“If I Think of Germany at Night”, hay vida más allá de la pista

No lo sabemos a ciencia cierta, pero es muy probable que la relación entre Romuald Karmakar y Ricardo Villalobos, cristalizada en un documental del primero sobre el productor chileno estrenado en 2009, sea la base de esta película sobre la escena electrónica alemana. Dicho así sin más (“película sobre la escena electrónica alemana”) puede llevar a engaño y a emparentar erróneamente el filme de Karkamar con Berlin Calling, protagonizada por un exaltado Paul Kalkbrenner; The Acid House, adaptación de un libro de Irvine Welsh; o documentales tipo Gabbers (proyectada hace tres años en el In-Edit) o Beatz, construida sobre conversaciones de Eduardo de la Calle con multitud de productores y músicos electrónicos de todo el mundo.

Denk ich an Deutschland in der Nacht busca (y encuentra) un enfoque diferente, alejándose voluntariamente de la urgencia y la rapidez asociada a la club music. Nos habla de ella, entra en la pista, todo gira a su alrededor, pero no “baila” al ritmo de sus beats. Tampoco es su intención mostrar una escena en toda su amplitud; más bien busca reflexionar con el trabajo y la vida de quienes forman parte de ella, desehechando la clásica (y lógica) opción coral para concentrarse exclusivamente en cinco personas: Ata, Roman Flügel, Sonja Moonaer, Move D y, cómo no, Ricardo Villalobos.

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Todos ellos hablan largo y tendido sobre el hecho mismo de convertir su trabajo y su pasión-obsesión por la música en el centro de su vida; les vemos y les escuchamos en sus estudios (Villalobos delante de varios sintes modulares y rodeado de objetos varios, entre ellos un poster de Salvador Allende con una inscripción en alemán que dice “Es lebe Chile! Es lebe das Volk!”; Flügel en un espacio más sencillo y aparentemente ordenado), en sus propias casas (Ata sentado cómodamente en un sofá, explicando como cada vez se aleja más de la música para centrarse en la comida y cultivar sus propios alimentos) o, en la escena más hilarante y a la vez profunda del documental, en un parque de Munich, donde Move D habla, entre otras cosas, de la fascinación que siente por la ciencia ficción, los telescopios, la posibilidad de vida extraterrestre y el 2001 de Kubrick, mientras suelta frases del tipo “la música es un cosmos en si mismo”. Muchas risas cuando, en pleno subidón místico-mental, le piden que establezca conexiones con una manzana que hay colgando de un árbol, y él se presta jocoso al juego.

Segundos antes de subir el volumen

Las secuencias verbales se alternan con otras en las que vemos a los protagonistas en su otro hábitat, el público, bien sean clubes, auditorios o festivales. Aquí Karmakar toma una decisión bastante insólita: prescindir de la música que suena por fuera y usar en su lugar la que cada uno de ellos oye por los auriculares en modo pre-escucha. La primera vez que nos trasladamos a un club (Flügel en el Marktkantine de Amsterdam, lleno de gente, y él imluminado en medio, como enfatizando la soledad del dj) y se crea el silencio del cambio de track interno la sensación es extraña y francamente anticlimática; cuesta un poco de entender, pero luego uno piensa que es un recurso bastante ingenioso que sirve para explicar de forma directa y sin palabras (nota importante: en If I Think of Germany at Night no hay ni una sola voz en off) esa parte del trabajo que tiene que hacer el dj un poco al margen de la euforia que se vive en la pista.

El documental puede poner un poco de los nervios a los impacientes y su concepto y coherencia son como mínimo discutibles (todo parece un poco arbitrario, por que sí, y por momentos tiene pinta de ser una peli de amigos y no un documental con vocación de ser visto por todo el mundo), pero obtiene momentos inusuales y estimulantes, como oir a Flugel preguntarse sobre la idoniedad de una fiesta tras un atentado terrorista, o a Ata resumir 50 años de música electrónica en Alemania en dos minutos, situando en en el centro de su discurso a Conny Plank (otro protagonista destacado de este In-Edit 2017).

En un momento determinado, es Villalobos –tremendo por cierto el momento en el que está pinchando y bailando y le salta el disco en varias ocasiones, sin que a él parezca importarle demasiado– quien expresa el mensaje que parece querer retransmitir la película con su metraje y sus diferentes reflexiones: esa idea de que la música de baile (electrónica o no) toma todo su sentido cuando la gente se reúne en una pista y una fiesta para celebrar el simple hecho de estar juntos, “alles zusammen”, reunidos alrededor de los sonidos.