Estas son las 5 películas más apestosas que puedes ver en Netflix

Auténticos bodrios, en su mayoría taquillazos multimillonarios, que hemos visto en Netflix. Te hacemos un favor: no caigas en la trampa como nosotros.

 

Cada vez que pienses que acabas de hacer un ridículo espantoso  -nivel darle lecciones de ajedrez  a Kasparov o enviar un Whatsapp intempestivo a algún ex- piensa que no estás solo en el universo de lo grotesco. Antes que tú miles de personas transitaron la ruta del bochorno. Es más, en algunos casos está todo grabado en formato fílmico, por lo que puedes recurrir al archivo para diluir tu miseria detrás de la de los demás, que ya se sabe que “mal de muchos es consuelo de tontos”, pero al fin y al cabo, consuelo. Algunos de estos ejercicios de sonrojo cinematográfico están disponibles en Netflix, así que si te debates entre un buffet libre de col o una de estas pelis, tal vez deberías escoger lo primero.

Las películas que forman parte de esta selección tienen en común haber contado con presupuestos millonarios, protagonistas oscarizados, directores, productores y guionistas célebres, y también con el favor de público, porque en su día fueron taquillazos. Este último fenómeno nos hace especial ilusión. Todos, sin excepción, necesitamos unos minutos de inmersión profunda en entretenimientos carentes de exigencia, de esos que no merece la pena pausar cuando vas al baño porque ya sabes lo que va a pasar: nada.  A continuación, una selección de cinco pelotazos de taquilla para cuando hayas acabado de tender lavadoras de calcetines y ya no te quede ninguna tarea tediosa más para acabar de joder el día.

The Tourist

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Es difícil saber por dónde empezar. Estrenada en 2010, con un presupuesto de 100 millones de dólares y una recaudación mundial de 273, se trata de la segunda cinta del director Florian Henckel von Donnersmarck, tras su celebrado debut con «La vida de los otros». El guión lo firman Julian Fellowes (“Downton Abbey”), Christopher McQuarrie («Sospechosos habituales») y el propio Henckel. Está protagonizada por Angelina Jolie y Johnny Depp y, como al parecer no había suficientes elementos de impacto visual, está rodada en París y Venecia, las dos ciudades más de síndrome de Stendhal del planeta. Pues lo que parecía imposible se hizo realidad. El resultado no solo es un bodrio, sino que eleva el concepto de vergüenza ajena a una nueva dimensión. La peli sostiene el interés los cinco primeros minutos, pero desde el momento en que Jolie y Depp se encuentran en el tren es una caída libre sin frenos. Jolie es una mujer misteriosa, que no sabemos muy bien en qué bando juega, al estilo de Eve Kendall en “Con la muerte en los talones”, pero a diferencia de lo que ocurre en la cinta de Hitchcock, en este caso ni siquiera interesa.

Las referencias al maestro del suspense, y en concreto a la citada obra protagonizada por Cary Grant, no acaban ahí, para asombro de un espectador que asiste con sonrojo al patetismo de una copia mala. Depp es un profesor de matemáticas que fuma cigarros de esos de vapor y al que quieren convertir, en un juego de falsas identidades, en Roger Thornhill/George Kaplan. Una auténtica desgracia. Con elementos de thriller, «The Tourist» es en realidad una historia de amor que debería pivotar en torno a la química de sus protagonistas, que no solo no existe, sino que parecen estar pidiendo a gritos que los saquen de allí cuanto antes porque no se aguantan. La única verdad de la película es esa: Jolie y Depp se detestan. Ojalá más pelis juntos.

Mamma Mia!

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Para taquillazos, este. Presupuesto de 52 millones de dólares y recaudación de más de 600. Por mucho que pueda despertar la curiosidad de ver a la protagonista de “Los puentes de Madison”, cantar, bailar y calzarse unas botas de drag queen. Por mucho que una isla griega en verano sea lo más parecido al paraíso y la luz del Mediterráneo la terapia más potente ante cualquier herida del alma, por mucho que nos guste Pierce Brosnan, desde Remington Steel, y que con Christine Baranski nos iríamos al fin del mundo, «Mamma mia!» cuenta una historia absolutamente inane y lo suficientemente aburrida como para dormirse una buena siesta. Adaptación del musical teatral de ABBA, la peli es más insípida que un arroz hervido. No cabe duda de que se divirtieron haciéndola, ellos sí, pero divertir al espectador es harina de otro costal. Encima se hace larguísima y ni siquiera disimula sus carencias técnicas, que las hay a borbotones. Pero la mejor definición la dio en su día el crítico del New York Times A. O. Scott: «Se puede pasar un rato agradable viendo esta animada adaptación del popular musical. Y luego, una vez que se te pasa la resaca, reconocer lo mala que es». Para qué añadir nada más.

