De la reflexión a la genuflexión

Lapsus ha pegado tal estirón en su tercera edición que ya no se ha de lamentar que se haya reducido a una sola jornada y más si hay propuestas tan interesantes desde la hora del vermú. No, no mandaron a ese hueco a todas las propuestas nacionales que no tienen cabida más tarde, sino que la gente de Soul Jazz Records desplegó su saber enciclopédico en una maratoniana sesión que no se redujo precisamente a esos dos géneros que dan nombre al sello. Hubo muchos sonidos negros que invitaban a encenderse mentolados y tumbarse a la bartola. Para los que echaban de menos su época de estudiantes (todos asociamos el CCCB al Sónar, pero también algunos a la universidad) la organización montó una clase magistral a la que pudieron tener acceso una cincuentena de agraciados en la que Donnacha Costello enseñó las virtudes del EMS Synthi de los primeros 70 durante tres cuartos de hora, máquina a partir de la cual articularía su directo horas más tarde.

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Ya a media tarde le tocó ponerse tras los platos a Philip Sherburne. La idolatría que genera es difícil de medir. Es muy grande. Pero cuando le dio a conocer a Aphex Twin su parecido con Pablo Iglesias en una entrevista para Pitchfork trascendió a mito, deidad. A partir de ahí tocó techo para lo bueno y para lo malo. Es y seguirá siendo reverenciado, pero a más alto ya no se puede aspirar. Creo. Que pinchase en Lapsus tenía todo el sentido del mundo, recuperando la idea del periodista como prescriptor que ya existía en Sónar hace ya muchos años y que las gentes de Lapsus han tenido a bien reivindicar. Tal y como nos dijo cuando hablamos con él para la previa del festival, empezó con música ambient de otras épocas, pero conforme avanzaba la sesión los beats fueron subiendo mientras el sol bajaba. Llegaron los primeros bailes de la tarde en un Pati de les Dones en el que se estaba cómodo y sin agobios, aunque las bajas temperaturas del día anterior se mantuvieron y tocó buscar cobijo en otros escenarios y descubrir cómo había crecido el recinto.

Para llegar hasta el Teatre se tuvo que pasar por el Hall, ese escenario que es Tierra Santa para cualquier aficionado a la electrónica y que tristemente no pisábamos desde hacía cuatro años. Recordamos la última vez que escuchamos la voz en vivo de Trish Keenan de Broadcast o cuando Nicolas Jaar era the-next-big-thing. Ya en el Teatre nos recibió el ambient marítimo de David Cordero, cuya propuesta ya adelanta en el propio titulo del disco que ha editado recientemente en el sello japonés Home Normal. Los visuales permanecían casi tan quietos como su música y ni siquiera se movieron ligeramente cuando el ¿ex? Ursula se colgó la guitarra y empezó a dotar de organicidad su lenguaje ambient. Hubo ruido, pero más que violento, generaba cosquillas. El problema, y es un problema que se alargaría toda la tarde, es que el nombre del escenario y el hecho de que hubiese guardadas las butacas al final de la sala inducía a error. Claro, con esos sonidos tan tranquilos la gente se estiró por los suelos a falta de asientos. Con HKE nos encontramos con una propuesta parecida, pero en lugar de apostar por unos sonidos bucólicos, incidió en un rollo más urbano, como sugería su alias, Hong Kong Express, antes de que lo abreviase. Los visuales también casaban muy bien con esa estética nocturna y de autopistas que planteaba.

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Después de tanto ambient y baile horizontal tocó ver qué tenía que ofrecer Lanoche. Como sustituta de Karen Gwyer, que tuvo que cancelar por la repentina enfermedad de su hijo, era ideal por varios motivos: es mujer y como Gwyer también entiende la electrónica como algo alejado de la testosterona y más cercano a la elegancia, la sensualidad y los humores taciturnos. También porque estuvo recientemente en el programa de radio de Lapsus. El beat no llegó hasta los 20 minutos, por lo que costó un poco más de lo esperado desplazarse hasta Donnacha Costello. Rápidamente se detectó el problema de su propuesta. Aunque resulta muy interesante lo que hizo, no en ese contexto. Ese discurso de experimentación tan radical, a base de drones y frecuencias que tanto se distanciaban de esa serie de colores en Minimise con la que se dio a conocer, fue demasiado chocante sin butacas y ya empezada la noche, cuando uno hubiese preferido empezar a bailar. ¿Ya que hizo esa masterclass horas antes, no podría haberla rematada con este show de improvisación después en un sitio donde la gente se pudiese sentar y disfrutarla de verdad? Suponemos que serán cuestiones logísticas, esperemos que para el futuro tomen nota.

