«Jurassic World: El reino caído», o cómo a Hollywood le pone acabar con la humanidad

El estreno de la nueva entrega de la saga jurásica, dirigida por J.A. Bayona, nos sirve para reflexionar sobre esta nueva tendencia de la industria que parece decirnos que somos lo peor y merecemos extinguirnos.

 

En Hollywood está de moda acabar con la humanidad. Sí, esa industria de cine que siempre tildan de acomodada o de imperialista tiene un mensaje claro y ¿antisistema? que darnos en algunos de sus últimos blockbusters: los humanos somos lo peor y merecemos extinguirnos. Vamos, desaparecer de la Tierra de un plumazo. La última película que se suma a esto es en la estupenda segunda parte de Jurassic World, dirigida por nuestro J.A. Bayona. Aquel director que muchos descubrimos gracias a los fantásticos videos que dirigió para Camela (aún vale mucho la pena rescatar el spaghetti western que puso imágenes a Cuando zarpa el amor).

La moda de aniquilar a la humanidad, heredada por el cine actual de las mejores películas de ciencia ficción de los años setenta, clásicos como Cuando el destino nos alcance (ahí nos comíamos los unos a los otros en forma de galletas de cereales humanos), La fuga de logan, El último hombre… vivo y El planeta de los simios (esta se adelantó un poco ya que se estrenó en 1968), ha calado en un montón de directores nacidos a finales de los sesenta y a principios de los setenta. Cinéfilos antes que cineastas, que han aprovechado sus puestos de responsabilidad en blockbusters para metérsela doblada a los happy ends hollywoodienses.

El caso más paradigmático es la nueva trilogía basada en la antes nombrada El planeta de los simios. Su segunda entrega, El amanecer del planeta de los simios puede que contenga el puñado de humanos más insoportable y odioso de la década. Hasta los que no ejercen de carceleros y de torturadores y quieren ayudar a los primates dan grima por inocentes y pazguatos. Ese movimiento inteligentísimo de Matt Reeves, director de la película, convertía a los simios en los verdaderos héroes y protagonistas de la función. Mientras te quedabas embobado con lo guay que era César (el simio rebelde), Reeves, como ese mago que para hacer un truco lleva tu atención a otra parte, abogaba sin cortapisas por la desaparición de nuestra raza en favor de los monos.

Hollywood se gastó más de 400 millones de dólares en una saga que decía lo siguiente: vivan los simios y muerte a los humanos. Y no le fue mal. Así que otros siguieron su ejemplo. Fijémonos en Vengadores: Infinity War. De acuerdo, no defiende el fin de la humanidad pero ojo, si la extinción selectiva de la misma para salvaguardar su existencia (suena a un oxímoron la verdad). Una película vista por medio planeta y por millones de niños que simpatiza por el villano Thanos (el verdadero protagonista de la historia) y su intelectual y romántica concepción de la eugenesia. Sí, eso que le gustaba tanto a los nazis.

En Jurassic World: El reino caído, un filme de dinosaurios que aúna el sentido de la maravilla del Steven Spielberg más juguetón con la épica íntima de David Lean, los humanos también son lo peor. Incluso los buenos, interpretados por Bryce Dallas Howard y Chris Pratt, al tener tantas tonalidades grises, son casi tan o más culpables que los villanos que quieren sacar provecho de los dinosaurios. Al menos estos últimos van de cara, pensarán muchos espectadores. Es más, no haremos spoilers, pero el único homo sapiens de la película que representa la bondad es una niña que no es trigo limpio.

La segunda parte de Jurassic World, en la que por primera vez, y como los catalanes, los dinosaurios hacen cosas y se meten en unos embolados que nunca antes habíamos visto en una película de este tipo –va en serio y lo digo como un piropo-, Bayona se hace un El origen del planeta de los simios y se pone de parte de los velociraptors (¿la raza recuperada de criaturas del pasado que acabará definitivamente con los humanos en la tercera parte? Ojalá sea así), de los triceratops, de los Diplodocus (la muerte de uno de ellos en El reino caído es uno de los momentos líricos más emocionantes del año) y de los brachiosaurus. Y no solo eso, ya que regala, literalmente, la Tierra a esos seres extinguidos años ha pero recuperados en este universo de ficción por el trabajo de un puñados de magnates y de científicos idiotas.

¿Qué hay detrás de la misantropía y de las ganas de acabar con la humanidad que se respira en los mejores blockbusters de esta década? ¿Qué oscura motivación tienen los estudios Universal, la 20th Century Fox o los Marvel Studios para celebrarlo? ¿Su mensaje es realmente honesto y antisistema? ¿Nos están preparando para un apocalipsis inminente qué solo conocen las élites privilegiadas? ¿O quieren empezar a educar ya el subconsciente colectivo para cuando en unos cuantos miles de años llegue realmente el fin del mundo? En Beatburguer aceptamos todo tipo de teorías, sobre todo si son conspiranoicas.