Eat, Pray, Love

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Julia Roberts. Es difícil encontrar una actriz que haya tenido tantas oportunidades y tan bien pagadas para demostrar su reducido catálogo de recursos expresivos. Siempre hace lo mismo, desde «Pretty Woma». Si alguien merece un “por ti no pasan los años” esa es ella. La peli ya partía de una premisa pobre. Es la adaptación cinematográfica del libro homónimo de Liz Gilbert, que narra el viaje de búsqueda interior de una mujer de mediana edad hastiada de que todo le vaya bien en la vida. El arranque de la historia no es gran cosa, pero uno aguarda con paciencia porque las esperanzas están puestas en el viaje. ¡Pardillos, que no mejora! El tránsito de la Roberts por Italia, la India y Bali no es más que un compendio de topicazos sobre los lugares que visita -si llega a ir a España no hubieran faltado toros ni paella- y otra buena dosis de topicazos sobre la introspección, la paz interior y el reencuentro con uno mismo. Eso sin tener en cuenta que el momento de la boda india concertada, en la que esa supuesta americana cosmopolita anima a la joven india a abandonar sus aspiraciones de independencia para plegarse a la convención es como para acudir a un tribunal internacional de derechos humanos. Dirgida por Ryan Murphy («Nip/Tuck», «American Horror Story») con un presupuesto de 60 millones y una recaudación de 204, cuenta con la presencia de James Franco, Richard Jenkins y hasta Javier Bardem. Eso sí, qué ganas de comer pizza y pasta hasta reventar.

Julie and Julia

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Nora Ephron no podía faltar a la cita. La realizadora de obras tan importantes en la historia del cine como «Tienes un e-mail» o «Embrujada» tiene un rasgo absolutamente reconocible: introducir en todas sus películas una dosis de almíbar tan elevada que seguramente podría abastecer las necesidades de glúcidos de toda la província de Albacete durante un año seguido. «Julie and Julia» está basada en hechos reales y entrelaza la vida de Julia Childs, estadounidense que escribió un libro famoso de cocina francesa en los 60, con la peripecia de Julie Powell, que, 40 años más tarde, se decide a hacer una a una las recetas del libro y a contar sus experiencias en un blog. ¡Un blog! ¡De cocina! ¡Una peli sobre un libro de cocina y un blog de cocina! Vale que es de 2009, pero es que para entonces ya se había quedado obsoleta. Ni Meryl Streep, ni Amy Adams, ni Boeuf Bourguignon. Esto no hay quien se lo trague. La peli es sencillamente un coñazo y encima dura dos horas. 40 millones de dólares en presupuesto y una recaudación de unos 130. A la crítica, en general, no le desagradó. Pues sal de fruta y que se la coman.

Novia por contrato

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Vaya por delante que juntar en la gran pantalla a Mathew McConaughey y Sarah Jessica Parker como dúo estelar era una propuesta arriesgada. Asumámoslo, Mathew McConaughey en el rol de comedia romántica solo hace buena pareja con él mismo, se gusta tanto como Cristiano Ronaldo y abusa de las muecas más que Jim Carrey. Pero es que además, la historia no puede ser más inverosímil. McConaughey es un tío de treinta y tantos que no se independiza y sus padres, hartos de la situación, deciden contratar los servicios de Sarah Jessica Parker, una joven cuya profesión es enamorar a chicos y darles la motivación necesaria para que decidan irse de casa. A saber en qué casilla de la renta se declara eso. A partir de este guión sin fisuras se suman toooodos los elementos previsibles posibles. Los gags cómicos no hacen gracia, los amigos son pesados, hay veleros, paint ball y escalada. El único momento que se salva de la peli lo protagoniza Zooey Deschanel cuando entra en una armería con la intención de matar a un ruiseñor y acaba enfrentándose a un examen de derecho constitucional. Con un presupuesto de 50 millones de dólares, esta película, fallida a todos los niveles, recaudó en taquilla 130 millones de dólares en todo el mundo.