«Foodie Love» es Isabel Coixet con un cucharón de ramen perforándote el cráneo

La directora barcelonesa ficha por HBO para ofrecer uno de sus habituales pasteles. Esta vez, además, con la osadía de meterse con los foodies siendo la más foodie de todas. Òscar Broc la destruye.

 

Quiero vivir en Foodie Love, la nueva serie de Isabel Coixet para HBO. “No me gusta la gente que saca fotos a la comida antes de probarla”, sentencia el protagonista en un monólogo antifoodie que pone los pelos como chuzos. Y lo suelta en una producción que utiliza el término foodie para definirse a sí misma y es una postal cuqui de Instagram de principio a fin. Al señor tampoco le gustan los bares hipsters, y nos lo hace saber en una de las cafeterías más hipsters de Poble Nou. Locurón.

No se vayan todavía, que aún hay más. La protagonista de la serie asegura odiar “que los cocineros hablen de emoción todo el rato”, en ¡una serie que principalmente va de emociones! Y ojo con las pizzas, porque le gustan como idea, “pero luego siempre son decepcionantes. Como si nunca pudieran estar a la altura de lo que  prometen”. Será porque solo habrá probado las Dr. Oetker.

Es posible que no entiendas lo que está pasando, pero ya es eso: Foodie Love (HBO) es Isabel Coixet con un cucharón de ramen perforándote el cráneo, poniendo contra las cuerdas a los foodies siendo más foodie que nadie, abofeteando al postureo en una serie que es postureo al cubo. Cuando titulas un capítulo La gyoza de Proust estás jugando fortísimo. Y cuando tus personajes aseguran que “hay mucho imbécil en el mundo foodie”, como si ellos no estuvieran incluidos en el pack, la fiesta está asegurada.

Podríamos decir que Foodie Love es una tomadura de pelo, pero lo más probable es que todavía no estemos preparados para algo tan rompedor. Dejémosla reposar, como los buenos vinos, pues solo las generaciones venideras la entenderán y apreciarán, como pasó con el programa Desayuna con Alegría de Leticia Sabater o la novela Perséfone de Ricardo Bofill.