Aún trastocados por el espectacular directo de Arca (que le corona como ese dios supremo que ya intuíamos que era), os traemos la crónica de la primera jornada de Sónar 2015. Por Diego G. Murua, Álvaro García Montoliu y Alicia Álvarez Vaquero.

Skygaze (SonarVillage)

A Jaime Tellado le sienta divinamente la luz (aunque prefiera que el pelo le oculte la mirada durante prácticamente toda la actuación). La música de Skygaze va cargada de beats luminosos y preciosistas que se antojan idílicos como apertura de un Sónar. En esta ocasión, de manera parecida a lo que hizo en el pasado L.E.V, el asturiano comenzó a bajas velocidades, con beats abstractos y melodías sinuosas que llegaban cargadas de sensibilidad, pero el tono downtempo se fue evadiendo a medida que pasaban los minutos. Y a la media hora teníamos un Skygaze que entraba en un tono más elevado, ligado al tech-house y poco a poco y no me digan cómo, nos plantamos en un golpe de bmps que se adentraban en el jungle y el footwork. Algo que a muchos nos sorprendió/embelesó/cautivó locamente. De hecho, ojalá esos últimos minutos se hubieran alargado horas. Jaime una de las joyas que más brillan en la escena electrónica de nuestro país, y lo mejor es que cada vez lo dice de una manera más descarada. (Alicia Álvarez Vaquero)

Exoteric Continent (SonarComplex)

El Hall sin apenas luz; tonos azules oscuros y negros; y Arnau Sala (el nombre que está detrás de Exoteric Continent) debatiéndose entre el noise, algún que otro elemento glitch y el techno (el techno deconstruido, eso sí). El productor catalán se ubicaba en un lateral del escenario, otorgando todo el protagonismo a la pantalla, a las luces y a la oscuridad (esa misma que caracteriza su sonido). En la imagen, una cazadora de deporte para los meses de frío flotando en el aire -como si tuviera algo que ver con esa maravillosa frialdad que desprenden sus creaciones- otorgaba a su música un toque triposo, sobre todo cuando se combinaba con un juego de luces frenético, creando una atmósfera de intensidad ravera. La parte más experimental fue desapareciendo para dar paso a algo más pistero, más bailable. Pero lo cierto es que al sonido de Exoteric Continent le sienta mucho mejor una auditorio como el Hall que un club. Porque eleva todo lo que tiene de hipnótico. (AAV)

Lee Gamble (SonarHall)

A primera hora de la tarde y con el clima tan agradable, era difícil poner en penumbra a nadie; pero el techno oscuro de Lee Gamble combinado con los luminosos visuales de Dave Gaskarth reunió un círculo de adeptos tranquilo y fiel que supo aguantar y apoyar cuando hubo fallos de sonido. En “Koch”, su último LP, Lee Gamble puso sus orígenes noventeros en clave vanguardista y le hizo perder muchos bpm’s al drum’n’bass que conoció de adolescente, lo que no ayudó a la hora de calentar la sala. Los hipnóticos tubos multicolores de Dave Gaskarth no fallaron, en cambio. Pasaron de fosforescentes a grises, y lo mismo ocurrió con la música. Fue precisamente el techno más estricto de la época “Dutch Tvashar Plumes” lo que animó el ambiente en el último momento. Un show potente que habría necesitado más público y ninguna interrupción. (Diego G. Murua)

Kindness (SonarVillage)

Adam Bainbridge le pone voluntad, no lo vamos a negar. Tiene el sentido del espectáculo, tiene cierto carisma, pero le falta algo: canciones. Su debut era una estimulante mezcla de géneros bailables negros, pero con su segundo disco, aunque sin ser malo del todo, no consiguió dar con la tecla por mucha colaboración sonada que contase. Pero vaya, que ese funk, disco y synth-pop a las 5 de la tarde entró bien si es que tu cerebro no exigía demasiados quebraderos de cabeza. A sabiendas de que su ópera prima es notablemente superior a su sucesor, el británico tiró por ese camino, y aunque era la primera vez que pisaba España con “Otherness” bajo el brazo, lo cierto es que no echamos en falta casi ninguno de esos temas. Con “Swingin Party”, esa excelente versión de The Replacements, o “It’s Alright” fue suficiente para que el público lo diera todo. Y él, agradecido, bajó del escenario y se dio un buen baño de masas como toda diva que se prefiere. Mensajes de amor, libertad e igualdad de sexo y razas y para casa. (Álvaro García Montoliu)

kindnesspeque

LAO (SonarDome)

