La Estrella de David: “No me interesa el pop”

Entrevistamos a su alma, David Rodríguez, y desglosamos, track by track, su nuevo disco, «Consagración», del que estrenamos «Eroski».  Mañana a la venta.

 

Con Bach Is Dead estableció las bases del “noise pop”, con Beef (y Telefilme -a medias con Tito Pintado de Penelope Trip-) sacó al indie español de la vergüenza ajena. Con La Bien Querida normalizó la calidad en el pop español alternativo. Con La Estrella de David, y especialmente con el disco que sale mañana “Consagración” (Sonido Muchacho, 2018) nos damos de bruces con un disco que marcará un antes y un después en el pop español: orfebrería minimalista en forma de puñalada al corazón.

30 años después, y con nuevo disco bajo el brazo, parece que se te va reconociendo, poco a poco (por crítica y público) como pieza principal en el pop español contemporáneo.

En general no me interesa el pop, hace tiempo que concibo esa etiqueta como “música ligera”, un entretenimiento frugal, algo pasajero, como cuando fumas salvia: todo son risas y el lotazo en la cabeza hasta que se va….desaparece…y es cuando aparece la bajona. En el poso de esa bajona está el verdadero pop, lo demás, lo que le envuelve, es papel de regalo: acaba siempre en la basura. Con esa basura ya decides si acumularla y convivir con ella o hacer un acto cívico pero impúdico y depositarla en el contenedor.

 

 

Bach Is Dead, Beef, Telefilme, La Bien Querida, Junco y Diamante… Seguramente tus fans de la época de Beef encuentran a faltar aquel rock distinto que, de alguna manera, sirvió para abrir alguna que otra mente.

Con Beef hicimos rock político, seguramente por eso vendimos tres discos y a nuestros conciertos venían los del barrio y los que quedaban de Izquierda Unida de la época, (pese a eso, Santi Carrillo nos dio el galardón “disco del año” para el “Tongues” y luego para el “Adult Oriented Rock EP”). Que sí, que fuimos a grabar con Kramer a New Jersey, pero se está mejor en casa. Ya no me interesa la política, no volveremos con los Beef. Si queréis cosas pop, con contenido político y que epaten y tal ya tenéis a Soto Ivars, Lenore o Alfredo Duró.

 

En el ocaso de tu vida (como persona y como artista) parece que tomas consciencia de lo que siempre ha sido realmente: un poeta, un cantautor.

Esto ya me lo decías hace unos años y recuerdo ponerme muy nervioso y enfadarme mucho por algunas comparaciones con Luis Eduardo Aute o Victor Manuel. Hoy, y con este nuevo disco ya no lo puedo ocultar más.

 

 

¿Si ahora tuvieses 14 años volverías a coger una guitarra y te dedicarías al pop-rock alternativo?

Si tuviese 14 años seguramente estaría haciendo trap, reguetón y esas cosas. De los que tocan la guitarra ahora, se miran los pies afectados y utilizan pedal de distorsión, follan cuatro, los demás van a tomar copas al Fotomaton o intercambian singles en el Pop Fest. Haría trap pero con esa remanente que cargo a mis espaldas de cantautor italiano atormentado…reguetones lentos, reguetones para mayores. Me gustó mucho lo que hizo Yvng Beef con el “Ojalá estuvieras muerto” de La Bien Querida, me gusta Rosalía, me gusta lo que ha hecho Alizzz con C. Tangana, me gusta Drake y esa manera que tiene de explicar sin ningún tipo de rubor que se está follando a tres o cuatro a la vez, pero que lo hace por amor y con esas bases que le hacen… no me gusta Kanye West, no llego a pillarle el rollo a esa persona, tiene alguna copla buena pero yo que sé…igual es porque no soy negro o lo que sea….no me entra. Esto que llaman urban ahora son las folclóricas que teníamos antes.

