Parecía que el frío del tardío invierno madrileño podía llegar a mermar alguna de las fiestas de año nuevo, en el caso del WAN Festival no fue así, el lleno de público encendió la Cubierta de Leganés desde primeras horas de la noche.

Ya en el comienzo del set de Luciano el fuego hizo hervir a la masa, su planteamiento tirando de clásicos provocó altas olas en cada ascensión. Durante 2016 el chileno ha actuado en infinidad de fiestas en territorio español, hecho que ha provocado que su selección musical nos termine resultando por momentos repetitiva. No era la primera vez que escuchábamos temas como el tribaleo ‘Better For My Brain de Pele y Shawnecy o el melódico remix de Akob del Says de Nils Frahm saliendo de sus manos. También se pudieron escuchar clásicos de la electrónica como Rez de Underworld o The Bells de Jeff Mills, monumentos que dejan de serlo cuando son ingredientes de un gran mejunje festivo. Aun así, el público siguió sus movimientos y sin duda fue uno de los que consiguió más feedback.

Las dos horas que dispusieron los cuatro ases de la noche (Luciano, Hawtin, Carola y Osuna) permitieron que cada uno mostrase más de una cara, característica de agradecer en la era de los sets empaquetados. A Richie Hawtin le vimos más alegre y comunicativo que en otras ocasiones, su ánimo se transmitió en un techno cálido y contundente. Cual cirujano, el de Minus pudo dejar a un lado su faceta minimal y los infinitos subidones se convirtieron en implacables golpes de martillo interpretados con su Model 1 de PlayDifferently, mesa de mezclas que también utilizó su compañero Paco Osuna.

La excelente distribución del sistema de sonido permitió vivir una gran experiencia electrónica en un espacio masivo incluso desde las gradas. Su forma de anfiteatro consiguió algo parecido a lo que ocurre en estadios deportivos. No estar únicamente fijado en el artista y tener la posibilidad de controlar todo desde las alturas provoca que la vivencia sea diferente. El valor de este tipo de eventos reside muchas veces en poder sentir el rugido de la gente, en dejar que la respuesta del público te erice la piel en cada movimiento acertado del DJ. Uno puede incluso olvidarse de lo previsible de su cartel.

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Con Marco Carola el ritmo disminuyó una marcha, es cierto que en la primera hora pudimos notar a una versión más groovie del italiano donde se colaron más clásicos como Alive de Daft Punk o House With Me de Groove Armada, pero al rato apareció su techno house más facilón. El público dejó de agitarse y por momentos parecía que la marea se había calmado. Fue así hasta que apareció Paco Osuna, quien recuperó la cadencia del techno con su lenguaje Mindshake, ese que juguetea con una mezcla de sonidos de Chicago y Detroit con constantes subidas de tono. Su sesión fue una de las más coherentes de las 12 horas de festival, las más de 10.000 personas disfrutamos de un Paco que atesoró el momento cumbre del evento.

Las dos últimas horas repartidas entre Gonçalo y The Martinez Brothers fueron más lineales, las fuerzas mermaron y el recinto se fue vaciando hasta quedarse en un núcleo duro que aguantó hasta la última embestida de los hermanos.

Nota positiva para la organización del festival, quienes por segundo año consecutivo volvieron a mostrar el camino a seguir. Esperamos poder ver más atrevimiento en el planteamiento de los artistas para próximos años.