El mexicano Lauro Robles arrancaba su actuación con un poderío máximo. Ritmos latinos cargados de breaks, dub y canciones que se intuían y de repente ya estaban terminando. Velocidad estrepitosa en una sesión plagada de sabrosura, de esa que empujaba al baile cuclillero con quien sea que venga de frente. Sin dar tregua al descanso salvo contadas ocasiones en las que se sabía que llegarían curvas en cuestión de segundos. Del “Descontrol” de Dinamarca al “Bo lo lo” de MC Bin Laden, momento en que la velocidad frena, y nos deja disfrutar del tema y de ese estribillo jaranero tan delicioso durante varios minutos. Y así llegamos hasta un happy hardcore de tono noventero, que hasta hizo estallar algún que otro incontenible paso de baile entre el personal de seguridad.  A LAO le sobra destreza, tanta que nos puso brutos al escuchar las voces del Satisfaction de Benny Benassi. Exagerado lo suyo. (AAV)

Kasper Bjorke  (SonarVillage)

Kasper Bjørke ocupó la cabina cuando el sol bañaba totalmente el césped. Ya en 2007 su primer disco advertía del eclecticismo del danés. “In Gumbo” mezclaba tantos estilos como ingredientes el guiso criollo. Ayer, la receta para contentar tanto a quienes pedían baile como a quienes disfrutaban tumbados en la hierba la bajada de calor, consistió en una hora y media de sintes agradables a través de electro setentero y house, aliñados con antiguos éxitos propios como “Young again” o joyas de su último álbum como “Apart”. Kasper Bjørke recuperó las buenas vibraciones que había dejado Kindness y las tradujo en electrónica, estabilizando la euforia anterior con una sesión animada y uniforme. (DGM)

Arca & Jesse Kanda (SonarHall)

Hay quien critica a Sónar de estancarse, de no ser ese festival de música avanzada que promete ser. Pues todos aquellos escépticos, si se pasaron por el Hall ayer se dieron de bruces con la realidad: Sónar es un evento mastondóntico, sí, pero en él caben todo tipo de propuestas, desde las más accesibles hasta las más exigentes. El venezolano es el hombre del momento. Sus servicios están requeridos por la flor y nata de la industria musical y su música como solista es como si nos la hubiesen traído directa desde un DeLorean de 2035 o desde una nave espacial que llega a la Tierra desde una galaxia muy lejana. Su actuación fue todo lo que se esperaba de él: aires de divismo, estética trans, provocación con mensaje y visuales a cargo de su mano derecha, Jesse Kanda, de cuerpos retorcidos y colonoscopias. El tipo hizo de todo, cantar, toquetear la maquinaria o bajarse entre el público. En definitiva, una de esas actuaciones que quedan grabadas en la memoria, que se recordarán con el paso de los años como un momento crucial en la historia de Sónar. Una sacudida sensorial de órdago. (AGM)

Lorenzo Senni (SonarComplex)

Muy probablemente Lorenzo Senni tiene los deberes hechos en el circuito de ravers italianos. Junto al hermético artista noise Simone Trabucchi (aka Dracula Lewis y otros tantos alias), Nenni lleva dentro el gen de Hundebiss Records, su familia musical, lo que conlleva que su sonido no sea fácil de digerir. Desde luego, su revisión “puntillista” del trance y el hardtek no es para nostálgicos. El tracklist de “SUPERIMPOSITIONS” o “Quantum Jelly” no siguen un hilo regular y eso se notó ayer cuando llegó el final de la tarde y disminuyó el número de gente que bailaba para pasarse al bando de quienes se deleitaban con el juego de luces. True computer love. (DGM)

J.E.T.S – Jimmy Edgar & Machinedrum (SonarVillage)