lcc

Con LCC, en cambio, aunque las expectativas eran altas el dúo asturiano no sólo cumplió sino que bien podría considerarse el ganador de la noche. Quizá porque después de tanto ambient, de tanto sonido bonito y plano, su IDM con garra se agradeció. No vinieron con visuales alucinantes como podríamos esperar a raíz de su reciente colaboración con Alba G. Corral, sino que dejaron que la música hablase por si sola. Y vaya si lo hizo. Los pocos que se quedaron (tenían dos rivales muy chungos: la cena y el fútbol) lo agradecieron con vítores de Puxa Asturies. Normal, estamos ante uno de los grandes talentos estatales que obsequiaron a los presentes con material que se incluirá en su próximo disco. Aunque Editions Mego encaja muy bien con ellas, no extrañaría que más pronto que tarde den el salto a un sello más grande.

Gastar espacio en decir lo que hace Ceephax Acid Crew sería estúpido porque su alias es suficientemente claro. Con todo, puedes pensar que es un grupo, pero no, es un tipo sólo. Y se apellida Jenkinson porque resulta ser el hermano pequeño de Squarepusher. Sus propuestas gravitan en distintas órbitas aunque coinciden en algo: les gusta saltarse las reglas y salir de la norma. Andy con un enfoque más lúdico que se celebró y que aunque así de primeras pueda chocar con lo que es la estética y la filosofía de la gente de Lapsus, no nos engañemos, pueden ser todo lo cerebrales que se quiera, pero frikazos son un rato largo. En el inglés encuentran un alma afín, un cachondo de tomo y lomo que ya desde el momento en el que In Da Cratz mostraron en los visuales un teletexto, entendiendo perfectamente de donde viene el alias del británico, ya le tienes calado. Mucho color en las pantallas como en el sonido, proveniente de un arsenal de cacharrería analógica pasmoso, perfecto para aliviar tensiones, despejar la cabeza y ya sí, dar por iniciada la noche y la fiesta. Además, traerle sirvió para satisfacer a la vieja guardia, que le viene siguiendo desde principios de siglo con devoción gracias a trabajos tan esenciales como ese álbum homónimo de 2003.

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Otro que cumplió con las altas expectativas fue Powell, no en vano tenía la etiqueta de cabeza de cartel, si es que un festival así los hay (cada uno tendrá el suyo, imagino). Ya con las caras que ponía, con ocasionales muecas, sacando la lengua y tal, ya se veía que el tipo es un chalado, un gamberro al que le gusta jugar con el techno como un niño de cinco años juega con su Gameboy. Su set fue poliédrico, pero más sesudo de lo que cabría esperar. Con todo, ofreció lo que cualquiera pedía a las 11 de la noche y como antesala del cierre, techno machacón, visceral y violento que se incluirá en próximos trabajos. Ya tenemos ganas de ver qué trama con Lorenzo Senni en el Sónar. Fans hasta la médula hoy, mañana y siempre, pero no como Mourinho. De verdad.

Álvaro García Montoliu

 

El club al margen del club

downbeat

La entrada al festival, a través del escenario en el Pati de les Dones nos hacía entrar en consciencia de que ya estamos en la época en que los line up se hacen realidad. Concurrencia de público al sol que poco a poco se iba animando a bajar al escenario Hall para cambiar el calor natural por el artificial. Una vez atravesada la rampa, el showcase de la crew madrileña Downbeat arrancaba los primeros zapateos con un dj set de Urtiz y F-on (al que seguiría el direto de José Rico) que cabalgaba en esa línea que separa la idm del techno experimental, y en esa otra que se ubica entre el house de carácter lento y la oscuridad más deep. Showcase de tres horas que podría haber alargado muchas más porque en su puesta en escena lo primero que dejan claro es que si tienen sus nombres estampados en tal variedad de territorios musicales además de su sello (fiestas, tiendas de discos…) no es precisamente por una cuestión baladí. Downbeat llegaba a Lapsus en su décimo cumpleaños cargados de clase y motivos.

En el line up del sábado contábamos diferentes celebraciones/aniversarios; no sólo Downbeat festejaba sus diez años de recorrido, también DJ2D2 brindaba por sus veinte abriles tras los platos. David Pérez, que en todo este tiempo ha conseguido hacer de sus sesiones auténticas joyas que emanan gustazo escandaloso por todos los costados, volvió a marcarse otro de sus deliciosos viajes con ingredientes de alta gama como Antidote de Travi$ Scott, Worst de Drake, Check de Young Thug o Beef Boy de Yung Beef, mezclados con ese estilo formidable, marca de la casa. Si en algunos de sus cumpleaños, como el de 2011, pudimos disfrutar de auténticos desparrames retransmitidos vía webcam (con nombres como Sinjin Hawke, Cauto o Niño como invitados tras los platos), en Lapsus fue él mismo (en esta ocasión con alguno de aquellos invitados como Cauto entre el público) quien nos hacía lanzar todo el confeti que se ha ganado a lo largo de su carrera.

