Aún digiriendo todas las sacudidas emocionales que hemos experimentado a lo largo de estos tres días, os dejamos la crónica de la última jornada de Sónar; donde pudimos ver a una fulgurante FKA Twigs, la apoteósica actuación de Evian Christ o unos brutales Skepta y JME. Por Diego G. Murua, Álvaro García Montoliu y Alicia Álvarez Vaquero. 

Niño (SonarHall)

El terreno vanguardista (y único) en el que camina Niño, quedó patentísimo en su directo de ayer en Sónar.  Lo abstracto de sus beats cobraba una nueva dimensión en una actuación donde algunos de sus temas más antiguos -como “Mallete”- y más nuevos -como “Sistema de succión” (de su reciente “Tratado sobre música absurda y artificial”)- dejaban de reconocerse a primera vista para intuirse dentro de un relato que multiplicaba su lado experimental. Un directo complejo, minucioso, cósmico, de gran carga jazzística por momentos y que demostraba que el potencial que tiene el productor vallisoletano es imponente, extraordinario y desmedido. En la pantalla y acompañando a su sonido, pudieron verse imágenes de Valladolid -ciudad natal del artista-, en blanco y negro que conseguían transmitir esa temperatura fría de la meseta. Unas visuales realizadas por el artista Juan Carlos Quindós y que terminaban con la imagen de una bandera de España que simulaba arder (en concreto, la ubicada en la Pza Colón de Madrid, la más grande de España). Mensaje reivindicativo para poner punto y final a uno de los directos más especiales que han podido verse en Sónar. (Alicia Álvarez Vaquero)

Mika Vainio (SonarHall)

La relación de Sónar con el prestigioso sello Raster-Noton es de sobra conocida. Cada año, algo cae, y si hace tres ediciones lo flipamos con Diamond Version y Atsuhiro Ito, ayer tocó vibrar con el finlandés Mika Vainio que, bueno, sólo tiene un par de referencias en el sello alemán, pero está en esa misma onda experimental y malrollera. El que fuera mitad de Pan Sonic presentó un show que, sin ser excesivamente visceral, sí ofreció momentos de mala hostia y agresividad, en los que los sonidos se confundían con interferencias, el bombo asomaba, sí, pero a un ritmo pesado, pulsante, y las atmósferas eran turbias. El escenario le sentó que ni pintado. Prescindió por completo del apoyo visual para centrar toda nuestra atención en una música sesuda, con ráfagas de ruido que nos la pusieron como la vena de un cantaor. Él mientras tanto iba manejando su maquinaria con la precisión quirúrgica de un cirujano y expresión hierática. Una de esas experiencias que sólo este festival te puede ofrecer. (Álvaro García Montoliu)

Tourist (SonarHall)  

Lo de Tourist sorprendió tanto como lo del viernes con Teengirl Fantasy. Primero, porque como ellos, ofrecieron una propuesta musical bastante alejada de las expectativas y, segundo, porque pensábamos que sólo vendría Wiliam Philips, pero se hizo acompañar de un secuaz. El caso es que al británico lo tenemos por un hombre sensible, que diseña electrónica melancólica, en la línea de James Blake, por algo es un maestro del piano. Pero ni rastro hubo de él en su actuación, más bien se acercaron a ese UK garage de Disclosure, precisamente quienes les han apadrinado en su sello, Method. Es decir, poca sensibilidad y mucho 4×4 trotón. Lo extraño es que él diga que lo hace es “música de baile para la gente a la que no le gusta bailar”. Pues, hijo, has cambiado de la noche a la mañana porque lo del Hall fue un despiporre. (AGM)

Gramatik (SonarVillage)      

El esloveno afincado en Nueva York que ha conseguido introducir el rap más clásico en los clubs más selectos del mundo bajo el aka Gramatik responde al nombre real Denis Jasarevic. Los miles de loops chopeados que lleva en el disco duro Denis, no causarían el mismo efecto  sin el acompañamiento de un akai MPK 49, un saxo, una trompeta y un guitarrista polivalente. Con esta alineación se propuso Gramatik levantar del césped a los más castigados por los dos días anteriores de festival y la jugada le salió perfecta. Quizá, interrumpir un remix del “We Are Your Friends” de Justice con las bocinas y zumbidos que el abuso del dubstep ha convertido en una plaga, no siente muy bien a los fundamentalistas pero ayer satisfizo al pueblo en su gran mayoría. (Diego G. Murua)