Si acababas de ver a Autechre y llegabas al Village para bailar a J.E.T.S, necesitabas unos minutos de adaptación al ambiente. Síntomas post-Autechre. Ahora bien, una vez pillado el ritmo, la cosa era imparable. Jimmy Edgar y Machinedrum son una dupla perfecta a la hora de llevar arriba a toda una pista de baile, y más si en ella hay diferentes tipos de audiencia. La mezcla de estilos de cada uno de ellos se nota no sólo en sus creaciones, sino también entre la masa bailonga. Actuación exageradamente resultona en la que pasaron de un tech-house buenrollero y con reminiscencias funk, a un ghetto-house que se iba endureciendo poco a poco; salvo algún que otro tramo más melódico, como su tema “Pyrite Blue” (ft. Jesse Boykins III) y que aparece en su último trabajo conjunto  (The Chants). Powerhouse con alta dosis de sensualidad y un toque techno en su justa medida. (AAV)

Mumdance & Novelist feat. The Square (SonarDome)

Mumdance y Novelist trajeron el espíritu de las block partys y las radios piratas de UK a BCN. De golpe. Grime y jungle, una de cal y otra de arena entre bocinas y distorsiones muy bien recibidas por un público ávido de velocidad. Sin embargo, la fiesta no empezó hasta que irrumpieron los tres jóvenes rappers de The Square, una crew del sur de Londres que actualmente podría recoger el testigo de los padres del grime o surcar la ola de este revival junto a sus mayores. Los ingleses salieron al escenario y lo hicieron suyo. Novelist sobresalía entallado con clase en un impoluto chándal blanco. El productor, emcee y cabeza visible de esta joven crew, puso el rap a 140 pulsaciones durante una hora sin descanso. Con misiles como “Shook” o “Take Time” dobló el número de gente bailando a pie de escenario, confirmando lo provechoso de su unión con Mumdance. Quien lo disfrutase no debería perderse hoy a Skepta y JME, papás de la movida. (DGM)

Autechre (SonarHall)

Al igual que lo de Arca, lo del dúo de Rochdale prometía ser histórico. No tanto porque su música siga siendo relevante hoy día, que lo es, pero está claro que su época dorada ya queda lejos, pero por lo difíciles que se hacen de ver. Y, bueno, siendo justos, verles mucho no se les vio. Porque Autechre decidieron actuar con todo a oscuras hasta tal punto que pasada la media hora una extranjera me preguntó que cuándo empezaría la actuación. Sí, en algún momento un halo de luz nos hacía intuir que ahí había dos tipos, pero qué más da. Lo de los británicos fue todo lo que se esperaba de ellos, un asalto techno sin concesiones, no apto para advenedizos ni curiosos, si aguantabas ahí más de diez minutos es que no sólo eras un héroe sino un fan de tomo y lomo. Porque como era de esperar, pasaron por completo de sus hits más evidentes y a cambio tiraron de un techno musculoso, con quiebros, roturas de beats y algún salpiconazo ácido. (AGM)

Hot Chip  (SonarHall)                     

Actuando dos veces, una en el Sónar de Día y otra en el de Noche, cabía la duda de si Hot Chip cambiarían su repertorio para que cada bolo fuese distinto. Pero rápidamente se vio que no, que los británicos tiraron por lo fácil (y bien que hacen) y desplegaron toda la artillería de hits. Con 15 años de carrera a sus espaldas y seis discos, los británicos ya no están para historias, saben lo que tienen que hacer para poner al público del revés, y eso es recurrir a su arsenal más pesado. Aunque corto, no faltó casi nada de lo que la gente quería oír, acaso se podría quejar uno de que no diesen mucho protagonismo a su reciente disco, que sin ser redondo, cuenta con auténticos bombones bailables. Además, tampoco abusaron de esas baladas y medios tiempos que pueblan sus LPs, así que lo suyo fue una hora de diversión sin freno. Si eres fan, cosa que no lo dudamos si te gusta el pop bailable a medio camino entre la accesibilidad y la sofisticación, es imposible que te defrauden. ¿Qué todos sus conciertos son iguales? Pues puede ser, pero pocos pueden presumir como ellos de llevar una trayectoria tan larga sin que les salga ninguna arruga. Y hoy más. (AGM)