¿Serán los robots mejores productores que las personas?

A lo largo de los siglos, tanto el progreso como el miedo a lo desconocido han bebido del aura primigenia de cada contexto histórico y sociológico. A pesar de ello, el ser humano siempre se ha antepuesto a cualquier límite o barrera que se le cruzase en dicha misión, reformando y reafirmando su supremacía y supervivencia, o bien dando rienda suelta a su espíritu más elocuente, a su esencia más orgánica. Sea como fuere, la humanidad, con sus más y sus menos ha evolucionado, como también lo han hecho las técnicas y herramientas para ello.

Con la tecnología de por medio y su incesante carrera de fondo, el aspecto más creativo del que dicen ser el ser vivo racional, se ha visto rodeado de un sinfín de posibilidades que lo han facilitado o modificado. Ha descubierto una amplia gama de formas en las que poder desarrollarse hasta límites totalmente insospechados. Sin embargo, aunque a priori se viste como eso; una mera posibilidad más entre tantas otras. Vuelven a asaltar esas dudas de cuanto han de involucrarse los últimos avances más vanguardistas, con algo tan característico y personal como la imaginación del humano en los campos artísticos.

La Inteligencia Artificial en la música: ¿Beneficioso o perjudicial?

Hace unos días se abría un debate al respecto entre Grime y Zola Jesus al que se acabó uniendo Holly Herdon, sembrando una crítica cuando menos constructiva y argumentada. De hecho, yo llevaba dándole vueltas un par de días a la idea de cómo la inteligencia artificial poco a poco se abre camino hasta en los aspectos más cotidianos, sin ir más lejos: avances automovilísticos, robótica y ahora también la música. Y más accesible de lo que pensamos. Existe una aplicación de streaming, Mubert, que genera música única, personalizada para cada oyente y que responde al estado de ánimo seleccionando el género o la actividad.

Pero como digo, la discusión en torno a esto fue más allá. Claire Elise Boucher aka Grimes, es una artista canadiense con estudios universitarios en neurociencia, de la que los críticos destacan su atípica combinación de elementos vocales con una amplia gama de géneros. Desde la electrónica al hip-hop pasando por el pop. Y Zola Jesus, Nika Roza Danilova, ​ es también cantante y compositora de ascendencia rusa y eslovena, que diverge por la electrónica más industrial y gótica con influencias de rock experimental.

Pues bien, la cosa fue así: todo parte de unas declaraciones que dio Grimes cuando la invitó el físico teórico y astrofísico Sean Carrol a su podcast semanal Mindscape. Donde estuvieron hablando sobre la IA, las personas virtuales, su proceso de producción, y demás. Y en el que volvió a reafirmar su postura contra ella: «Siento que estamos en el fin del arte, el arte humano. Una vez que exista la AGI (Inteligencia General Artificial) van a ser mucho mejores que nosotros para hacer arte… una vez que la IA pueda dominar totalmente la ciencia y el arte, lo que podría suceder en los próximos 10 años, probablemente más de 20 o 30 años.»

Unas declaraciones que parecieron molestar mucho a Zola Jesus, que en twitter llamó a Grimes «la voz del privilegio fascista del silicio» en un tweet borrado desde entonces. «Acercarse al futuro de la música y el arte con tanto cinismo sólo puede venir de alguien que realmente no tiene nada que perder» añadió. (También borrado)

Esto, os podéis imaginar, no hizo ninguna gracia a Grimes, quien no tardó en replicarla desde su cuenta, donde aún perduran sus mensajes. Pero como dije al principio, quien ahí puso cordura y sensatez fue Holly Herdon. Una experta en la sección transversal entre la inteligencia artificial y el arte, un conocimiento que se ha visto materializado este año con su álbum Proto, parcialmente creado con Inteligencia Artificial.

Y quien, con un muy constructivo mensaje, de donde resalto esto, zanjó prácticamente la discusión.

“La música que me gusta y los artistas que me gustan están en el negocio de crear significado. Las herramientas cambiarán y surgirán nuevos rituales, pero no importa lo fácil que sea hacer arte sin sentido. El gran arte siempre será mejor. Es muy imposible que una máquina pronto pueda sintetizar algo como el arte sorprendente, pero sin nosotros, los humanos tontos que le damos sentido, no tiene sentido. Ya hemos hecho un prototipo de este escenario en la última década. Ahora es súper fácil hacer música «ok», y está en todas partes. Grandes actuaciones en vivo, o álbumes que desafían al género, nunca han sido más necesarios como resultado. ¡Cuando algo se pone fácil, se hace más difícil hacer algo que destaque! “

 

 

¿A qué suena la Inteligencia Artificial?

Herdon es una artista a quien para la música debe responder a las condiciones de su tiempo, al mundo que nos rodea, y por eso utiliza herramientas contemporáneas y trata los asuntos que como artista le afectan en el presente.

En una entrevista para El Mundo habla de las influencias de las que se nutre el diseño de Spawn, su bebé –como ella lo llama- de como se influenció mucho en el trabajo de la filósofa Donna Haraway, que trata sobre nuestra afinidad con otras especies, y extiende nuestros puntos de conexión también a otras formas de inteligencia. “Estamos entrando en una fase de la humanidad en la que nos hemos dado cuenta de que la inteligencia humana no es la única del planeta. Así que, si abrimos nuestra relación a inteligencias no humanas, quizá nos ayude a entender mejor la relación entre músicos y nuestra inteligencia colectiva.”