Evian Christ (SonarHall)

No. No es normal que cada vez que su nombre aparece en un festival, nos vayamos de allí ubicándole como uno de los grandes (cuando no el mejor) momentos de la noche. Pero es que el artista, último fichaje de Warp, no deja de crecer de una manera escandalosa. Si el pasado mes de noviembre nos dejaba alucinados en el Mira, con un show visual que -pensamos- sería muy parecido a lo que presentaría en Sónar,  esta vez nos ha vuelto a llevar al modo “tocados y completamente hundidos”. No puede ser sólo su edad lo que haga que sus directos sean cada vez más intensos y luzcan más despampanantes. Joshua Leary tiene algo, algo que hace que mientras otros dan un paso, él dé 35.000. El tremendo golpe sensitivo de su puesta en escena de ayer es algo que no se olvida fácilmente. De las experiencias más intensas por las que ahora mismo uno puede pasar en materia de electrónica. Enfundado en su camiseta de Dj Tiesto, y hasta luciendo gafas de sol en algún momento de la actuación, Evian se iba y se venía del escenario gracias a las continuas nubes de humo artificial y el impresionante juego de luces, que se mezclaban perfectamente con la intensidad de sus beats en temas como “MYD” o “Fuck It None Of Ya’ll Don’t Rap”; como si estuviésemos soñándole. Total, este joven parece tener más de ficticio que de real. (AAV)

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Zebra Katz (SonarDome)

La etiqueta “queer rap”, el cajón de sastre en el que se ha asociado un tipo de sonido a ciertos rappers homosexuales, sigue provocando desconfianza. Uno de los que más desconfía es precisamente Zebra Katz, uno de los nombres que más suenan cada vez que se hace referencia a este género. Debajo de este personaje se encuentra Ojay Morgan, un joven negro gay que estuvo desde el jueves bailando como público live set en concierto a lo largo del Sónar, pero se olvidó de cuidar realmente el suyo. Se hizo de dj a sí mismo, no llevó visuales ni tampoco corista. Sólo le quedaba llenar él sólo el escenario y eso es lo que mejor se le da. Abrió con “Sex Sellz” mientras se desprendía provocativamente de una gabardina blanca y mascarilla y siguió desvistiéndose progresivamente hasta quedarse suficiente cómodo con un apretado peto blanco, ideal para subirse a la mesa y bajar a la platea mientras interpretaba “Ima Read”,  “Last Name Katz” o el reciente “Nu Renegade” Ep ante un público más curioso que fiel. (DGM)

Holly Herndon (SonarComplex)

Explicar lo de Holly Herndon en un párrafo es tarea titánica. El show que ofreció en el Complex dio para tesis doctoral. Y mira que, a priori, yo no soy de este tipo de performances que trascienden la música y abordan otros campos. Si me hubiesen resumido en unas pocas palabras lo que iba a ver, seguramente por prejuicios hubiese huido despavorido. Pero no, me animé porque su música me encanta. Empezó con diez minutos de ruido puro, que se acercaba más al sonido de las hélices de un helicóptero, que a música propiamente dicha. Mientras tanto una compañera iba meneando una luz al aire y la cosa, en ese momento, pintaba mal. Mamarrachadas las justas, por favor. Pero rápidamente cambié de opinión y entré en el fascinante mundo de esta californiana. La cosa iba más o menos así. En la pantalla se podía ver su ordenador con un número de teléfono al que hacerle preguntas. Para que os hagáis una idea de cómo funcionaba, el maestro del periodismo electrónico Javier Blánquez le lanzó una a lo que ella respondió que la gente se levantase de las butacas. Es decir, interacción total con el público. Las preguntas eran de todo tipo, desde algunas más serias sobre la seguridad en internet, ya saben, a ella se la considera la musa de la era post-Snowden, hasta otras más cachondas como cuál era la mejor taquería de San Francisco o si era la Avril Lavigne de la electrónica. Por otro lado, estaban los visuales, un auténtico desfase sin sentido alguno pero que te sumergía en su fascinante universo. Y, sorpresa, salió Ada Colau, la flamante alcaldesa de Barcelona, a la que también se la saludó con un mensaje, algo que levantó la ovación del público. Por supuesto, gustó ese “fuck Troika, Barcelona is anarquist”. Musicalmente es más o menos lo que se puede encontrar en sus discos, es decir, una electrónica sesuda, pero que no renegaba de un buen bombo que sonó profundamente contundente en el auditorio. Y uno acabó con la sensación de que lo había visto era algo totalmente nuevo, una absoluta locura completamente alejada de los estándares de la eléctronica. (AGM)