 

Siempre has tenido una querencia hacía la música electrónica más vanguardista pero también hacía el techno de Detroit y al 4 x 4 alemán (cosas sesudas que solo escucháis Eduardo Polonio y tú, pero también te va el bombito español y la palma)

Al caer en las garras del krautrock era inevitable. Kraftwerk me pusieron la cabeza del revés, paralelamente a esto sonaba cada día en casa Juan Atkins, Tangerine Dream, Popol Vuh, Cluster, Stockhausen, Esplendor Geométrico, Vagina Dentata Organ y toda la pozoña sincrética alemana que solo escuchábamos tres personas en este país. El Bakalao siempre ha estado presente éticamente en mis canciones, la materialización y puesta al día de todas estas cosas ya las hizo en su día el Crepus. Yo ya no estoy para esto. A veces escucho a Oscar Mulero y pienso que debemos tener más o menos los mismos discos básicos en casa: empezando por todos los grupos siniestros de los 80 y acabando por los teutones. Me preocupa el devenir de la música electrónica de baile, el hedonismo, la libertad y creatividad que antes se respiraba en el techno o en el house ahora reside únicamente en lo urban. Insisto, yo ya no estoy para estas cosas, pero alguien debería hacérselo mirar, porque si no acabarán en un libro de Nando Cruz tipo “Historial oral del techno en España”, como pasó con nosotros, que ya somos historia, recuerdos para gente mayor y completistas jóvenes.

 

 

Creo, sinceramente, que este es un disco fundamental para la canción española independiente y/o alternativa de los últimos 20 años. Como compositor más que ejecutante, pero vamos, que como Cocciante ya es indisoluble una cosa de la otra: nadie toca tan mal el piano, pero con tanto sentimiento como tú.

Me suelo levantar por las mañanas y sin ducharme ni nada me siento al piano. A veces apoyo los brazos y la cabeza en las teclas y me quedo dormido, entonces se despiertan mi hija y Ana y me invitan a deponer mi actitud. Me aseo y llevo a mi hija al centro donde la tenemos escolarizada. Vuelvo inmediatamente a casa (no me gusta ir mucho por la calle, aunque muchas de mis canciones así lo reflejen) me siento al piano y entonces sí que lo doy todo. Dando incluso así golpes fuertes con el pie en el suelo mientras toco, como hacía Llach o Cocciante: me vengo arriba, me emociono, me dejo llevar…llámalo proceso artístico o brote, pero generalmente suelo componer así todas mis canciones.

Me ha quedado un disco bastante bonito, pero tampoco creo que sea para tanto, tú también eres una persona mayor, un crítico musical mayor, te aferras a recuerdos en esta tu última etapa vital. A todos nos pasa: te pueden regalar camisas nuevas, pero al final siempre te acabas poniendo la camiseta de Grúas Sánchez, porque estás cómodo, porque aguanta, porque aún huele a ella…porque al final sí que te follarías a Childish Gambino, pero luego él no te va a hacer un bocadillo cuando te levantes al día siguiente en su casa. Yo sí que hago bocadillos: eso es mi nuevo disco, una bocadillería para melancólicos, para románticos, para amas de casa indies, para personas que les gusta follar pero también estar en casa, viendo la tele, escuchando la radio… lo de Dyango de toda la vida, vamos.

 

 

Nunca te ha gustado que gente del ramo y con un supuesto criterio te dorase la píldora. Siempre has dicho que el halago debilita y que prefieres que después de un concierto venga una pareja de Lugo a pedir que les firmes un disco que ir por enésima vez a explicarle lo mismo al periodista de turno.

Pues sí. Lo peor para mi siempre han sido el tema de las promos. Menos mal que Ana no es así, ella es mucho más sociable que yo, le gusta Instagram y esas cosas. Las entrevistas nunca me han gustado. Llevo desde 1.990 atendiendo a la prensa y explicando lo mismo: a veces he ido bastante bebido y he podido concatenar algunas respuestas con más o menos tino, pero siempre que he ido sobrio he respondido con un “sí” o con un “no”. He accedido a dar esta entrevista con la esperanza de que sea la última. Tenemos que aprender mucho de esta nueva generación de traperos: no necesitan discográficas, no necesitan a medios, no necesitan nada, ellos se lo guisan y ellos se los comen…hasta que venga Sony, ponga la pasta encima de la mesa y entonces ya deciden si se van con ellos o siguen bajando a la plaza del MACBA a fumar porros. Esa es la idea. No necesitan ir a la otra punta del mundo a que un señor les grabe unas guitarras bien grabadas. Ahora el colega de toda la vida es el Quincy Jones de turno. Eso me gusta.