Pero, si hay alguien que cree que los robots deberían beneficiar y beneficiarán a la raza humana en el próximo capítulo de la civilización, ese es el artista iraní asentado en Londres, Ash Koosha. Un sinestésico que ve los colores como sonido, un pionero de la realidad virtual, un humanista del software, una celebridad de la causa política, un antiguo músico de rock y estudiante de música clásica. Tiene tantas facetas como la textura de su música fractal, compleja y sobresaliente.

Koosha, quien ha admitido ser un tecnólogo radical, piensa que la IA puede agilizar el proceso de creación musical: “Lo que me interesa de la IA es que nos permite aumentar el proceso creativo. Invertimos demasiado tiempo en la parte del trabajo más laboriosa. Ahora lo podemos automatizar y ahorrar tiempo, para así tener mayor control creativo”.

Su último proyecto, Yona, su vocal auxiliar, sigue siendo obviamente una máquina, pero el objetivo final de Koosha es llegar a un punto en el que no se pueda saber si la voz es humana o generada por ordenador. «El objetivo es replicar la voz de un cantante de pop. Mi hipótesis es que los cantantes se volverán redundantes, porque esta máquina será capaz de transmitir todos los rangos de la voz humana – una especie de manifiesto anti-pop.»

Y dicha colaboración dio como resultado Return 0, el cuarto álbum de Ash que vio la luz en noviembre de 2018 en su sello, Realms.

Quien es otro defensor a ultranza del uso de la inteligencia artificial y la música es Robert Del Naja, de Massiva Atack y al que muchos le asocian con Bansky. En el pasado Sónar +D ofreció una conferencia para hablar de los nuevos caminos de esta, y que, en su opinión, gozarán del apoyo de la IA en la creación. “La parte más interesante de la IA en la música no son sus aciertos sino sus errores. Uno no quiere, como compositor, que la audiencia tenga una versión perfecta del audio original. Prefiere que surjan nuevas combinaciones del bajo con los demás instrumentos, con las voces y el ritmo. Que la composición musical, en ese momento, sea algo único e irrepetible». También aprovechó para hablar de sus experiencias con el ADN como agente musical, buscando nuevas formas de crear samplers y de reproducir el resultado.

La música electrónica siempre ha respirado futurismo

Aunque esto nos parezca algo nuevo, la esencia primigenia con la que se confeccionó la música, el auténtico móvil de porque se producen estas fusiones de querer avanzar con las herramientas que se van presentando a nuestro alcance, ya existía en la electrónica. Estilos como el techno o el electro han bebido del futurismo, y de aquello con connotación infinita, como el espacio.

En una entrevista para DJMag, DJ Stingray resaltó esa idea de que el trabajo de los productores es avanzar junto a la tecnología y aprender con ella, tal y como aprenden de nosotros. “Esos géneros fueron fusionados por creadores innovadores que querían hacer algo que nunca antes se había escuchado, que es exactamente a dónde va la música electrónica dirigida por IA.” La inteligencia artificial puede sacarnos de los estados cíclicos a los que la música se ha adherido, permitiendo explorar muchas más estéticas, enfoques y estructuras muy diversas.

Además de que está participación de la música con la tecnología es incluso anterior, ya en 1951 Alan Turing fabricó una máquina llamada Ferranti Mark 1, que era capaz de generar tres melodías. Y Bach ya tanteaba con el uso de reglas y procesos para componer. Escribió más de 300 tipos de himnos polifónicos llamados Chorale Cantata, una cantata de iglesia basada en un coral, y que siguen unas reglas estrictas con una sola melodía acompañada de tres harmonías.

Sin embargo, la gran diferencia entre la IA y la música algorítmica es que el compositor tenía que entender o elegir un conjunto de reglas.

Consecuencias de la revolución digital

No obstante, hay que tener varias cuestiones presentes, pues nadie asegura que el progreso conduzca a lo positivo. Ni que debamos delegar toda nuestra condición de humanos a una máquina. De hecho, Gerfrried Stocked, el director del Ars Electronica, el mayor festival de Europa dedicado al arte y la cultura digital que tiene lugar en Linz, Viena, comentó en la pasada edición: «Estamos digitalizando hasta nuestra toma de decisiones. Hemos comenzado a dar independencia a los sistemas digitales y, de alguna manera, hemos pasado de la automatización a la autonomía.»

Por ello, también incide mucho el modo en que se empleen dichos avances, o más bien, quien los ejecute y con qué razón. Como bien señaló Herdon cuando intervino en el debate que al principio comentaba: «No estoy preocupado por los señores de los robots. Me preocupa que las empresas transnacionales democráticamente inexplicables nos capaciten a todos para comprender la cultura como un robot o una IA estrecha.»

Muchas veces no somos conscientes de lo rápido que avanza la vida, de como significantes cambios y procesos se acaban implantado casi sin que nos demos cuenta en nuestro día a día. No obstante, recordemos que es algo que hemos hecho nosotros. No olvidemos que una inteligencia artificial es una reconfiguración del modo de entendimiento de un ser humano. La máquina no existe por sí misma, en la máquina estamos nosotros.  La inteligencia artificial propone nuevas ideas, pero es el creador el que pone intención, el que realiza elecciones.