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Skepta & JME (SonarDôme)

Los hermanos Adenuga cerraron el Sónar de Día y lo hicieron dejando el pabellón muy alto y el nombre del grime en el lugar que le correspondía desde hace tiempo.  El warm-up fue tan breve como esto: DJ Maximum soltó el beat de “That’s Not Me” y Skepta saltó directo al escenario enfundado en un chándal platino acompañado de JME que lucía un do-rag negro y su retrato estampado en la camiseta. Con apenas un descanso cumplida la media hora para saludar a Barcelona y apoyar a JME en “Calm” y “Man Don’t Care”, Skepta dirigió en todo momento el timón y, tras esa pose aparentemente estática, marcó el frenético ritmo de la hora de show, encadenando “Ace Hood Flow” con “Nasty” y rememorando la época de vacas gordas de Boy Better Know junto a Shorty en un par de colaboraciones. Como era de imaginar, terminaron echando toda la carne en el asador con “Shutdown” –el clip favorito de tu actor favorito- y el público correspondió y agradeció. (DGM)

Ángel Molina (SonarClub)

En 2001 Sónar invitó a Zero a abrir el concierto de Sonic Youth. Desgraciadamente ahí no pude estar porque era menor de edad, pero por lo que contaron los que sí lo vieron es que Pratginestós ofreció un set de noise extremo que desbarató los planes de los neoyorquinos. Pues anoche pasó algo parecido. ¿Qué vienen Duran Duran? Quién mejor que ese dios que es Ángel Molina para abrirles. Podíamos imaginar que el barcelonés tiraría de la new wave y del synth-pop, pero estábamos completamente seguros que aquello no iba a ser un viaje por los éxitos más conocidos de los 80. Y así fue. Molina apuntó con la maestría que le caracteriza hacia una electrónica bailable y tremendamente hedonista que encajaba perfectamente como calentamiento previo de los ingleses pero que ni los más expertos sabrían reconocer un tema de los que pinchó. Así, tocó tirar de Shazam, y descubrimos joyazas como el nuevo single de Holly Johnson, ex vocalista de Frankie Goes To Hollywood, convertido en un pelotazo house a manos del siempre elegante Dimitri From Paris (ya sabéis, el de las sesiones en la mansión Playboy) y la también reciente “Baby Wants To Ride”, ese homenaje a Frankie Knuckles que Underworld y Heller & Farley han hecho para Junior Boy’s Own. ¿Qué queremos decir con todo esto? Pues que después de esta sesión, lo de Duran Duran quedó en agua de borrajas. (AGM)

Duran Duran (SonarClub)

Muchos se han quejado del solape Duran Duran y FKA Twigs por ser uno de los más dolorosos que se recuerdan en el Sónar. Son dos propuestas que, aunque diametralmente opuestas, atraen al público poppie que nunca falta en el festival. Pero seamos claros, los de Simon LeBon son nostalgia y la británica es futurismo. El drama real de la noche era escoger entre Spandau Ballet, que actuaban en los jardines de Pedralbes, y los autores de “Girls On Film”. Dicho esto, si optaste por quedarte a verles a ellos en lugar de la nueva reina del R&B quizá erraste. O no, claro, porque estos héroes de la new wave tiraron de su repertorio clásico. Sonó más o menos casi todo lo que tenía que sonar, aunque escatimaron 15 minutos. Hubo pocas concesiones a sus singles más allá de mediados de los 90 y absolutamente nada del nuevo disco que publicarán en septiembre y que ayer mismo, horas antes de su actuación, se desveló el primer sencillo. Claro, empezar con “Wild Boys” es ponerse a la gente en el bolsillo, pero es que dieron la sensación de que lo suyo ya pasó, que su momento está muy lejano en el tiempo, que son unas viejas glorias que intentan darlo todo para seguir en la cresta de la ola pero que fracasan en el intento. LeBon sigue más o menos dignamente, pero el conjunto general flaqueó un poco. Tocaron con excesiva garra algunos de sus temas, algo que no es precisamente lo que queremos en ellos, los visuales rozaron lo vergonzoso y, en algún momento, sonaron absolutamente verbeneros (pero verbeneros para mal, no como Chic el año pasado). Me refiero al innecesario momento “White Lines”, versión de Grandmaster Melle Mel. Seguimos queriendo este tipo de propuestas, pero hay veces que salen bien, como con Grace Jones, y otras no tanto. (AGM)

