Si tenemos en cuenta la abundancia o saturación de series de mafia, policiacas, de espionaje u hospitales, es todavía más sangrante lo poco que se ha reflejado el mundo de la música en la televisión. Más allá de productos con geniales bandas sonoras, ya sea originales o con una exquisita selección de material de terceros, nos encontramos que desde la llamada era de oro de la pantalla pequeña sólo ha habido tres producciones interesantes que, por distintos motivos han pasado desapercibidas. Es el caso de Flight Of The Conchords, absurda comedia de cultísimo, Treme, demasiado sofisticada y quizá complicada para el gran público, o Mozart In The Jungle, que incomprensiblemente no está llegando a más gente pese a ser de lo mejor que se puede ver ahora mismo. Así, nos encontramos con que aparte de Nashville y Empire  que sí, son la hostia y que reivindicaremos más pronto que tarde, pero demasiado culebrón – hay un vacío que duele a los melómanos y seriéfilos. Pues bien, ha tenido que venir HBO con Martin Scorsese, Terence Winter y Mick Jagger para arreglarnos la vida y librarnos de este pesar con Vinyl, que parte de 1973 para hablarnos del rock en Nueva York y mucho más.

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El triplete es de auténtico ensueño, básicamente porque hay pocos cineastas tan legendarios como Martin Scorsese en este momento y que tan bien sabe contar historias sobre excesos, adicciones, caídas en desgracia, Nueva York y, por supuesto, música. Porque el viejo Marty, aparte de tener peliculones como Uno de los nuestros o Taxi Driver, también cuenta en su currículo con una trilogía de documentales sobre Bob Dylan, George Harrison y The Rolling Stones altamente reverenciados. Cobra sentido, pues, que se alíe con Mick Jagger en este proyecto. También con Terence Winter que, precisamente, fue el guionista de la brillante El Lobo de Wall Street y unos años atrás, el creador de Boardwalk Empire, serie en la que el italoamericano también estuvo involucrado. Ahí, Winter demostró un saber enciclopédico de la historia. No sólo del crimen organizado durante la Ley Seca, también sobre la música de los años 20, descubriéndonos así un sinfín de sonidos que, seguramente, si no fuese por él, no los habríamos escuchado jamás.

Anoche se estrenó Vinyl en Estados Unidos y aquí todavía no hay fecha de estreno básicamente porque HBO se la ha guardado para su desembarco en España de cara a finales de año. Así que como nos podía el ansia viva hemos tenido que recurrir a la vía pirata para contarte sobre ella. Si tú tienes más aguante que nosotros, te encontrarás con diez capítulos del tirón y la aún por confirmar segunda temporada a la vuelta de la esquina. Las expectativas eran altas no sólo por lo que os hemos comentado de que el tema era apetitoso y está capitaneada por un equipo brutal, también por la serie de trailers que han compartido hasta ahora.

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El piloto lo dirige Martin Scorsese y dura cerca de dos horas, por lo que os podéis imaginar lo ambicioso que es, no sólo en duración sino en una producción casi cinematográfica. La queja principal de la gente con las series españolas es que son excesivamente largas. Pues tranquilos porque estos 108 minutos se pasan tan rápido como lo que tarda su protagonista, Richie Finestra, en meterse una raya. La primera escena ya es gloria pura y nos da toda la droga (la de verdad y la catódica) que reclamábamos. El tipo, un propietario de una importante discográfica neoyorquina, está en su coche con la mandíbula prieta y un ataque de ansiedad de tres pares de cojones. Llega un dealer y le pide un 8-ball de coca. Luego se lo piensa y dice: “no, que sean dos” (siete gramos, para entendernos). Se lo mete todo con la tarjeta de un policía como improvisada papela y para dentro a ver un concierto de unos por entonces pujantes New York Dolls.

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Ese italoamericano con cara de macho alfa es Bobby Cannavale y los que le seguíamos desde hace tiempo y le queríamos en un gran papel sabíamos que aquí lo iba a bordar, con un personaje hecho a medida. En Nurse Jackie era un carismático doctor, en Blue Jasmine de Woody Allen un garrulo engominado, pero en Boardwalk Empire un villano histriónico que ha pasado a la historia de la televisión pese a que sólo apareció en la tercera temporada. Ese Gyp Rosetti que interpretó, con sombrero napoleónico incluido, es uno de los mejores personajes que hemos encontrado en la pequeña pantalla desde hace años. Así que ahora haga de una especie de Don Draper de la música, es decir, un tipo con mucho poder, brillante en lo suyo, pero amenazado por los fantasmas del pasado y presente (amistades echadas al traste, excesos con las drogas y el alcohol, un matrimonio que pende de un hilo…) le va como anillo al dedo. Vamos, que es carne de Emmy de manual. El resto del reparto no está nada mal, especialmente Juno Temple, que es la hija de Julien – el de los documentales musicales, sí -, que interpreta a una chica con grandes aspiraciones de A&R que ficha a The Nasty Bits, banda de proto-punk liderada por un chaval británico que es la vivita estampa de Mick Jagger. Toma, claro, porque resulta que el actor es su hijo, James, que lo hace muy bien.

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¿Y qué hay de la música? Pues de momento muy bien. Esto no es sólo una historia de sexo, drogas y rock and roll. De hecho, si prestáis atención a la fecha en la que se desarrolla la serie, 1973, sabréis que una revolución musical está a punto de estallar en Nueva York en la forma de nuevos géneros como el punk y el hip hop. No hay que soltar la mirada de la pantalla o te puedes perder momentos aparentemente anecdóticos pero cruciales en la historia de la música como el nacimiento del hip hop a manos de DJ Kool Herc. Y, sí, aunque el peso de la narración lo llevan bandas blancas como Led Zeppelin, Alice Cooper o ABBA, es muy interesante como Scorsese introduce breves escenas en forma de neblinosos recuerdos de música negra, como de alguna manera queriendo pagar esa deuda histórica con una raza que hasta hace no demasiado había sido menospreciada. En este sentido, imaginamos que es crucial esa reconexión con su viejo amigo, Lester Grimes, un cantante de blues caído en el olvido que hace rememorar al protagonista los momentos en los que de veras era genuino y no sólo se movía por la pasta.

Así que sí, Vinyl es la serie que esperábamos todos. Cuesta creer que se desmorone con un equipo tan talentoso y, aunque ahora mismo todas las tramas que han presentado tienen muchísimo interés, sólo imaginar lo que viene en el horizonte hay ganas de que esta producción sea el emblema de HBO para los próximos cinco años. Scorsese está tan por la labor de que su nuevo retoño no falle, que volverá a dirigir más capítulos, cosa que no sucedió con Boardwalk Empire. Y esto, amigos, es motivo de fiesta grande.