Es posible que por vivir en la era de la comunicación todo esto se magnifique, que sin los foros y las redes sociales repletos de comentarios despectivos hacia las confirmaciones del festival de turno y las pataletas todo se viviese con menos intensidad. Hay años que el Primavera Sound, el FIB, el Sónar y ahora también el Bilbao BBK Live están más o menos acertados con los cabezas de cartel. En realidad no sólo depende de ellos, sino de la disponibilidad de las bandas. También es importante señalar que existe un número bastante reducido de grandes reclamos. Lo caprichosos que somos hace que queramos lo que no tenemos y despreciemos lo que se nos da. ¿Qué Wilco va al Vida y no al Primavera? ¿Cómo puede ser que Gabi Ruiz los haya dejado escapar y encima nos traiga a los cansinos de Radiohead y otros grupos cuñados? ¿Por qué confirman a Massive Attack para el FIB que tan poco tiene que aportar y no a The Stone Roses, que están a tiro? Y así hasta el fin de los días.

En lo que a electrónica se refiere, concretamente, los grandes reclamos son escasos y no se han renovado en el tiempo como sí ocurre en el indie (Tame Impala o The xx, por ejemplo, han tomado el relevo de Sonic Youth o The Flaming Lips). No es que no se haga buena música electrónica ahora mismo, al contrario, hay incontables artistas entregando producciones de cojones: Tim Hecker, Oneohtrix Point Never, Arca, Holly Herndon, Helena Hauff o Floating Points. ¿Pero alguno es lo suficiente popular como para que el festival de turno cuadre las cuentas? Desgraciadamente, no. Ni siquiera Jamie xx, por nombrar uno de los productores de actualidad con más tirón, garantiza miles y miles de entradas vendidas, y los que sí, Disclosure, Skrillex o Major Lazer, están muy lejos de lo que ofrecen las grandes leyendas de este negocio y no aportan demasiado prestigio. Esto no es una pataleta de carca, es exponer una realidad: los titanes de la electrónica de masas de los 90 como Underworld o The Chemical Brothers no han encontrado relevo, pero esto no debería preocupar porque se encuentran en un estado de forma admirable.

Underworld

Por mucho que la gente se empeñe, Underworld no es un one-hit-wonder. No es de snobs decir que tienen fácilmente una decena de éxitos mejores objetivamente hablando que Born Slippy. En los últimos años se les podría decir que han vivido de rentas. Han puesto música a los Juegos Olímpicos de Londres con sendas piezas que aunque han pasado desapercibidas pese a ser monumentales y han emprendido interesantes carreras por separado. En 2014 celebraron el vigésimo aniversario de esa obra referencial para la electrónica contemporánea que es dubnobasswithmyheadman con una gira que nos los trajo al Primavera para que pudiésemos llorar con Skyscraper, Dark & Long o Dirty Epic. En este 2016 no sólo han reeditado Second Toughest In The Infants (poned Juanita, por dios, y no digáis que no es de los mejores cuartos de hora de la electrónica) también sacarán en marzo un nuevo largo, Barbara Barbara, We Face A Shining Future, que cuando tengáis la oportunidad de escuchar, sin prejuicios, eso sí, apreciaréis que el dúo no se ha molestado en seguir la corriente actual de la EDM y en su lugar entregan un trabajo que convencerá a la vieja guardia, con algunos cortes que tienen madera de futuros hits como If Rah u Ova Nova.

The Chemical Brothers

Los veteranos del FIB, aquellos que comprensiblemente se sienten desencantados con la trayectoria que ha seguido el festival desde que los hermanos Morán se desentendieron de él, te dirán que Benicàssim no es lo mismo sin The Chemical Brothers. El dúo británico forma parte de la educación sentimental de todo fiestero, con una cantidad de himnos indiscutibles. Pero su ausencia de doce años es más que justificable, pues coincide con la peor etapa de los de Manchester. El año pasado, sin embargo, se sacaron de la manga Born In The Echoes, el primer disco que nos advirtió que los dinosaurios de la electrónica no sólo no habían tirado la toalla, sino que venían con ganas de recuperar el trono perdido. Wide Open, con Beck, toma el relevo de Out Of Control como hit emocional y con Go se les perdona toda la morralla que sirvieron especialmente en la segunda mitad de la década pasada. Y los que los han visto, sin ir más lejos en el Sónar del año pasado, saben que sus shows nunca defraudan.

Leftfield

Hace ya casi seis años que vi a Leftfield por última vez, precisamente en el FIB, cuando, siendo sincero, ya prácticamente me había olvidado de ellos. Pero fue recuperar himnos pretéritos como el contundente Phat Planet y venirme muy, muy arriba. Un lustro después las cosas han cambiado mucho, hasta el punto de que una de sus mitades, Paul Daley, abandonó el barco. Pero Neil Barnes quiso continuar y el año pasado lanzó Alternative Light Source, su primer álbum desde 1999. Quizá por el efecto sorpresa, por esperarnos lo peor, lo recibimos maravillados. Volvió a servir esos beats rotundos que le reclamábamos, beats gruesos y esas atinadas colaboraciones que siempre han tenido, esta vez con Jason Williamson de Sleaford Mods, Tunde Adebimpe de TV On The Radio y Channy Leaneagh de Poliça. Aunque de algún modo Daley no sale de esa fiesta masiva de los noventa en la que parece que se ha quedado, se agradece que tenga tan buen gusto a la hora de buscar nuevos vocalistas invitados y no recurrir a lo fácil.

Massive Attack

Aunque Massive Attack no es uno de esos grupos de venirte muy, muy arriba en los festivales, vamos, su música más bien provoca bajona, la electrónica de los 90 no sería lo mismo sin su aportación. En realidad nunca nos han dejado. Aunque Mushroom hace tiempo que se fue 3D y Daddy G siguen dale que te pego. Su actividad es lenta pero certera. Ahora han reactivado las máquinas. Hace dos semanas lanzaron un EP de cuatro canciones por sorpresa producido por Del Naja (Daddy G le tomará el relevo en primavera con otro extended play). Nos podríamos quedar con que vuelve un viejo camarada, Tricky, después de 22 años de ausencia, pero lo más importante es que los de Bristol siguen manteniendo esas cualidades por las que nos enamoramos de ellos en primer lugar: oscuridad, mal rollo, cierta sensación de ansiedad, agobio y claustrofobia. Además, los nuevos aliados son francamente acertados, tanto los más conocidos Young Fathers y Roots Manuva, como ese descubrimiento que es Azekel.

Fatboy Slim

Vale, lo admito, con Fatboy Slim no se me ocurre ningún argumento para defenderle en 2016 más allá de la nostalgia. ¿Pero alguien ha dicho que regresar al pasado de vez en cuando esté mal? ¿Sólo podemos escuchar al novísimo productor de un pueblo perdido de Polonia? Norman Cook nos ayudó a crecer cuando aún teníamos granos en la cara y pedíamos a los padres la paga. Dice Sónar que volverá a la Fira para ofrecer un nuevo espectáculo audiovisual basado en poderosas imágenes y sus infalibles hits. ¿Es un dramazo escuchar una detrás de otra The Rockafeller Skank, Star 69, Right Here Right Now, Sunset – Bird Of Prey o Praise You? Un rotundo no.