En las últimas semanas, una conversación recurrente entre la comunidad de españoles de Berlín era la del cartel del Temp Affairs. Como sucede en España, no hay término medio: a quienes odian profundamente el trap y el perreo, y quienes estábamos contando los días para disfrutar de un cartel que parecía hecho a medida: Yung Beef, Bad Gyal y Tomasa del Real compartiendo escenario en la sala Yaam.  Aunque la sala no logró colgar el cartel de sold out, la cantidad de gente que se acercó no fue nada desdeñable, menos aún si se tiene en cuenta que esa misma noche actuaba M.I.A. en la capital alemana.

Pero ni la de Sri Lanka pudo quitar protagonismo a quienes iban con ganas de ver en directo a algunos de los artistas que llevan meses protagonizando tanto portadas de prensa especializada como encendidas polémicas en los muros de Facebook. Para muchos, el viernes era la ocasión perfecta para dejarse de experiencias vicarias, así que no sorprende que la mayoría del público que se acercó el viernes a la sala Yaam hablase español.

Antes de que Alba se subiera al escenario, Ms Nina (que esa misma noche había estado actuando en el Bread and Butter) y Yung Beef se mezclaban con el público durante la actuación de Father, pero la respuesta del público fue más bien tibia hasta que Bad Gyal tomó el escenario principal de la sala Yaam: en ese momento quedó claro quiénes eran los grandes nombres de la noche, con la gente demostrando que se sabe al dedillo unas canciones que no dejó de corear.  

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En su primera visita a Berlín, Bad Gyal se portó igual que si jugase en casa, bailando por el escenario mientras desgranaba temas como Dinero o Pai. Que es uno de los nombres más conocidos de esta nueva escena y que se haya hablado de su lectura del dancehall en publicaciones anglosajonas también quedó más que patente en que en las primeras filas no estaban únicamente los emigrados de España. Su actuación tuvo tanto éxito que Alba incluso se permitió vacilar al personal haciéndonos creer que se iba a ir del escenario sin cantar Fiebre, así que cuando regresó micro en mano para cantarla, se desató la locura.

Y entonces apareció Yung Beef con una propuesta aparentemente sencilla pero más revolucionaria de lo que parece sobre el papel: convertir su actuación en una fiesta de la que es partícipe hasta el que está en la última fila. No basta con bajarse a cantar entre el público (lo hizo), ni con invitar a media sala al escenario (también lo hizo), ni con pasar la voz a la gente (también lo hizo) ni con tirar de las canciones más celebradas (cosa que obviamente también hizo): hay que entender el concierto como una fiesta sin jerarquías y además hay que tener carisma.

El Seco apareció en el escenario junto a Hakim y orientó todo el concierto hacia el trap, y no faltaron temas como Dinero e la ola y All of my bitches satanic. Fue a Berlín a ponerlo todo patas arriba, así que se dejó en casa himnos como 27 o Rosas Azules, pero no se echaron de menos gracias a su entrega y a un cierre tan espectacular como el que protagonizó junto a Ms Nina cantando #Lusifel: si con eso los alemanes no han aprendido a decir “dale papi”, los damos por perdidos ya.

El cierre llegó de la mano de Tomasa del Real y su propuesta de neoperrreo feminista. Los dos pilares en que se apoyan las canciones de la chilena son sus melodías y esas letras que apelan a una mujer fuerte, independiente y segura de sí misma y su sexualidad: enterarse de lo segundo no fue problema en el festival gracias a la arrolladora presencia de Tomasa, que perreaba sobre el escenario con una estética fetish propia del Berghain mientras demostraba  una aplastante seguridad en sí misma.  

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Que la fama de Tomasa ha traspasado fronteras quedó claro cuando la sala no dejó de corear sus canciones:  Tamos redy, Bonnie N Clyde y sobre todo Tu señora, que fue el punto álgido de su actuación y en el que pudo dirigir sin problemas el micro al público para que cantase las estrofas de Talisto, porque voces para cantarlo no faltaron.

Después de aquéllo sólo había un final posible: público y artistas bailando sobre el escenario. Por una noche Berlín estuvo sobrado de swag y perreo, y no le sentó nada mal. Ahora sólo falta esperar que se repita.