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FKA Twigs (SonarPub)

Si lo de Arca fue el sonido del futuro en clave queer, lo de FKA Twigs anoche fue lo mismo pero en versión femenina y hipersexualizada. Tahliah Barnett tiene las tablas y el sex appeal que se necesitan para triunfar en esto del pop. Sorprendente porque sólo lleva dos EPs y un largo. Pero la chica ya está a la altura de cualquier diva que se precie y da la sensación de que la próxima vez que la veamos por aquí, si es que la volvemos a ver, se habrá convertido en una estrella global de esas que llenan estadios a precios desorbitados. En Sónar demostró que no todo es la producción de grandes nombres como el ya citado Arca, Clams Casino, Blood Orange o Paul Epworth, no, ella vale mucho. Ya sea por una voz absolutamente impresionante, unos bailes de cagarse y una presencia escénica que ya querrían muchas. Sorprendió la puesta en escena austera: básicamente ella y tres percusionistas. Pero es que en el fondo, no hacía falta nada más. Ella era el centro de todas las miradas y, digámoslo claro, disparó la libido por las nubes al personal. Su concierto se hizo demasiado corto, básicamente porque todas las canciones que tiene van del notable al sobresaliente y no se olvidó de ninguna de sus etapas. Hasta nos obsequió con temas nuevos que seguramente se incluyan en ese futuro “EP3” y que sonaron de lujo. Digámoslo claro: Twigs no es la novia de Robert Pattinson, Robert Pattinson es el novio de Twigs. (AGM)

Special Request (SonarLab)

En la edición de Sónar 2014, a propósito de la publicación del libro “Energy Flash”, el crítico musical Simon Reynolds desarrollaba una conferencia en el marco de actividades de Sónar +D. Allí podía haber estado perfectamente Paul Woolford (aka Special Request) para explicar, de manera didáctica y a través de su música, un momento crucial en la historia de la cultura de baile en el que se basa el libro de Reynolds (los sonidos rave) y al que pertenece el artista. Lo que Special Request hizo ayer fue una perfecta master class de aquel momento, un viaje en el tiempo que nos llevaba a la época del jungle y las radios pirata. No eran reminiscencias ni influencias (como puede haber en algunos temas de otro de los artistas de este Sónar como Jamie xx) si no una entrada de lleno en el momento con temas como el mix del tema “Club Lonely” hecho por Serius Danger o el “Playing with knives” de Bizarre Inc. (AAV)

Flying Lotus (SonarPub)

El secretismo en el que Flying Lotus envuelve los proyectos (Captain Murphy,  por ejemplo) es uno de los alicientes que acompañan a cada una de sus obras nuevas. Nadie sabe cómo será su próximo trabajo pero todo el mundo se fía. Para esta edición del festival estaba confirmada la actuación de Steve Ellison –nombre real de Flying Lotus- junto a los artistas Strangeloop y Timeboy en unos visuales para su último álbum, “You’re Dead”, en el que el concepto de la muerte está muy presente. Como ocurre habitualmente con el productor angelino, la realidad superó las expectativas y cientos de personas se quedaron anonadadas con los hipnóticos visuales: colores y formas psicodélicas y Flying Lotus irreconocible en el control soltando una arenga futurista espetada sobre un set musical más alejado del rap que de costumbre. Una vez más en la vanguardia. (DGM)

Pxxr Gvng (SonarCar)

Los coches de choque eran el marco perfecto para el concierto de PXXR GVNG pero puede que las actuaciones de Chemical Brothers o Flying Lotus a la misma hora influyeran en el poco público del concierto de los pobres que, dicho por otra parte, fue una versión hiper concentrada de aquellas PXXR GVNG parties de hace dos años que tan lejos quedan. Abrieron con “PXXRIN’” pero en el repertorio no fueron más allá de sus últimos vídeos de 2015 (“Como el agua”, “Tengo que calmarme”). Faltó gente y faltaron temas, pero nunca invitados: Zowie bailó durante “La reina del punto”, El Mini paseó su emocional “PESI” vestido como un original sadboy y D. Gómez hizo salir a Mala Rodríguez a cantar una colaboración inédita para sorpresa de la mayoría. Cambiaron el tono con “La Disco Resplandece” y llenaron una vez más el escenario de twerk y perreo lo que dura el clip. Luego cortaron, desaparecieron y no volvieron. (DGM)

