Después de presenciar su show (y descubrir que era un chico) allá por 2013 en el Festival Mira, la verdad es que estaba emocionadísima por ver de nuevo a Sophie. Todo ese año había estado hurgando aquí y allá, para conocer todos los tracks que había lanzado hasta el momento. Tiempo después, el colectivo PC Music cobraría fuerza y Numbers se haría eco de todas sus producciones.

Cuando me enteré que estaría una vez más en Berlín -por supuesto que no es la primera vez-, recordé que a muchos amigos les encantó en Sónar, que era mi oportunidad de verlo ahora que está “consolidado” como un artista de vanguardia, y obviamente me daba curiosidad qué iba a suceder al  combinar su música con un lugar como Berghain, una de las salas con más hype de la historia. No digo que no se lo merezcan, a pesar de su no-marketing y sus políticas estrictas, es obvio que es uno de los lugares que todos los amantes de la música electrónica deberían visitar alguna vez (aunque puede que no los dejen entrar).

Pero debo aclarar, que cuando es un evento durante la semana con entrada anticipada, es muchísimo más fácil conocer “la mejor sala berlinesa”, no encontraremos ninguno de los seguratas que suelen estar los fines de semana y el checkeo al entrar es bastante más light. Eso sí, no es que sean los anfitriones más amables del universo.

Y para finalizar esta intro, la felicidad se duplicó al saber que Sophie estaría acompañado de Koreless, de esta manera la noche prometía ser un escaparate de los ritmos de UK, con buen sonido gracias a las montañas de Funktion One que posee Berghain y las luces que te dejan ciego todo el rato.  

Después de tanta cháchara, imagínenme con fiebre, porque claro cuando la ilusión es grande y uno se prepara mucho para algo, se suman ingredientes que uno no esperaba. Entonces, en vez de estar al 100%, decidí perderme la actuación de MssingNo y tratar de ver solamente lo que había esperado. Mis disculpas por esto.

Nieve, taxi, Berghain, una chica delante mío preguntando si quedaban entradas: “sí, pero enséñame tu ID”. Nacionalidad australiana, mayor de 18. Adentro. Mi turno, entrada en mano, “déjame ver el bolso” (en alemán), eh? Adentro. Al entrar, te recibe una polla gigante, cuando miras bien, el dueño de la polla es un tipo que está bebiendo de un gran tazón y no puedes verle la cara. Esta estatua es una de las pruebas de lo que se puede encontrar normalmente al asistir a este club.

Después de subir muchas escaleras, Berghain. Justo a tiempo, los ricitos de Koreless se asoman. No entendí muy bien el setup, tenía un ordenador con un software que no pude saber cuál era (no era Ableton, no era Logic, o al menos no en una configuración que yo pudiera reconocer), y tenía una o dos controladoras. Agradecí, una vez más, llevar tapones para proteger mis oídos, el sonido de Berghain parece haber sido creado para matar.

Campari en mano y moviéndome al compás de los primeros ruiditos, divisé un fotógrafo. ¡Qué alegría! Las políticas estrictas del club prohíben cualquier registro, por lo que fue una grata sorpresa. Intenté hablarle, pero me hizo señas que no escuchaba. Entonces usé mi kit de periodista: boli y papel. “Hola soy periodista, sería muy feliz si me enviases una foto”. Guardó el papel, y yo creo que no lo ha vuelto a ver nunca más.

 

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Me moví hacia el otro lado del escenario, al lado del segurata más flaco y alto que vi en mi vida, como una especie de protector estético, como sacado de una película. Siempre atento para ser malo: “fotos no”, “arriba, no”, “muy cerca tampoco”. Y ahí, en el medio de todo, sonó Sun.

 

 

En resumen, Koreless tuvo 45 minutos para mostrar sus producciones al ritmo de chicos con camisetas de Young Turks y Teklife, y unas cuantas chicas de 18 años que estaban excitadas por conocer el lugar y mover sus hormonas entre el público masculino, mientras las luces intermitentes no dejaban ver muy bien, y se tornaban azules y violetas.

En el intermedio fui a buscar algo de tomar, me hice un hueco entre la gente que estaba sentada en la barra; se acercó un chico, el barman lo atendió primero, llegó otro chico, cuando estaba a punto de servirle a él, le dediqué un “hola” con mi mano.

 

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Se lo tomó tan a mal que me dijo que era poco polite y que no me iba a atender. “OK, no me atiendas”. Y cuando me paré en otro hueco que encontré, un chico aprovechó para pedirme cincuenta centímos para una birra. ¿Si se los dí? Claro.

Volví a mi lugar al lado del segurata y le pregunté si podía subir a ver qué tenía Sophie para tocar, además de los CDJ-2000. Obviamente dijo que no, pero para mi sorpresa, él mismo se acercó a leer el nombre de la maquinita: “Elektron Machinedrum SPS-1 MKII”. Dos minutos después, el productor estrella de la noche apareció, todo vestido de charol,  para enseñarnos a ritmo de future pop cuál era el funcionamiento.

Hard, Vyzee, Lemonade, Just like we never say goodbye y algunos tracks nuevos dignos de la mismísima Britney Spears, hicieron que todas las camisetas con lentejuelas, cabellos brillantes y darks con alma feliz, bailasen hasta sudar como en una clase de aerobic. Y así, mi queridos amigos, pasó una noche curiosa y llena de beats coloridos para repartir.