Jeremías Carroza aka Pyrénées lanzó el pasado año su Logbook (a través de su propio sello High Mountains Records), una obra dividida en seis discos/itinerarios que llevan por título algunos nombres de ciudades como Berlín, Londres o California y en el que precisamente encontramos un volumen dedicado al lugar donde se enmarcaba su actuación del sábado, Itynerary #1 Barcelona  (que es también su lugar de nacimiento). Quizá por ese nomadismo al que remite este trabajo, los visuales elegidos para la ocasión hablaban de constante movimiento a través de imágenes de puertos marítimos o motos circulando por carreteras en atardeceres; todo ello para ilustrar un elegante sonido de texturas luminosas y que aprovecha el house de solera para remitirnos a pasajes escapistas y a tránsitos de evasión hedonista.

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Cuando la organización de Lapsus lanzó su line up de este año, ya lo describía como una manera de introducirnos en el club al margen del club, es decir, a través de métricas paralelas a las tradicionales. Y eso es justo lo que encontramos en la actuación de M.E.S.H, un juego de estructuras clásicas y novísimas, donde la música de baile queda deconstruida para la perfecta provocación de espasmos. A base de ritmos desequilibrados que juegan con el arrebato más visceral y la sensibilidad de carácter melódico, el de Janus Berlin nos mantuvo durante prácticamente una hora entre la sacudida repentina y el contoneo inmediato (sobre todo el desatado al identificar entre el compendio de capas, la archi-reconocible voz de MC Bin Laden en su Bololo Haha). En los visuales, imágenes del universo digital y superficies de otros planetas, que es justo donde podríamos ubicar su música.

lotic

Sin movernos de escenario ni tampoco de las esferas extraplanetarias por las que nos llevó el directo de M.E.S.H, llegamos a Lotic, compañero del anterior en Janus Berlin y plato fuerte de la jornada (antes y después de verlo en acción). Además de mostrar cómo suena su reciente trabajo Agitations en directo, también hubo momentos de perreo en clave futurista cuando dejó caer esa letra calenturienta de El Goloso de RD Maravilla (“sube y baja, yo te lo rozo”). En realidad la temperatura estuvo en cotas altas desde que J’Kerian Morgan apareciera en escena, porque Lotic es capaz de impregnarlo todo de una carga sensual (y sexual, por supuesto) no explícita pero sí extraordinaria, magnética, y no sólo por sus bailes (que ya vimos en su última Boiler Room). A Lotic le sobran los visuales, lo lleva todo encima; su discurso de ruptura y nuevas formas se respira tanto en estética como en contenido.

jlin

Los tonos grime de nuevos derroteros que habíamos avistado en los directos de M.E.S.H y de Lotic se fueron de madre cuando llegó el turno de Jlin. Beats inabarcables, footwork de trazos renovados y una energía tan enigmática como sublime condensada en cada uno de sus movimientos. ¿Cómo no iba a morderse la lengua continuamente mientras actuaba?, había que canalizarlo por algún lado. En el directo de Jlin las percusiones parecen estar realizadas expresamente como preliminares de algún ritual ocultista. La neoyorquina creó una atmósfera narcótica en la que fusionaba parámetros de lo más sucio y oscuros con momentos cargados de brillo épico, aumentando ese aire majestuoso de su directo con construcciones como las de su tema Black Ballet, perteneciente a su ovacionado Dark Energy (Planet Mu, 2015), del que también comprobamos cómo suenan en directo otros cortes como Expand o Unknown Tongues, rebosando una fuerza descomunal.

Antes de abandonar el recinto (que siempre da mucha pena), pasamos a echar un último baile con Nthng, que había pasado del techno robusto y ácido a unos caminos un tanto más progresivos y que dejaban en bandeja el baile obstinado. Y así, cuando parecía que iba a desaparecer del escenario, el enigmático productor de Amsterdam se sacó de la manga el remix de Dark Train para el tema Dark & Long de Underworld (incluido en la película Trainspotting), a lo que poco o nada más de palabrería se puede añadir. Cierre espléndido para una cuarta edición de Lapsus en la que se pudo echar de menos la concentración de intensidad en el espacio conseguida en ediciones como la pasada, con dos escenarios prácticamente colindantes, pero en la que volvieron a demostrar -una vez más y a mayor nivel-, que en organización, calidad de propuesta, cuidado de público y pasión por lo que hacen, llevan matrícula de honor.

Alicia Álvarez Vaquero