamos, y no nos equivocábamos cuando resaltamos a RL Grime hace unas semanas. Con los primeros bocinazos y graves la gente peregrinó en su busca sin necesidad de speaker. La pista se abarrotó de nuevo y durante una hora el joven angelino mantuvo felices a quienes se contentan con calificarlo de EDM y, sobre todo y afortunadamente, a quienes buscan la potencia 808 del trap en sus mixtapes. Porque, al fin y al cabo, ¿a quién ya inmerso en la fiesta a esas horas le puede sentar mal el bajo de “Intergalactic” de Beastie Boys vibrando en el estómago al fundirse con el remix más macarra de “Love Sosa” de Chief Keef? RL Grime dejó patente ayer que al menos como selector tiene el futuro garantizado. (DGM)

Jamie xx (SonarPub)

No. No hizo sonar el “All under one roof raving”, pero logró conquistarnos a todos. Hasta a aquellos que nos resistíamos a dejarnos capturar por él. Quienes hasta hace poco le veíamos como uno más del montón. Y lo ha hecho a base de producciones en clave de calidad y elegancia. Y en estos términos fue la sesión que llevó ayer hasta Sónar, donde sacó la artillería que sabía enloquecería al personal como “Loud Places” (ft. Romy), “I’ll take care of you” (ft. Gil Scott-Heron) o el exageradísimo “Gosh”, combinándola con temas aún no tan re-escuchados como “I Know There’s Gonna Be”. Buena carga de sensualidad, influencia del disco y del UK garage y toque épico que se multiplicaba cuando una se paraba a contemplar las manos en el aire de un llenísimo escenario Pub. (AAV)