 

¿Por qué te fuiste de Cataluña?

Por amor. Todo lo que he hecho en mi vida lo he hecho por amor. Igual queda muy sobado y manido, pero a mí, como a Romeo Santos, me mueve el amor. Todos los discos, todas las canciones que he escrito, todo lo he hecho por amor. Igual estoy equivocado, pero me gusta creer que el 98% de discos que tengo en casa también se han hecho por amor, por desamor, por las ganas de quererse, por las ganas de ser querido, por el sexo… El 2% restante son discos de Celine Dion que son los más claros ejemplos de canciones que se han diseñado directamente para sacar un rédito económico, como lo de Bad Bunny y Drake, pero con bastante más enjundia.

 

 

¿Español o catalán?

Ni español, ni catalán: yo soy de Beatburguer.

 

Si el primer disco de La Estrella de David (“La Estrella de David”; El Ejército Rojo, 2007, reeditado en 2016 por Sonido Costa Verde) fue el marciano y el segundo (“Maracaibo”; Canadá, 2011) el krautero, ahora, éste “Consagración”, amplifica el alcance popular de sus sonidos y temáticas. Una amplificación que se sustenta en el amarraje de las estructuras de la música pop que aporta a quienes se acerquen a su particular universo: de base tiene una inmediatez innegable, unos asideros que los dos anteriores discos no siempre alcanzaban a, qué sé yo, cualquier devoto de Kiss FM o a toda persona poco amiga de las excentricidades para con la música pop. Por los nexos con la canción ligera incluso se puede afirmar que es una música para todas las edades: ni a un joven (salvo que sea fundamentalista del trap) le desagradaría caso que lo ponga su padre en el coche ni a éste último le molestaría eso que el primero ha decido poner en el vehículo llegado su turno a la hora de seleccionar música para el desplazamiento.

La amplificación también acaece para los otros oyentes, aquellos devotos de la obra de David Rodríguez: crece el grueso de su obra en castellano. Y sigue viva su capacidad para causar un hondo impacto emocional. Un gigantesco calado que viene de improviso, sin anunciarse con alguna estridencia concreta: el gran logro de las canciones de David es que algo en apariencia sencillo, casi nimio en dicha sencillez, llega un instante que te quiebra por completo. Te rompe. Igual es una imagen concreta de esas que describe con palabras de uso recurrente en sus canciones y en el habla común de cualquier persona; lo mismo es un chiste que te pilla a contrapié; puede que la culpa resida en sus magníficos piropos y requiebros. Sea esto, aquello o lo otro el caso es que, sin quererlo, La Estrella de David ha creado un estilo irremplazable que ha llevado a no pocas formaciones a venerarlo y a emularlo (no tanto en plagio estilístico como en intenciones de alcance emotivo), siendo así que Gúdar, Primogénito López, Tirana y varias otras bandas entregan, a su manera, discos apócrifos de David. Discos muy pero que muy buenos, además.

No obstante, es irremplazable. Y en Consagración lo demuestra de nuevo.

 

ME HA PARECIDO QUE ESTABA EN MI CABEZA: es inevitable pensar en el kosmischen y Edgar Froesse (Tangerine Dream) oyendo esta especie de balada, en la onda de Pimpinela teniendo una disputa no a gritos sino de forma telekinética. Pero al aparecer el inmenso sinte la memoria se vuelca hacia Salem y el witch house retorciendo el bakalao. Y ojo al final con la frase “de qué te ríes, al final llorarás”, puesto que además de ser autoexplicativa la frase remite al plot twist final del Perfect Day de Lou Reed: “vas a recoger lo que has sembrado.”

 

CARIÑO: los acordes de eléctrica y las progresiones -desde un riff principal muy Beat Happening– levantan un tema que, para cuando aparece el sinte emotional, ya está en la estratosfera. Igual narrando lo que puede ser una historia mundana (una ruptura) o igual hablando de un encuentro y posterior separación entre seres de distintos planetas, algo que a fin de cuentas no deja de ser común a toda pareja de dos personas cualesquiera. Es la mejor canción en castellano del año.

