¿Por qué el techno es negro?

En unos tiempos en los que se glorifica en el género la oscuridad -sobre todo, hoy, Halloween- cabe defender que el techno es mucho más que eso. Una reflexión de Yolanda Go, con camiseta negra, eso sí.

 

Todo el mundo sabe que el techno nació en Detroit, pero no van por ahí los tiros de este artículo. No venimos a hablar de historia, sino de estética.

Hace un tiempo, Surgeon dijo una cosa. Es lo que tiene ser un adelantado a su tiempo, que cuando tú vas, él ya está de vuelta con todas tus inquietudes analizadas, interpretadas, masticadas y listas para escupírtelas a la cara. Pero básicamente lo dejó todo dicho en un solo titular:

Pantomima o no, la gran verdad es que el negro es un color que siempre acompaña a la música techno (aunque paradójicamente a algunas generaciones nos educaran y disciplinaran con un disco amarillo). Para ser exactos, tendríamos que empezar contando que el negro no es un color, sino la ausencia de luz. Y bueno, es cierto que el techno no es precisamente una música que a primera escucha pueda parecer alegre, buenrollista y happy y que, efectivamente, te resulte algo oscuro. Aunque ya se sabe que hay dos tipos de personas: las que entienden el techno y las que no, y probablemente de las primeras te esperas que estén un poco por encima de algo tan básico como considerarlo oscuro y sepan ver matices más allá de lo evidente. Más que nada porque el techno siempre ha evolucionado, ha dado lugar a distintas variedades que, aunque responden a los patrones del techno, suenan completamente diferentes unas de otras. Hay techno duro y contundente; techno relajado de bpm’s y plagado de atmósferas sonoras muy orgánicas; hay techno que suena industrial a más no poder, como si lo estuvieran moldeando a martillazos en una forja; hay techno que te envuelve suavemente y te lleva en volandas a remansos más pacíficos… No sé.

Hay techno de muchas formas, pero de pocos colores, porque el 90% sigue viniendo cubierto con una carátula negra. Y no, no estamos hablando de una galleta negra con cero información o diseño pegada a un vinilo (negro); hablamos de que, con diseño o sin él, todo es oscuro y negro. Porque las portadas y galletas del techno son negras, los flyers, carteles, publicaciones de Instagram y cabeceras de evento en Facebook son también negros, con algún motivo oscurantista por encima. Y ya el colmo: ahora además la ropa también es negra.

Vaya por delante que esto lo escribe un ser humano enfundado en una camiseta negra como forma de vida, así que vengo autocriticada de casa. Para ir a bailar, camiseta negra por supuesto, que se nota menos la sudada. Pero últimamente se hace muy difícil llegar a una sala y no pensar que te confundiste de emplazamiento y te colaste en un concierto de alguna banda gótica o una fiesta de Halloween. Ojo: que viva la libertad, que cada cual se ponga lo que le plazca, y no se juzga a la gente por la ropa, pero esto de que tres cuartas partes de la pista vayan así uniformadas resulta, como mínimo, raro. Chocante. ¿Grotesco?

Raro porque el techno nunca fue una “tribu urbana” propiamente dicha, aunque sus peculiaridades siempre tuvo (zapas de skate, sudaderas, algún piercing, aquellos primeros tatuajes…) Pequeños detalles distintivos, que se quedaban en eso: detalles.

Chocante porque a estas alturas de la vida es lo que menos te esperarías de una escena que siempre tuvo por bandera ser una comunidad diversa, inclusiva, cuyo único nexo eran el baile y el disfrute bajo el amparo de las luces y los flashes. Tan underground fuimos y míranos ahora.

Grotesco porque sí, la sociedad sucumbe a modas y estas cosas siempre pasan, pero –repetimos– del techno y sus gentes siempre te esperas algo más. El techno es contracultura, siempre lo fue, y estas cosas ponen muy difícil defender esta idea en los tiempos que corren. Y porque ya lo dijo sir Anthony: “Lo hemos llevado demasiado lejos, como si fuese música gótica de plástico”.

El techno es mucho más que una ausencia de luz. El techno es infinitas cosas y, sobre todo, es algo mucho más abstracto y abierto, por eso evoluciona con el tiempo, tiene la capacidad de adaptarse y mutar, y no funciona de acuerdo a las normas y convencionalismos establecidos. O al menos, no lo hacía así hasta ahora. El techno debería ser un lienzo enorme para plasmar en él todo un laboratorio gráfico, estilístico y visual de ideas, de nuevas corrientes, de salidas de tiesto, de contracultura y de creación: no de cerrazón.

Más escena y menos escenario, por favor.