Los 20 mejores tracks del Chicago house

El archivo personal de vinilos de Frankie Knuckles. Foto: Zoe Rain

1980, Chicago: bares, clubs y tiendas de discos cuelgan carteles en sus puertas con la siguiente advertencia «WE PLAY HOUSE MUSIC». Revisamos track a track los 20 himnos fundacionales del house de Chicago que dio nombre a un nuevo género musical, a una forma de pinchar y al clubbing moderno. Playlist: Chicago House Music.

El Warehouse era un garito de Chicago de tres plantas. En la segunda estableció su base de operaciones Frankie Knuckles: allí se situó la cabina más importante de los 80, en una pista de baile oscura plagada de negros, putas, maricones, algún chicano, travestis y otras gentes de alma libre y libertina. Frankie se crió bajo la tutela de Larry Levan en el Paradise Garage de Nueva York y sustituyó al maestro en el Continental Baths de la misma ciudad como residente. Cuando los jefes del Warehouse llamaron a Levan para ofrecerle la residencia del almacén más famoso del país este declinó la oferta para centrarse en el Paradise Garage y recomendó a su amigo Knuckles. Ahí empezó todo.

Frankie Knuckles revolviendo en las cubetas del Warehouse de Chicago

La etiqueta house nace como género musical del apócope de Warehouse (el club), pero también de la música que allí pinchaba el DJ Frankie Knuckles y de la escena underground que se gestó allí dentro, que luego se reprodujo en toda la ciudad para años después conquistar al mundo entero. Knuckles era un enfermo de la música disco, especialmente de lo que se editaba en Nueva York vía Salsoul Records, West End, Prelude o desde Philadelphia vía Philly International. Pero a Knuckles le faltaba «algo» en esos tracks: se le quedaban cortos. Cogió un reproductor de bobina y con la ayuda de Erasmo Riviera implementó y mejoró lo que había visto en la cabina del Paradise Garage: tomaba un tema disco y alargaba las introducciones, los breaks, quitaba y ponía sonidos y ritmos nuevos. Knuckles tuvo los santos cojones de coger dos clásicos fundamentales en la historia musical como «I’m Every Woman» -popularizada/destrozada años más tarde para el público generalista de la mano de Whitney Houston- y «Ain’t Nobody» de Chaka Khan y reorganizarlos, es decir, extendió los temas, ecualizó mejor bombo y charles, metió breaks -la antesala de los subidones-, volvía a alargar partes y las reorganizaba de nuevo hasta conseguir lo que quería: que la pista se volviese loca con esos temas. Aquello era un akelarre que iba mucho más allá de la música disco.

Interior del Warehouse un domingo a las 11 de la mañana de 1981

El Warehouse de Knuckles abría el sábado a medianoche y cerraba el domingo por la tarde. La entraba costaba 4 dólares, en la planta baja -pintada de blanco nuclear y plagada de plantas y vegetación-, había barra libre de zumos, agua y en alguna ocasión especial frutas y snacks. Este área después se fusiló hasta la náusea, especialmente en Ibiza, monetizando aún más lo que en su origen era un espacio para el chillin’. Lo que en principio se veía como algo marginal (lo que pinchaba Knuckles se tildó, textualmente de «música para maricones»), para personas descastadas y del ámbito gay afroamericano pronto se convertiría en referente mundial por sus horarios, por la música que allí sonaba -el soundsystem del Warehouse te perforaba el pecho- y por el espectacular ambiente que se gestaba cada fin de semana entorno a la pista: devoción por el baile, respeto, libertad y libertinaje.

Cuando los propietarios vieron que aquello se llenaba de heteros blancos ávidos de experimentar algo que iba más allá de la new wave y el pop prefabricado que bailaban en sus clubs, y también en busca de rabo, ácidos y MDA (derivado de la anfetamina y precursor del MDMA), duplicaron el precio de la entrada. Aquello se llenó de white trash y Knuckles cogió el petate y se largó. Abrió otro templo histórico: Power Plant, que se llenó de mariconas viejas en busca de tranquilidad y del pajillerismo snob que plagaba la escena disco. Lo que no sabía Knuckles es que Ron Hardy le estaba comiendo ya el pastel en el Music Box.