 

ACEITE: aquí la acústica lleva a David al territorio donde mejor se desenvuelve: a narrar viñetas de cotidianidad en el marco de un enamoramiento y regar a una chica de piropos cuando no susurrarla poniendo los pelos de punta, una maniobra que cada vez que hace uso de ella en alguna canción es difícil no estremecerse. Cuando aparece la distorsión es imposible anticipar de ahí se irá al sabrosón latinajo “dame aceite mamita” y a coger la canción de la mano vía interpolación a Los Sentimientos de Jonston (Gramaciones Grabofónicas, 2018).

 

LA PRIMERA PIEDRA: David recita a lo Gainsbourg y hace crítica de lo social de una forma francamente divertida. “No hay que perder las ganas de pasarlo bien”, en el contexto y con el tono desganado que se dice, recuerda bastante al Autosuggestion de Joy Division, y la teoría de las catedrales construídas previa entrega de premios es tronchante. Pero después del jijijaja y la oda a las catedrales viene un nuevo tramo recitado que termina con “y ahí me di cuenta que jamás sería capaz de hacerme mis propias cecinas y morcillas” que no sé por qué pero me pone muy triste y me deja hecho mierda.

 

NOCHES DE BLANCO SATÁN: una canción que empieza con una frase que podría ser la autobiografía de Jimmy Giménez-Arnau sólo puede ir ya para abajo en lo sucesivo, pero aquí todo lo contrario: quién sabe si por el bucle “cocaína para vencer la ansiedad social-ansiedad social por afrontar las relaciones sociales bajo la influencia de la cocaína” la estampa del narrador dándose media vuelta y yéndose tras declarársele una chica es cumbre de lo terminal.

 

 

EROSKI: aquí pisa zona de confort David, puesto que es un compendio de temáticas recurrentes (trayectos para ir a buscar a alguien, zonas de tránsito ultraterreno, reciprocidad en el amor y los miedos que esto genera). Empero, no va dicho con matiz peyorativo: es algo que se le da genial y la canción queda muy bonita y representativa de lo que es. Igual la mejor forma de describirle La Estrella de David a alguien con tan sólo una canción.

 

LA CANCIÓN PROTESTA: choca la primera vez el fondo a medio camino de funky setentas de explotation italiana y rumba, pero luego te acostumbras hasta a los arabescos de guitarra. Una letra de Luis Troquel con bastante mala hostia sobre “la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio” que es imposible no acordarse de varios cantantes autodenominados comprometidos al oírla e incluso de las predicciones de Los Planetas hace 20 años con aquella Vuelve La Canción Protesta.

 

SONIA: es de esas que David canta con la voz quebrada sobre teclado, en la onda de la inigualable No Hacía Falta. Eso al principio: al final deviene en ambient a lo Brian Eno y David deja de declamar para cantar y cerrar yuxtaponiendo sobre el precioso fondo musical un terrible “estábamos tan bien que me creí que todo era mentira”, cierre abrupto que hace que el oyente sea quien tenga que inferir en qué termina todo.

 

MARACAIBO: una cosa que tienen las canciones de David, muy curiosa a mi modo de ver, es que, partiendo de una perspectiva y narración masculina, muchas mujeres empatizan con ellas al punto de emocionarse más con ellas que los propios hombres. Hay una especie de inversión en los mecanismos de identificación final. Pues bien: aquí, sin ser específicamente eso, igual es la primera vez que aparece algo parecido al mecanismo de tal maniobra (que igual es algo que ni se hace adrede, algo que simplemente termina dándose). Considero que es muy difícil hacer una canción romántica (con autoconsciencia de los clichés del amor romántico: te querré para siempre, canciones que te recuerdan exclusivamente a una única persona, cenas familiares) mientras en paralelo se desmonta con ese demoledor “cómo te jodí la vida pensando que te querría para siempre”. Una canción sobre los prefacios y consecuencias del amor. Una canción a favor y en contra del romanticismo.

 

CONSAGRACIÓN: otra de Luis Troquel. Es importante saber que David la canta pensando en su hija para apreciarla como es debido.

 

AMOR SIN FIN: la más kraut de todas y basada en el autodesprecio. Un cierre con un tramo con pianos a lo Tete Montoliú, autocitas y un “pero si me necesitas yo siempre acudo al momento” que es la frase que mejor podría definir a David Rodríguez.