Gata Cattana, el eterno legado poético de Ana Isabel García

Con motivo del segundo aniversario de su fallecimiento, analizamos el profundo legado artístico que nos ha dejado Gata Cattana desde su dimensión poética.

 

Si por un instante cerrásemos los ojos mientras escuchamos el álbum Banzai, podría parecer que no ha pasado tanto tiempo desde que la desgarradora noticia de la muerte de Gata Cattana invadió nuestras vidas para dejarlas un poco más vacías y tristes. Pero la realidad es otra, y aunque a veces nos pueda costar asumirlo, ya se han cumplido dos años de aquel funesto 2 de marzo en el que Ana Isabel García Llorente fallecía a causa de un maldito e inesperado shock anafiláctico. En este tiempo los familiares y amigos más cercanos de Ana, sin duda alguna los mayores damnificados por esta terrible pérdida, no han dejado de pensarla cada día. Y lo más seguro es que, para esta personas, mantenerla viva en su memoria haya sido algo realmente duro y difícil de expresar mediante palabras.

Pero a pesar de ello confío en que, entre el llanto y la sonrisa que acompañen a sus recuerdos, logren encontrar un poco de alivio al saber que el legado artístico de Gata Cattana siempre mantendrá prendida una parte importante de esa luz aurática que la acompañó en vida. Porque si alguna virtud caracterizaba a Ana, y esto es algo que no han parado de repetirme todos sus amigues con los que he tenido la suerte de coincidir por las calles de Granada, era la de su infinita calidad y bondad humana con las que iluminaba e inspiraba a sus seres queridos. Desgraciadamente nada ni nadie podrá devolverles aquello que la muerte les arrebató de manera tan prematura y amarga. Pero la semilla de su fruto ya marchito sigue muy viva en la obra musical y poética de esta artista andaluza, y lejos de agotarse, todavía a día de hoy tiene muchas luces y destellos que ofrecernos en nuestro incierto camino hacia el futuro.

Esta inagotabilidad de la obra de la Gata se pone de manifiesto en la nueva reedición de su poemario La escala de Mohs, publicado por primera vez con HOMO STULTUS Ediciones en el año 2016 y posteriormente reeditado hasta en dos ocasiones durante el año 2017 por la editorial ARSCESIS. Esta nueva entrega, publicada dentro de la colección Verso&Cuento de la editorial AGUILAR y que además ha contado con la estrecha participación de la madre de la artista, prolonga su legado con el propósito de difundir al máximo el gérmen de su voz reivindicativa y luchadora. Como bien señala la propia editorial en la nota de prensa que anunciaba el nuevo lanzamiento, “la escala de Mohs es una tabla de diez minerales ordenados por su dureza que se usa para medir la maleabilidad de cualquier otro. Y eso son precisamente los poemas de Gata, una unidad de medida de nuestros principios, un libro que nos pregunta salvajemente por lo que creemos y no creemos. Esta nueva edición, cuenta con dos poemas inéditos, manuscritos de sus versos y un emotivo prólogo de la poeta Irene X.  Con tan solo 25 años, Gata Cattana ha dejado un legado literario y musical de valor incalculable«.

Quizás no sea posible ponderar de manera absoluta ese valor incalculable de su obra. Pero desde luego sí que existen determinados hechos que nos pueden ayudar a entender el porqué de dicho valor. Y uno de ellos es el que representa el siguiente y paradójico caso. Cuesta imaginarse que, a pesar de su gran reconocimiento social y su tremenda categoría poética, la obra de la Gata forme parte de algún plan de estudios universitario en España. Con suerte, alguna becaria un tanto atrevida podría nombrarla o dedicarle un par de referencias aisladas en el contexto de una clase cualquiera. Sin embargo, y para sorpresa mayúscula de muchas personas, al otro lado del charco su obra artística ha encontrado mayor reconocimiento institucional del que ha recibido en su tierra. En la prestigiosa Universidad de Princeton el profesor Germán Labrador (Vigo, Pontevedra, 1980) imparte un curso que lleva por título `Rapping in Spanish: Urban Poetry in Latino Global Cities´. Y dentro del plan de estudios de esta asignatura, la obra y figura de Gata Cattana ocupan un papel capital a partir del cual les estudiantes del curso estudian las vinculaciones existentes entre el hip hop hispano, la poesía como praxis artística y la cuestión del género. A simple vista, este hecho resulta cuanto menos difícil de entender, pero desgraciadamente la expresión “nadie es profeta en su tierra” se hace realidad con demasiada frecuencia dentro del territorio español.