Ron Hardy pinchando con cintas y vinilos en el Music Box de Chicago

«El Warehouse se llenó de chusma blanca ruda», así describió Knuckles el panorama que se vivía en 1982 en el Warehouse. Los dueños duplicaron el precio de la entrada y el ambiente cambió. Knucles se largó de allí corriendo en 1983. El club cerró y reabrió en otro local con otro nombre, con un DJ también negro y homosexual pero con un rollo completamente distinto. Así nació el Music Box de Ron Hardy. Dice Marshall Jefferson, el «San Pedro del house», que Hardy (un super drogadicto a cualquier tipo de sustancia que le colocase) desprendía una energía inigualable tras los platos. Pinchaba faster & harder que su amigo Knuckles: deconstruía más los temas, les daba más la vuelta y los hacía aún si cabe más bailables. A Hardy no se le caían los anillos por mezclar en directo, también con bobina y cintas de casete, ese nuevo sonido disco con temas como «Sweet Dreams» de Eurythmics o el «It’s My Life» de Talk Talk. Hardy era pura energía funk.

Dos mariconas negras habían inventado el house. La más finita, Knuckles, representaba la clase, la cultura musical, el saber hacer: recogió el legado del gospel, del soul y del disco y lo presentó en bandeja de plata. La maricona mala y drogadicta, Hardy, conseguía más intensidad emocional en la pista a través de riadas de energía pura y dura. Era más primario, más funk. Sin el payaseo de los famosos que poblaban Studio 54 y sin la presencia invasiva y cancerígena de la industria -musical y del ocio nocturno- de Nueva York, Chicago extrapoló al mundo lo que hoy conocemos como clubbing. El Music Box de Hardy atufaba a popper, a marihuana y PCP (fenciclidina). Decía Derrick Carter que la primera sensación al entrar al Music Box era «terrorífica»: el volumen era atronador y la gente iba puestísima. Se follaba debajo de los altavoces de la sala, la parroquia hetero había tomado las formas -pero no el estilo- de la homosexualidad más desacomplejada. Cuarenta años más tarde se sigue haciendo lo mismo en el Berghain.

En 2004 la ciudad de Chicago rebautizó una calle en honor a Frankie Knuckles

Desglosamos hoy, track a track, las 20 piezas fundacionales del house cocido en los 80 en Chicago, la casa madre, el Vaticano de la electrónica de baile. Tienes la playlist Chicago House Music al final de este articulo.

Marshall Jefferson: «Move your body» (1986)

La primera vez que se usó un piano en el house. Esta melodía de Marshall Jefferson al piano (ideada mientras trabajaba en el turno de noche de correos) sigue siendo fusilada cuatro décadas después en el amplio espectro de la música electrónica de baile.

Mr. Fingers: «Can you feel it» (1986)

Con estre track Larry Heard sentó las bases del deep house. Bajo, sintetizador y platillos. Luego añadió el sermón de Chuck Roberts. La mejor descripción que se le dió al house en su momento: como ir a misa a comulgar.

Steve «Silk» Hurley: «Jack your body» (1986)

Este track se aleja por completo de las orquestaciones disco: era algo completamente nuevo y diferente para su época. Gracias a este sonido Roland se desencadeno el acid house. Este fue el primer tema house en llegar al número uno en las listas del Reino Unido. Track y pasaporte directo para futuras sonoridades house a ambos lados del charco.

Lil Louis: French Kiss (1989)

El crescendo largo y prolongado hasta llegar al clímax: follar en clave house. Himno cantado/susurrado por Shawn Christopher con un final que abre las puertas (y las piernas) hacia ámbitos más trance-techno.

Ron Hardy: «Sensation» (1985)

Dureza y percusión: la cara opuesta a Frankie Knuckles. Ron Hardy ecualizaba y pinchaba como manejaba su vida: salvajemente. Esta pieza está considerada por los amantes del género como «fundamental» en la historia del house y de la electrónica de baile.

Phuture: «Acid tracks» (1987)

Phuture lo formaban Earl «Spanky» Smith, Herbert «Herb J» Jackson y DJ Pierre. Este tema se salía fuera de toda norma housera: seguramente los 11 minutos más lisérgicos (casi sci-fi) del género. Puro sonido ácido.

