Sevilla tiene un club especial y se llama Prisma

Hablamos con los responsables detrás de este proyecto de clubbing, un espacio con una programación cuidada, seria y constante de artistas techno en formato reducido.

 

Sevilla tiene un color especial, pero ahora también un sonido y una escena clubbing que es importante resaltar. Aunque ya hubiese promotoras como Chroma Events, It´s Amazing, Darksite, Grado Techno o en general los diferentes colectivos de Hardtechno así como las distintas salas sevillanas, que siempre han apostado por un sonido Club. En Prisma se dan cabida estilos y artistas más arriesgados que se salen del estereotipo asociado a la escena electrónica andaluza.

Pero Prisma es distinto, es un concepto nuevo y fresco, es un espacio con una programación cuidada, seria y constante de artistas electrónicos, tanto nacionales como internacionales que han cautivado por completo a la noche andaluza en su capital, pero también un lugar donde dar cabida al electro, drum & bass, techno y en definitiva a la música electrónica en todas sus ricas variantes. Representa en todo su esplendor la palabra proyecto, con todas las letras y todo lo que eso conlleva. No es, por tanto, un garito más, es una oda a que el ambiente cercano, humilde y familiar, sin siquiera necesidad de serlo, puede reinar en la organización, el planteamiento, así como el devenir y sentimiento que una sala de 200 asistentes puede ofrecer.

Cultura de club en la periferia sevillana

No obstante, la idea de este ambicioso y fructífero proyecto ya se coció antes incluso de su nacimiento, en noviembre de 2016, ya que muchos de sus miembros –a día de hoy más de 30– realizaban eventos musicales. Cansados de depender de las diferentes salas con las que trabajábamos, teniéndonos que ajustar a sus condiciones y huyendo también de la clandestinidad de las raves, que, aunque proporcionaban más libertad de actuación, también nos limitaban y dejaban un poco descubiertos en otros aspectos, decidimos aprovechar la profesionalización y la experiencia adquirida en esos años uniendo fuerzas para dar el salto hacia lo que hoy es Prisma. Nos cuentan sus integrantes.

Sin embargo, no siempre fueron tantos componentes, en un principio solo había 6, quienes fueron los que redactaron un documento que constaba de tres partes: en primer lugar, una declaración de intenciones, tras ello, un plan de viabilidad económico y, por último, un modelo societario. Esto les condujo a reunirse con los diferentes colectivos de la metrópoli, explicando así la idea con un claro interés, aunar fuerzas. Conforme las necesidades lo fueron demandando, más personas fueron cautivadas por tan suculento, aunque evidentemente en un principio, arriesgado proyecto.

Todo ello, reinando sin necesidad de reino, entorno a un movimiento artístico, revolucionario e innovador, convertido en club y gestionado de forma autordeterminada y colaborativa, lo cual les proporciona una libertad y esencia sin parangón. Que cuenta además, por un cuidado sonido proporcionado

Autogestión y profesionalización de una pasión

Una vez creado el colectivo llegó la hora de ponerse manos a la obra, de cada uno ofrecer lo mejor de sí para que Prisma saliese adelante sin ningún inconveniente, y así fue, pero todo ello con una pulcra y regulada organización, evitando así cualquier tipo de malentendido o sensación de superioridad entre unos y otros. Manteniendo pues, ese carácter cercano tanto dentro como fuera de sus paredes, y abanderando un ejemplo de autogestión y trabajo mutuo para lograr objetivos, gracias al sistema interno con el que funcionan y el cual les permite seguir al pie del cañón a pesar de las dificultades. Hay varios equipos de trabajo que son autónomos para tomar decisiones en sus respectivos cometidos. Las decisiones importantes o que implican la intervención de varios grupos se toman en asamblea. En ellas se decide todo por consenso, y son de carácter mensual, pero en caso de que haya un tema urgente que tratar, convocamos una asamblea extraordinaria, nos detallan desde la organización.

Y es que, cada una de las personas que componen Prisma poseen formación en distintos sectores profesionales, los cuales han servido de gran ayuda cuando se han aplicado al proyecto. No es que haya una asignación propiamente dicha, cada uno se pone a trabajar en el equipo en el que más encaja su perfil, o en varios de ellos. Normalmente eligen los equipos en los que creen que pueden aportar más, o en los que pueden aprender algo nuevo, y, por lo tanto, Prisma también les reporta algo a ellos. Ya que, por ejemplo: Nuestro arquitecto, tiene amplia experiencia en tema de licencias. Él se encargó de gestionar con urbanismo y medio ambiente todo lo necesario para el proceso de la regularización de las mismas. Otra parte del equipo se encargó de la dotación jurídica y todas las herramientas para poder tributar y gestionar la asociación de forma correcta, entre otras muchas cosas.

Con esto, de lo que queda constancia, es de que Prisma es un proyecto vivo y en constante evolución, gestado no por empresarios de la noche, sino por amantes de tan bella y trascendental pasión, como es la música electrónica. Es más, las personas que se van sumando al proyecto suelen ser clientes que se van volviendo habituales, se van enamorando, y deciden introducirse en el equipo, añaden. 

Peculiaridad económica

Esfuerzo, perseverancia, y mucha melomanía es el pan de cada día en esta sala, y aunque ella no ve un cometido de diferenciación, pues su finalidad no es competir sino, simplemente dar un espacio cultural, en el que disfrutar de la música y la cultura que más nos apasiona. Intentando pasar veladas agradables junto a gente que comparte nuestras inquietudes. No obstante, cabe resaltar el sistema económico con el que se valen, y que es claramente diferente al resto de discotecas y clubs de nuestra península. No cobramos dinero, pero si hay una moneda interna, el «Prisma», con el que podemos pagar la entrada de los eventos a los que asistimos sin trabajar, bebidas en la barra, etc. Las cuales, por cierto, tienen precios asequibles, para que cada uno de los asistentes además de desear volver, se sientan como en casa.

¿A que suena Prisma?

Por la cabina de Prisma, los sábados -más enfocados al estilo club- han pasado artistas de la talla de Abdulla Rashim, Perc o Paula Temple, estos dos últimos supusieron un importante arriesgo económico, pero también han tenido propuestas arriesgadas musicalmente hablando, como han podido ser Dj Rum, Merikan, James Shinra, Gerra & Stone … son artistas de mucha calidad pero desconocidos por gran parte del público local, nos cuentan desde dentro. Además, de estos géneros no dejan de lado aquellos que han convivido siempre en la identidad andaluza: Como norma general, solemos dedicar los viernes a la faceta “Bass”, en la que incluimos estilos como Breaks, Drum and Bass o Dub.

Con ar(v)istas al futuro

Es cuanto menos cierto que el futuro para todos es incierto, incognoscible  pero hay una cosa que Prisma tiene clara de éste y es que: el paso que más nos ilusiona ahora mismo dar, es la implementación de un espacio cultural no nocturno en el que se pueda disfrutar de otras formas artísticas, no solo musicales. De esta manera, estaríamos proporcionando a estas formas de expresión, un lugar donde poder reflejarse al público, nos vaticinan sus miembros.

Nosotros, lo mínimo que podemos desearles es suerte en su andadura, la cual esperamos que sea cuanto menos longeva, ya que son este tipo de propuestas las que enriquecen la escena y dejan constancia como ninguna otra de que la electrónica es cultura.