Pero más allá de reconocimientos externos, la importancia de esta artista para la cultura urbana española es también incalculable. En los últimos tiempos, nadie en la escena musical urbana de este país había conseguido hibridar de un modo tan brillante la musicalidad y el contenido de sus canciones reivindicando a la poesía como motor creativo. Y es que si nos fijamos en la tradición del hip hop en España, la relación que han mantenido sus expresiones musicales con la poesía ha sido cuanto menos complicada, especialmente si tenemos en cuenta el exceso de poetización superflua que sufrió el rap nacional durante los años 2000. La reacción de las nuevas generaciones ante este exceso de poetización fue inevitable, y durante mucho tiempo la consigna “fuck raperos poetas  tuvo mucha presencia en el ámbito creativo del underground. Sin embargo el problema nunca estuvo en la poesía, sino en la deriva desarraigada, banal y rimbombante que durante ese período siguieron demasiados raperos, quienes centraron su ejercicio poético en hacer rimar todos los versos, estructurándolos hasta la saciedad mientras exhibían pomposos juegos de palabras que realmente no decían nada.

En este sentido, la grandeza de Gata Cattana reside en su capacidad para recuperar la dimensión más encarnada y marginal de la poesía y, de este modo, volver a dignificarla dentro del hip hop nacional. Porque la poesía y lo poético, tal y como ella lo entendía, eran mucho más que un simple formato artístico. Eran ante todo un ejercicio de mediación y transformación entre el personaje creado y el sujeto creador. Esta dimensión creativa se hace más evidente cuando en una de sus última entrevistas le preguntan sobre la difícil relación artística entre personaje y autor, a lo que ella, con una sonrisa sátira en la cara, responde: «Yo de pequeña soñaba con ser Gata Cattana, quería ser como ella, como la tipa que escribe, que veis en los concierto. ¿Qué pasa? Que a costa de querer ser Gata Cattana, a base de escribir como ella, Gata Cattana me ha comido, se ha comido al autor. Ya no soy Ana, ya no soy esa chiquilla. Es como si el personaje que yo quería ser, me ha poseído. Me he convertido en el personaje sobre el que escribía. Ya soy eso.»

El legado que deja Gata Cattana no es tanto su música, o su poesía como obra artística. Es algo mucho más profundo. Es la afirmación de la posibilidad de crear vida real en toda su potencia a partir del arte. Es la asunción de que el verdadero papel del arte en la existencia humana no es la de crear una obra, un poema o una pintura, sino la de crear y transformar poéticamente la propia vida en ese proceso artístico que está siempre en devenir. Porque al final ella misma trascendió su propia individualidad como ser humano gracias a la apertura absoluta que implica tal radical forma de entender el arte. El arte como creación de nuevas significaciones y realidades, el arte como espacio donde la transformación puede hacerse carne a partir del verbo. Y ese verbo que la Gata transformó en carne todavía se encuentra presente tanto en La escala de Mohs como en Banzai, obras que de algún modo mantienen vivo su grito de guerra a pesar de que Ana ya no vaya a estar de cuerpo presente en las batallas que vienen.

El autor norteamericano Marshall Berman finaliza la introducción de su obra Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad con la siguiente frase: “Ivan Karamazov dice que, más que cualquier otra cosa, la muerte de un niño lo hace querer devolver su billete al universo. Pero no lo devuelve. Sigue luchando y amando; sigue adelante”. Y creo firmemente que el legado que siempre quiso dejarnos Gata Cattana, y al que a menudo hacía referencia – “Gloria y honor a mi estirpe, gloria y honor es lo único que llevo dentro pa dejar el mundo antes de morirme” (Banzai, Papeles, 2017)- tiene mucho que ver con la lucha y el amor como ejercicio poético al que aferrarnos para seguir adelante en nuestro constante proceso de transformación.