Detweiller (SonarCar)

El chico del “flutedroop” llegaba a Sónar con bastante expectación entre el público. ¿Sacaría la flauta? ¿sería un jovencito con pecas y gorra roja el que se pondría detrás de los platos? La respuesta era una sesión en forma de verbena de pueblo futurista: el tema del Rey León mezclado con drum’ n’ bass,  “Bounce dat ass” de Dj Funk, “El Tiburón” , “Un mundo ideal” de La Bella y La Bestia y hasta “La Princesa de Ceilán” de Tijeritas.  Todo ello aderezado con música máquina a lo Pont Aeri, reggaeton, sonidos de bocinas de autos de choque (bien pensadas para el escenario donde se le ubicó) y algún que otro tema de flutedrop. Los acertadísimos visuales -a cargo de Josemi Te Lo Pinta-, de inspiración naif y retro combinados con elementos de la primera era de internet, le daban al sonido el toque estético que necesitaba. Una sesión jaranerísima en la que no había que hacerse preguntas (que a veces preguntamos demasiado), tan sólo dejarse llevar; si no la magia desaparecía. (AAV)

Yeso (SonarCar)

¥€$Ø han remezclado a El Coleta y abren el recopilatorio “Iberikan Juke” respaldados por BSN Posse. En sus sesiones repasan lo mejor del trap, juke y footwork y son habituales en La Trap Jaus donde han compartido line up con gente como Alizzz, Ikki o Beauty Brain. Aunque prefieren mantener la intriga, esos datos podían ayudar a hacerse una idea de lo que iba a ser su sesión en Sónar. Hacer frente a los cabezas de cartel desde el humilde SonarCar no tenía sentido así que la poca gente que acudió lo hizo con ganas de disfrutar y el último cartucho de motivación necesario para no parar de bailar pegados hasta el final del set mientras Diplo se cruzaba con Gunplay. Quienes no pasaron por su guateque pueden disfrutar igualmente de los tres inéditos gratuitos que han lanzado durante la semana para celebrar su actuación en el festival. (DGM)

Siriusmodeselektor (SonarPub)

Algunos días antes de su llegada a Sónar, (Siriusmo + Modeselektor + Pfadfinderei) actuaban en Space Ibiza. El hecho demuestra todo lo que son Modeslektor: una especie de rareza, tan bien adaptada en el circuito mainstream como en el underground. Por eso pueden permitirse llevar a cabo proyectos como las Modeselektion Nights (que les trajeron a la sala Razzmatazz de Barcelona hace algunos meses y en la que contaron con artistas como Omar Souleyman, Nosaj Thing, L-Vis 1990) y a la vez estar en fiestas más aceptadas en el terreno de la electrónica más comercial. Ayer, la dupla llegaba junto a Siriusmo, pero lo cierto es que lo que en realidad pedía el público, y lo que más se disfrutó en la pista, fueron sus grandes éxitos como “Art and Cash”, “Black Block” y (por supuesto) “Evil Twin”. Ayer, Sebastian Szary, antes de abandonar el escenario, gritaba “¡¡¡Skrillex!!!! ¡¡¡Fuck!!!”; quizá porque esa línea de lo comercial en la que caminan, tampoco llega ahí.  (AAV)

Laurent Garnier (SonarPub)

La última vez que el francés estuvo en Sónar era 2013, cumpleaños número 20 del festival y, según contaron los asistentes de la actuación, el artista hizo un set así como muy para recordar. Quizá porque era una ocasión especial (fiesta de cumpleaños) o quizá por cualquier otro motivo, el caso es que ayer no ocurrió la misma situación. Garnier llevó a cabo una sesión bastante lineal, en clave deep house, de carácter oscuro y con contadas exaltaciones. El único toque de color se veía en las pantallas del escenario, a modo de figuras geométricas y destellos en plan salvapantallas que, en alguna ocasión parecían simular fuegos artificiales. Quizá era eso justo lo que le faltó a su sesión, luces de colores en el ritmo. (AAV)