Frankie Knuckles pres. Jamie Principle: «Your love» (1987)

Knuckles hizo un rework del original de Jamie Principle finísimo: sensualidad y exaltación emocional directa a la pista. Seguramente una de las mejores cajas que se ha grabado en la historia del house.

Adonis: «No way back» (1987)

El primer éxito del sello Trax en manos de un tipo de 19 años. Sin ornamentación, sin florituras, con frialdad: una de las piezas que mejor reflejan ese espíritu de cambio en las pistas de baile que supuso el house facturado en Chicago.

Dj Pierre: «Box energy» (1988)

Líneas de bajo Roland TB-303: acidez sobre bombo y caja. Pura energía concentrada. Una de las melodías preferidas de Aphex Twin. Una obra maestra de la electrónica.

Jesse Saunders: «On and on» (1984)

Algunos pajilleros del género consideran esta jam de Saunders de 1984 como el primer disco de house per se.adecuado, punto y aparte. Loops y samples de música disco futurista excelentemente facturada desde una Roland 808.

Mr. Fingers: «Beyond the clouds» (1986)

La cara B más famosa de Larry Heard: arreglos de cuerdas melancólicas, sintetizador minimalista y ritmo/patrón simple. Una de las joyas que Trax editó en los 80.

Sleezy D. : «I’ve lost control» (1986)

Solo Marshall Jefferson sabe quién era Sleezy D. Aquí apostamos porque esta pieza la hizo él en su cara más sordida y de bajona: voces bajas y dramáticas soterradas bajo líneas de acid house lisérgico. Para gourmets del house.

Farley ‘Jackmaster’ Funk & Jesse Saunders: «Love can’t turn around» (1986)

Tremenda amalgama cualitativa: el original de Isaac Hayes de 1975 pasado por la batidora de uno de los productores insignia del sonido Chicago. Melodía, voz y patrón rítmico. Marihuana y house.

Frankie Knuckles feat. Jamie Principle: «Baby wants to ride» (1987)

Tremenda bomba housera que mezcla erotismo, espiritualidad y política. Uno de los mejores tracks de Frankie Knuckles. Solo con este track podríamos dedicar cientos de páginas al componente cultural y reivindicativo que tuvo en su día el house.

Liz Torres feat. Master C & J: «Can’t get enough» (1987)

El house en Chicago era patrimonio de homosexuales negros. El hambre se juntó con las ganas de comer: las divas latinas entraron en el juego. House, synth pop y señora latina chillando/bramando amor. Instant classic.

Fast Eddie: «Acid Thunder» (1988)

Fast Eddie pasará a la historia de la electrónica de baile como el «invento» del Hip house, menospreciado por el analfabetismo y los prejuicios de una crítica europea anclada en el clasismo. Antes de que llegase todo eso Eddie jugaba en las major leagues del acid. Para muestra esté botón de nácar.

Screaming Rachael: «Fun with bad boys» (1987)

Este tema coproducido con Afrika Bambaataa sembró el campo yermo del house con semillas rap. Rachael pasó de manejar el cotarro en Traz a caer en el saco del olvido. Injustamente menospreciado reivindicamos este track como uno de los mejores de la década que nos ocupa.

Cajmere: «Coffee pot (It’s time for the percolator)» (1992)

¿Cómo es que metes un track de principios de los 90 en un listado del house de Chicago de los 80? Dale al play y juzga por ti mismo. Este track de Cajmere resume a la perfección todo lo que fue el house de Chicago en la década de los 80. Masterpiece.

Frankie Knucles: «The whistle song» (1989)

Aunque este track se editó en 1991 corren por ahí versiones crudas de 1989. Un auténtico himno nacional del house conseguido al trabajar una flauta electrónicamente con bombo y platillo: terciopelo para el alma y para la pista. Entre las mejores cinco piezas que facturó Knuckles.

Virgo Four: «Do you know who you are?» (1989)

Track facturado a pachas por Eric Lewis y Merwyn Saunders. Alegría y patrón rítmico sintético: una de las piezas que sonaban «de día» en los clubs de Chicago. Si alguna pieza sonaba «a after» (antes de su eclosión en los 90) era esta. House music para las mañanas: el sol entraba por las ventanas del club.

Recopilamos estos 20 tracks en una playlist que puedes escuchar bajo estas líneas: Chicago House Music.