El escenario está vacío. El público expectante. Y en medio de la sala hay una jaula donde DJ Brat Star hace sonar la Intro de ADROMICFMS 4. De repente la voz de Hakim desde algún punto de la sala nos pone a todos en tensión.

“No les mentimos amigos. Les dijimos que teníamos monstruosidades vivientes”, así grita el presentador en el circo de los horrores de la película Freaks (1932) mientras el público aguarda contenido. “Se rieron de ellos, se estremecieron. Incluso por un accidente de nacimiento podrían ser iguales a ellos. No pidieron que los trajeran al mundo, pero al mundo vinieron”. Un circo en el que los curiosos dejan su miedo a un lado para ver a las criaturas, monstruos marginados, un peligro para la sociedad, enemigos públicos, algo así como terroristas de la normalidad. Como en un safari, la gente de la gran metrópoli puede ver desatados y en todo su esplendor a la bestia fuera de la jaula, sentir la adrenalina de la Trap life en sus carnes.

“Quién se ha follado a tu bitch?”. Hakim grita rasgándose la voz y el público responde unánime: Yung Beef. Si alguien ha sido, habrá sido él.

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Desde algún lugar de la sala aparecen y suben al techo de la jaula. Mientras Hakim suelta unos ad-libs más duros que Lil Jon, el Seco se sienta y da comienzo a la ceremonia: “Antes de empezar ya estoy llorando”.

Pantalones de rock star ajustadísimos y hechos girones, rotos por cien sitios, llenos de parches de iconos muertos como los Sex Pistols o Jim Morrison. Primero bajo la capucha de un jersey, a pecho descubierto luego, Yung Beef se exhibe como la bestia, tíguere lleno de energía contorsionándose delante de un público hambriento. Desapegado de todo, menos de su propio carisma y de una explosión de emociones viscerales. Así es como la presentación de la mixtape consigue mostrar de forma todavía más explícita el carácter brutal de la emotividad en el Seco.

La sensibilidad puede ser subversiva, afirmaba Yung Beef a El Bloque TV en una extensa entrevista antes de su actuación. Poco después entendíamos de forma fisiológica lo que significaba. Desde lo alto de su jaula, Yung Beef impregna toda la mazmorra de un dramatismo siniestro, despecho, oscuridad y malianteo. El público se congrega alrededor atraídos por esa energía oscura y se ve enredado en pogos, o saltando y coreando hooks que se han pegado al imaginario popular de nuestra generación.

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El de Kefta repasa la mayoría de canciones de la mixtape sin olvidarse de algunas de las canciones más duras de su prolífica discografía, como Nike Tiburon, con la que corta en seco la nostalgia de la Intro mientras el público corea el estribillo de Hakim; o la invocación diabólica Satanic, junto a Asesino 187, que subió a la jaula con el mantra de “todas mis bitchis satánicas, todas mis putas satánicas”. Tampoco falta el hit Beef Boy, en una versión donde el estribillo muta a un remix con notas Trance que nos coge a todos por sorpresa.

Escuchamos Rosalía. Escuchamos 33. Escuchamos la balada Cryin’ Fo Pxxr Love 3 y Shootin X Provation mientras reclama que él hace Trap. Que esta es su música. En algún punto también pide al técnico que apague las putas luces para que esté todo oscuro. Escuchamos el single Me Perdí en Madrid, y lo volvemos a escuchar en el bis final, cuando una chica sube a bailar la canción con él para irse juntos de la jaula y refugiarse en el backstage con el resto de la banda.

El concierto, inicialmente programado en la 2, se pasó a la sala Apolo después del sold out. Gente de todas las edades y pintas desfilaban por las escaleras que suben hasta la 1, dejando constancia que el Seco ha trascendido al nicho generacional y de lo urbano para convertirse en cultura popular.

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Lo podemos escuchar en su último trabajo, algo así como la extensión digital de su show en vivo. Emoción y melancolía que escapan por las grietas de un caparazón duro e impregnado del olor de la calle. Un sonido y una voz que se genera en el underground, entre las sombras, pero bebe de los iconos pop contemporáneos, como Rosalía. Algo que, junto a su carisma, su comportamiento en las redes amplificado por los memes y el alcance global de la actitud Trap, le ha convertido en un must para comprender qué es la música y la cultura de ahora para los jóvenes de aquí y del resto del mundo.

