Tarantino se ha vuelto a salir con la suya. Su octava película, Los Odiosos Ocho, estrenada en cines españoles el pasado viernes, parecía gafada. Dos meses después de anunciarla se filtró su guión entre la industria (las malas lenguas dicen que el entorno de Bruce Dern fue el culpable). En ese momento el director decidió cancelarla. Consideró durante un tiempo convertirla en novela, pero tras hacer una lectura en un hotel de Los Ángeles en abril de 2014 cambió de opinión y siguió adelante con el proyecto, aunque modificando ligeramente el final (no queremos entrar en detalles aquí por si aún no la habéis visto). Cuando estaba cerca de estrenarse en salas, justo en las vacaciones de Navidad, hubo una filtración masiva de cintas. Es algo que suele ser habitual en esas fechas del año cercanas a los Oscar, de hecho, ya ocurrió también con Django Desencadenado, pero nunca había pasado que se pudiesen ver a una calidad relativamente buena casi todas tan pronto.

A todo esto hay que añadir otro factor. Al enfant terrible no se le ocurrió otra cosa que rodarla en 70mm, un formato largamente olvidado, en desuso desde los sesenta. Fue un quebradero de cabeza para su productora, los Weinstein, pero como es su niño mimado se lo consintieron. Para describir de manera comprensible y en pocas palabras esto de los 70mm, básicamente es una proyección ultrapanorámica, con una calidad de imagen alucinante. Su director de fotografía, el legendario Robert Richardson, mano derecha no sólo de Tarantino, sino también de Martin Scorsese y Oliver Stone, tuvo que tragarse el marrón, aunque por supuesto, también fue un desafío para él. El caso es que las salas de cine, casi todas ya adaptadas a lo digital, no soportan este formato y conlleva un esfuerzo sobrehumano realizar una proyección de este tipo. Así bien, en Estados Unidos el día de Navidad se estrenó en un centenar de cines la Roadshow version, que dura 20 minutos más, aunque a esa duración hay que descontar el prólogo musical y el intermedio. Cada versión, además, tiene un montaje ligeramente distinto.

Parecía improbable que en España esta versión, la que Tarantino quiere que veas, se proyectase, pero gracias a la inestimable pasión por el cine que tienen las gentes de la sala barcelonesa Phenomena, se consiguió. Como lo lees, sólo hay un cine en todo el país que muestra la Roadshow version. Y fue muy difícil, tanto que hubo momentos en los que vieron que se precipitaron al aceptar la oferta de la distribuidora, tal y como explicó su director justo antes de las pase de las 3 de la tarde del viernes. Una hora antes de que empezase la sesión, unos colgados hacíamos cola en el cine (momento cotilleo: los terceros eran el genial actor Carlos Areces y el DJ barcelonés Buenavista). Una vez dentro, y tras avistar sudaderas de Hivern y OVO, el sello de Drake, y camisetas de Arctic Monkeys, vamos, que estábamos en nuestra salsa, parecía eso un concierto en el Apolo, se nos explicó toda esta loca aventura y, con la ayuda de un director de fotografía, se nos ofreció una inesperada guía para dummies de qué es esta frikada del UltraPanavision 70mm.

Debo confesar que cuando en Navidad la película se filtró no pude resistirme a verla. Y no me sentí mal porque soy un fiel cliente a la droga que sirve Quentin Tarantino, yendo al cine y luego comprando el Blu-Ray cada vez que saca algo nuevo. Además, ese ansia viva que me corroía por dentro era incontrolable. Como decíamos antes se veía bien y, si no eres exactamente un sibarita en esto y te conformas con una correcta calidad de imagen y que las voces se oigan perfectamente (estaremos de acuerdo que el mejor atributo del de Knoxville son sus guiones), podrías no ir luego al cine. Pero desde que se anunció que Phenomena la iba a proyectar en 70mm quería ir. Al principio chocharon esos 12 euros más gastos de gestión, y más al no ser numeradas las entradas, una decisión que, suponemos, se debe a que quieren conservar ese aura clásica que tiene la sala, que además de estrenos también proyecta clásicos y filmes de culto de todo tipo , desde Con Air a Cristal Oscuro pasando por Porco Rosso, pero, de verdad, sólo escuchando lo que tuvieron que hacer para conseguir proyectarla así, hasta parece barato. De hecho, lo es, no olvidemos que en fin de semana una entrada ronda de media un precio de 9 o 10 euros.

Y, por supuesto, ya desde el tercer minuto del filme, sabes que tu inversión ha valido la pena. No vamos a ir ahora de resabidos y decir que la apertura musical, con una imagen fija, nos resultase familiar, pero es algo que era habitual hace 60 años. Aunque una vez empezó la película en sí, con una desbordante panorámica de un paisaje nevado y una cruz, con la banda sonora de Ennio Morricone atronando (el sonido de la sala es acongojante, en serio) y esa nieve cegando la vista casi más que en la realidad, queríamos besar los pies de los responsables del Phenomena y Tarantino, por supuesto. Puede sonar exagerado, pero no tiene nada que ver un visionado con otro. De acuerdo, en casa se está muy cómodo y si tienes una buena tele la experiencia es fascinante, pero lo de esa sala es muy fuerte. La proyección a menudo se salía de la pantalla por unos dedos, cada primer plano de las caras de los odiosos ochos era gloria bendita, los reflejos de la luz eran maná para los ojos, el vaho provocado por el intenso frío de Wyoming que salía de la boca de los protagonistas se podía sentir…

Cada uno es libre de hacer lo que quiera y ahora no vamos a dárnoslas de íntegros. Todos hemos pirateado y seguiremos pirateando, pero si hay una oportunidad como ésta, con una de las mejores y más esperadas películas del año, con un director que tanto nos ha dado y en un formato rescatado del olvido que es muchísimo más que un caprichito de un niño consentido, hay que aprovecharla. A menudo nos quejamos de que en España no viene tal grupo, los filmes se estrenan tarde y demás. Pues si hay una sala en todo el país que ha hecho el esfuerzo de que España por una vez no sea tercermundista (y tampoco es que se vaya enriquecer con esto), todos a llenarla. Esta semana las sesiones están agotadas, pero quedan aún entradas para los pases de la semana que viene. Además, debido al éxito ya han anunciado que en febrero habrá más. Ya sabéis: Carrer Sant Antoni Mare Claret, 168. Confiad en nosotros.