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Antes de la actuación, la música que calentaba el ambiente ya escapaba al típico warm up type beat. Desde que abrieran las puertas a las 20.30 hasta que el concierto empezara a las 22.00 se respiraba un ambiente de fiesta oscuro, como si la noche hubiera empezado antes de cenar, a pesar de la expectación por el show. Con Reggaetón duro, amenazante, y ritmos que nos alejaban de cualquier escenario mainstream. Dentro de la celda plantada en medio de la nada, como en Guantánamo, el productor Kanti, el DJ y productor de Füete Billete FREEBA$$, y Brat Star, la DJ residente en Berlín recién reclutada por Yung Beef para que le acompañe en la gira, se encargaron de convertir la Apolo en una mazmorra siniestra. Nombres que por sí solos ya podrían haber conformado el line up de una fiesta en cualquier club contemporáneo de Barcelona, Berlín, o Puerto Rico. Mientras suena la música, MC Buseta agarrado a la jaula, salta, violenta los ánimos de las primeras filas bailando duro y haciendo ruido junto a sus amigos del MACBA. Algunos de ellos suben durante la actuación de Yung Beef a bailar una coreografía. En el show de Beefie no hay nada que escape del ADN de la Vendicion. De una actitud profundamente honesta y sincera. Él a pecho abierto y sin edulcorar.

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“Tienen su propia ley. Ofendes a uno, ofendes a todos”, continúa el dueño del circo en la película Freaks. Todos, des de los chavales del Raval que junto a Buseta agitan las primeras filas a toda la familia de La Vendicion que desde el fondo del escenario oscuro presencian el show del mayor evangelizador de la familia, Yung Beef.

El mismo sentimiento de familia se respiraba en la fiesta que Bad Gyal organiza en Astin, Go Go Club, que sirvió de Afterparty del show, en la 2 de Apolo. Con un cartel con nombres muy señalados y un line up que daba la sensación de todo lo contrario: no había jerarquía ni orden, al más puro estilo Infierno – no line up. Los artistas se iban turnando, iban desfilando por un escenario lleno de gente, y ponían su música.

Los nombres anunciados eran Yung Beef, DJ Florentino, Fake Guido y Bad Gyal, artistas que brillan por sí solos en cualquier fiesta. Primero fue el turno para el Seco, lo que es sinónimo de que también fue el turno de Steve Lean y DJ Brat Star, que estuvieron pinchando canciones de Mumble Rap una detrás de otra, con perlas de Trap, Reggaetón o Dancehall incluidas. No olvidemos el remix del himno romántico de los late 2000 de Snoop Dogg y Akon, I Wanna Love You.

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De forma más o menos progresiva, la gente de Bad Gyal se fue acercando al escenario, bailando y, como en el caso de Yung Beef, cuando empezaron a pinchar fue una alternancia casi constante entre Fake Guido, DJ Florentino y el Pussy K Mana herself. Mucho Reggaetón y música caribeña, de entre los que podemos destacar las mezclas del colombiano de Manchester Florentino, el más romántico de los románticos, con su particular forma de unir el sonido club de UK y el Reggaetón, creando artefactos ideales para que la pista ardiera.

La convivencia del público del show de Yung Beef y de un gran número de gente que había ido a la Apolo tan solo a celebrar el carnaval fue posible gracias a que todas estas músicas se están normalizando y asentando en las pistas de baile de Barcelona. Aun así, toda la fiesta, inclusiva, apta para bailar, sudar y quemar el dancefloor sin piedad, no necesitó apoyarse en ningún momento en el orden, en la radio fórmula o en las recetas del mainstream. Probablemente este sea el mayor éxito que haya logrado Yung Beef y el resto de artistas de su universo, evitar las normas establecidas para llegar a la masa, conectar con la vanguardia electrónica y urbana global y conseguir que a la gente se le mueva algo, ya sea el culo o un sentimiento visceral.